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TN 19/03/2026 07:11 4 min de lectura

Veranos cada vez más exigentes obligan a la ganadería a ajustar su manejo para sostener la producción

Especialistas del INTA recomiendan reforzar el abastecimiento del agua, la sombra y el monitoreo del rodeo para reducir el estrés térmico y evitar pérdidas productivas ante temperaturas superiores a los 30 grados.

Veranos cada vez más exigentes obligan a la ganadería a ajustar su manejo para sostener la producción
Foto: TN

Las olas de calor dejaron de ser episodios excepcionales para transformarse en una constante del verano argentino.

En ese escenario, la ganadería enfrenta un desafío cada vez más complejo: sostener la productividad sin comprometer el bienestar animal.

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El estrés térmico impacta de manera directa en vacas de cría, animales en recría y bovinos en feedlot, reduciendo el consumo de alimento, la ganancia de peso y la eficiencia reproductiva.

Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) advirtieron que el agua es el recurso más crítico en este contexto.

Agua, sombra y tecnología

Sebastián Maresca, especialista del INTA Cuenca del Salado, explicó que una vaca Angus de aproximadamente 500 kilos consume entre 40 y 50 litros diarios en condiciones normales, con temperaturas cercanas a los 18 grados.

Sin embargo, cuando el termómetro supera los 3032 grados, el requerimiento aumenta rápidamente a 50 o 60 litros, y durante una ola de calor puede alcanzar entre 60 y 70 litros por día.

El tipo de alimentación incide directamente en estos valores. Con forraje verde, el animal incorpora parte del agua a través del alimento, lo que reduce entre un 10 y un 20 % el consumo desde el bebedero.

En cambio, en sistemas basados en pasto seco, rastrojos, rollos o dietas de feedlot con alta proporción de grano, la dependencia del agua de bebida es casi total. Como referencia práctica, el consumo suele ubicarse entre 3 y 5 litros por cada kilo de materia seca ingerida.

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Pero no se trata solo de disponibilidad. La accesibilidad al agua es determinante. En jornadas de calor intenso, los bebederos se convierten en el punto más sensible del sistema productivo.

Para evitar amontonamientos y competencia, se recomienda asegurar entre 5 y 7 centímetros lineales de bebedero por animal durante el verano.

Otro aspecto clave es la capacidad de reserva. Los tanques australianos o reservorios deben dimensionarse considerando los picos de consumo y no el promedio anual. Un rodeo de 200 vacas puede demandar entre 14.000 y 16.000 litros diarios en condiciones extremas. Contar con una reserva mínima para tres días permite amortiguar fallas en molinos, bombas o períodos sin viento, evitando situaciones críticas.

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En los últimos años, la incorporación de tecnología aportó herramientas para anticipar problemas. Sensores instalados en tanques y bebederos permiten medir niveles de agua y detectar fallas en tiempo real, enviando alertas al celular mediante conexión WiFi o 4G. De este modo, el productor puede intervenir antes de que la falta de agua impacte en el rodeo.

Entre las soluciones más difundidas se encuentran las bombas sumergibles alimentadas con energía solar, una alternativa que gana terreno frente a la menor confiabilidad del viento en algunas regiones. Existen equipos con capacidad para proveer 18.000 litros diarios, adecuados para rodeos de hasta 200 vacas, y sistemas que alcanzan los 40.000 litros por día para establecimientos de mayor escala.

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El monitoreo remoto mediante cámaras también se consolidó como una herramienta estratégica. Instaladas en puntos clave del campo, permiten observar el comportamiento del rodeo y el funcionamiento de los bebederos sin necesidad de recorridas constantes. Con equipos de alta definición y zoom, una sola cámara puede cubrir amplias superficies, optimizando tiempos y costos.

A la par del agua, la sombra se convierte en un recurso determinante. Ensayos realizados en sistemas de engorde demuestran que los animales con acceso a sombra artificial mantienen mejor el consumo de alimento y reducen los picos de estrés en las horas de mayor radiación. Las vacas sin cobertura adecuada pueden beber entre un 15 y un 25 % más de agua debido a la acumulación de calor corporal y al mayor tiempo que pasan jadeando.

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La recomendación técnica es asegurar entre 4 y 6 metros cuadrados de sombra por vaca, especialmente en corrales o lotes con alta carga animal. Más allá del bienestar, la inversión en infraestructura se traduce en eficiencia productiva y menor riesgo de pérdidas.

Con pronósticos que anticipan veranos cada vez más calurosos, el manejo integral del recurso hídrico, la planificación de reservas y la incorporación de tecnología aparecen como pilares para sostener la producción. En un contexto climático desafiante, la adaptación deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica de la ganadería argentina.

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