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Provinciales
Clarin 07/03/2026 07:12 3 min de lectura

Elvis Presley, un regreso al futuro

El estreno en Argentina de "Elvis Presley in Concert" no es un viaje al pasado, sino una prueba de resistencia: medio siglo después, el hombre que desplazó el centro de gravedad del mundo sigue moviéndolo.

Elvis Presley, un regreso al futuro
Foto: Clarin

Las Vegas, 1970. Elvis Presley tiene 35 años. Aún está atlético, volcánico. En el escenario parece un dragón de fuego embutido en un traje blanco de solapas altas: canta Suspicious Minds y todos los que estamos en el cine esta noche de verano tenemos ganas de saltar de la butaca y empezar a rockear con él. Viril, seductor, el Rey está en su trono. Juega con los músicos de su banda como si estuviera en el living de su casa. Y nosotros, en una discoteca.

Mmm, yeah, yeah / Were caught in a trap / I cant walk out. (Estamos atrapados en una trampa. No podemos salir).

Eso es "Elvis Presley in Concert", el documental que acaba de estrenarse en Argentina en su versión inmersiva 4K EPiC: la sensación de estar en un recital en vivo.

O algo más. Para Baz Luhrmann -director de la película- es un poema visual: un entramado de imágenes inéditas y restauradas, intercaladas con actuaciones en vivo y cintas grabadas por el propio Presley, que por primera vez cuenta su historia de manera íntima y personal. Con esa garganta que nació en el sur negro de Estados Unidos y que canta Jailhouse Rock como si electrificara cada estrofa. ¿Cuántos Elvis vivieron en Elvis Presley?

Aquí asistimos a una de sus mejores versiones, la de los primeros recitales en Las Vegas. ¿Pero eso es lo único que nos importa a los fans, capaces de aplaudir también al Elvis hinchado de fast food y medicamentos de los últimos años? Seguro que no.

De todas maneras, agradecemos a Luhrmann por hacer zoom sobre esa parte de su vida y por permitirnos, literalmente, volver al futuro. Esa es la magia de EPiC: detener el reloj, congelar una época y descubrir al hombre detrás del mito. Con su fragilidad, sus muecas, sus tonterías. Con todo aquello que no encajaba en la idea del ídolo perfecto. El documental rescata a ese Elvis de carne y hueso a partir de cintas que habían quedado archivadas: dudas, reflexiones y humor. Una intimidad que nunca antes se había escuchado así.

En un momento, su voz en off dice lo que ya sabíamos, pero igual necesitábamos oír otra vez: Aunque el telón haya bajado, yo seguiré estando allí.

En EPiC se ve cada gota de sudor, cada grano de su piel. Y se siente cada jadeo, cada acorde de Yesterday, Something y Get Back. También Thats All Right, Hound Dog, Burning Love, Always on My Mind y muchas más.

Hasta que llega la inoxidable Cant Help Falling in Love. Entonces empiezan a correr los créditos, pero nadie se levanta. Nadie deja la sala. En off, Bono recita American David: Elvis se comió Norteamérica antes de que Norteamérica se lo comiera a él.

Y entonces sí, nos vamos a casa con la luna llena rebotándonos en la cabeza y una idea para esta columna: a Elvis no se lo escribe, se lo vuelve a vivir. Como los grandes recitales: Mmm, yeah, yeah / Were caught in a trap / I cant walk out.

Felices de no querer salir de la trampa.

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