Una mirada desde la alcantarilla. El día llegó con quejas de un maestro - AHORA Entre Ríos
Pensamos en campamentos a la orilla de un lago. POR BELÉN ZAVALLO
El día llegó con quejas de un maestro
Cuando abrimos el cuaderno
encontramos la nota del maestro de idioma.
Mi hija mostraba entusiasmo ante el despliegue de las hojas
que se agitaban como globos sueltos.
Esperaba descubrir un tesoro junto a mis piernas que se iban enroscando
como si el cuaderno de repente se tratara de un cofre a punto de revelar
contenido traído de un mundo extraño hecho de un lenguaje privado.
Después de escuchar la lectura en voz alta
su cara cayó entre las cosas sueltas en el piso:
un caballo de madera, espuelas del jinete, bloques rojos
con imanes en las puntas.
Nos arrodillamos y abrimos las palmas
juntamos en el hueco del centro,
como si se tratara de piedras alrededor de un fuego
las cosas desparramadas y unimos los puntos de las pestañas.
Recorrimos las líneas como si señaláramos ríos en un mapa.
Pensamos en campamentos a la orilla de un lago.
Después volvimos al escritorio y respondimos
gracias y lamentamos lo ocurrido, no se repetirá.
Nos miramos satisfechas, buscamos huevos de la heladera
que ella partió con un golpe en el filo del tazón
y luego revolvió hasta desfigurarlos.
Esperamos el calor sometido a la sartén y los arrojamos juntas.
Vimos los bordes como puntillas levantándose y giramos la preparación en el aire.
Servimos los huevos nuevamente armados con una forma distinta
un círculo que estrenaba otra reconstrucción
y comimos juntas.
Antes de levantar una carpa con sus sábanas
y de alumbrar con linternas las caras
iluminadas desde el fondo
como si se tratara de la invención de un amanecer.