Contacto

Volver a la portada
Cultura
Ahora 04/03/2026 03:26 2 min de lectura

Una mirada desde la alcantarilla. Rondas - AHORA Entre Ríos

Ahora tengo un hijo que demora en entrar a casa. Se agacha y cuenta las hormigas en cada salida y regreso. No importan los números, van desparejos. Importa el detenimiento absurdo. El desplazarse de su cuerpo para no matarlas. El inventario de compre

Una mirada desde la alcantarilla. Rondas - AHORA Entre Ríos
Foto: Ahora

Una ronda es la posibilidad de estar en un mismo orden sin perder la forma propia, algunos no quieren ser primeros ni últimos, simplemente buscan ocupar un lugar con un centro silencioso. Las rodillas estiradas con el talón empujando arena, las otras hacia arriba como codos de un puente para el cuello de dios, el chinito con vellos enrulados. Las piernas fibrosas o flácidas, los huesos sueltos o encastrando para componer mejor una figura que sea compacta en la sombra. Cualquiera entre los árboles se vuelve un guiño a los pájaros, invitación a posarse en el escote, a beber de los lóbulos agua de anís, a anidar en el pecho, un revolcón entre las trenzas.

Pienso que a mí me gustan las rondas porque mi apellido empieza con Z y eso marcaba un turno en las listas y casillas. Al final en alguna hilera entre otros nombres, abajo de casi todos o si se invertía la grilla iba bien al principio. Un plomo. Por eso la aventura de la pronunciación y el desconcierto oral me parecieron siempre más divertidos, me dijeron Ceballo, Cavallo, Sabala o Zavalla. En los recreos Zapallo o Zapalla. Yo reclamaba más ser Basso como mi madre. En una carta escrita a mis siete años firmaba con los dos apellidos. Por qué uno adelante y el otro atrás, preguntaba en esa primera casa que guarda la resonancia de mis inquietudes. por eso no vuelvo.

En los canteros, quitaba bichos bolitas, los hacía rodar y esperaba a ver por qué lado descubrían su cabeza. Cuál era la brújula de su marcha.

Misterios así de chiquitos llenaron mi infancia.

Ahora tengo un hijo que demora en entrar a casa. Se agacha y cuenta las hormigas en cada salida y regreso. No importan los números, van desparejos. Importa el detenimiento absurdo. El desplazarse de su cuerpo para no matarlas. El inventario de comprender qué convierte a un día cualquiera en un día importante si no es respetar la concentración de un niño. No interrumpir al nene que cuenta insectos. Te llamo luego.

Pienso el lugar en las rondas. Defiendo el turno esquivo. El giro a contramano del reloj.

Y así nos sentamos a leer poemas frente y de costado al río, con la luna llena redundante y abundante, también redonda y translúcida, adjetivada hasta el hartazgo, fotografiable y cambiante.

Un círculo dentro de otro con ese infinito que sabemos que si no capturamos pronto se termina.

Era lunes y nos detuvimos.

Una victoria sensata contra la rueda de la utilidad.

No hicimos nada que nos diera de comer y sin embargo el valor brillaba como una hoja roja en el medio de la vereda que espera ser notada. No sirve para nada y la juntamos, qué hoja hermosa y queda guardada entre dos libros que la aplanan para la posteridad.

Ahora Esta nota se publicó originalmente en el medio.
Ver noticia original

Aviso legal. Examedia es un sistema automático de monitoreo y análisis de medios. Esta noticia fue publicada originalmente por Ahora y se reproduce aquí con fines informativos y de seguimiento. Los contenidos, títulos y opiniones pertenecen exclusivamente a su fuente original; Examedia no los redacta, edita, avala ni asume responsabilidad alguna por ellos. Si sos titular de los derechos y querés que esta nota se retire, escribinos.

Examedia © 2026