Una mirada desde la alcantarilla. Mi cuerpo es un templo - 9 Digital - Mi 9
Una mirada desde la alcantarilla. Mi cuerpo es un templo -
Mi cuerpo es un templo
*
Mi cuerpo es un templo
por su cúpula flotan abejas, polillas blancas, pestañas sueltas
la fe se inclina en las rodillas
duele tener ganas de creer
el omóplato entra apenas por la puerta ancha
las escápulas sin plumas guardan escamas
en el quiebre de la clavícula hay nidos de gorriones
que no cantan
¿en qué crees, niña? la voz del pasado,
antes de que entendieras los laberintos de tu cuerpo
flotan en el eco que se repite en cada ingreso
¿cuántas mujeres entran en este templo?
las que pasan esconden sus deseos
en el pastillero de lata antiguo
colorean la piel de su cara con pasto de la entrada
en las grutas un santo para cada devota
alumbra los ojos ciegos de las mujeres pasadas por lavandina
agua bendita de las manos que limpian abajo de las camas, atrás de la heladera, por encima de las alacenas
en las cutículas
por los recodos de las orejas
ojos de lechuza que pesquisan la casa
dan vuelta las medias
los torsos de las remeras hacia abajo en la soga
la casa en orden para cuando todos los lobos aúllen
en este templo Mesías es la voz poderosa que nunca nos dejaron usar
mi cuerpo es un templo
su alfombra roja desde el principio de los tiempos
color de la sangre que perdemos mes a mes
como prueba de nuestra capacidad de albergar
otros huesos adentro de los nuestros
un andamio
esqueleto lleno de esquejes
en la punta de cada banco un ramillete de violetas
flores juntadas en la siesta entre la humedad de los tréboles
con saleros en los puños contra las babosas
puñado de sal gruesa atrás de cada hombro
cruces en los ceños duros de los hombres
vengan al templo de todas nosotras
oremos por las faltas de paz en las bocas
de los peces que tragan los anzuelos
lenguas rajadas como persianas por donde se filtra
un rayo de sol que cambia los tonos amarillos por los vitrales verdes
flores entre las encías de este templo que es mi cuerpo y el tuyo
luces de un fuego que se enciende desde la cueva bajo el ombligo
nadie puede saberlo
nuestro templo
el lugar de la oración
nuestra lengua al resguardo entre gardenias
que cultivamos bajo las campanas