Una mirada desde la alcantarilla. Pérgolas - AHORA Entre Ríos
Las palabras tienen temperatura, ¿sabías? Algunas cosas se combinan y logran el juego de la aerodinámica y la aerostática, los vellos se electrizan con el sonido. El pelo se abre como una medusa. POR BELÉN ZAVALLO
Pérgolas
Un aliento que no viene de ningún humano
hace creer que es bueno cualquier pedacito de tierra
que deje nacer flores
Miro los racimos lilas de las glicinas
que cuelgan como campanas.
El viento las balancea como hamacas
sobre nuestras molleras duras.
Las palabras retumban en un tubo plástico
desde donde asoman las piernas.
Un nacimiento de mentiras por cada chico
que se tira con la velocidad de su peso
por el tobogán amarillo.
Las palabras tienen temperatura, ¿sabías?
Algunas cosas se combinan y logran el juego
de la aerodinámica y la aerostática,
los vellos se electrizan con el sonido.
El pelo se abre como una medusa.
Si estuviéramos bajo el agua, las palabras serían
esos peces que comen
la piel muerta de los talones.
Piel de gallina, digo y no escuchás porque
los loros aletean bajo el álamo.
Hace tiempo hablo sola dentro de este tamborcito
sujeto a unas cadenas. Las niñas
doman cada juego como a un potro.
Antes usaba mis piernas como pinzas.
Sostenía controles remotos con los pies
cambiaba de canal moviendo los dedos.
Ahora nos amputamos como a margaritas
quitamos pétalos, no mencionamos los eslabones,
solo escuchamos como se arrastran las cadenas.
Condenadas. Bienaventuradas.
El perfume de la glicina trae galerías
suspendidas en el futuro.
Despertamos del silencio
mientras jugamos a levantar acantilados.