Murió Frederick Wiseman, el gran cronista del documental estadounidense
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El realizador Frederick Wiseman, referente indiscutido del cine documental contemporáneo, murió a los 96 años en su casa de Cambridge, Massachusetts. Considerado un decano del cine de no ficción, dejó una obra monumental que retrató con mirada inmersiva instituciones y comunidades de Estados Unidos durante más de cinco décadas.
Su objetivo, según declaró en una entrevista con The New York Times, era claro: hacer una historia natural de la forma en que vivimos.
Un retrato implacable de la vida institucional
A lo largo de su carrera realizó 45 películas de títulos sencillos y estructura paciente, entre ellas:
- High School (1968), sobre una escuela pública de Filadelfia.
- Missile (1988), centrada en el entrenamiento de oficiales encargados de silos nucleares.
- City Hall (2020), un retrato del funcionamiento del ayuntamiento de Boston.
- Near Death (1989), filmada en una unidad de cuidados intensivos del Hospital Beth Israel.
Sus películas eran deliberadamente largas, sin narrador, sin entrevistas convencionales y sin banda sonora, con una duración que podía superar las tres horas y, en algunos casos, llegar a seis.
El foco no estaba en héroes individuales sino en las dinámicas de poder, rutina y conflicto dentro de las instituciones.
El mayor poeta estadounidense
En 2018, el crítico A.O. Scott escribió en The New York Times que, en un espíritu cercano a Walt Whitman, Wiseman podía considerarse el mayor poeta estadounidense, al reseñar su película Monrovia, Indiana, centrada en una comunidad agrícola tras las elecciones de 2016.
Según Scott, sus películas obligaban al espectador a descubrir significado a través de patrones y ritmos, ofreciendo un conocimiento imposible de resumir y también imposible de olvidar.
El escándalo de Titicut Follies
Su primera película, Titicut Follies (1967), expuso las condiciones degradantes en el Hospital Estatal de Bridgewater para criminales con enfermedades mentales en Massachusetts.
El documental fue prohibido en 1968 por un juez estatal que lo calificó como una pesadilla de obscenidades macabras, tras reclamos de legisladores que denunciaron una violación de la privacidad de los internos.
La prohibición se mantuvo durante más de dos décadas, hasta que en 1991 otro juez falló a favor de Wiseman, priorizando la libertad de expresión. Con el tiempo, la película terminó siendo utilizada como material de formación institucional sobre lo que no debe hacerse.
El reconocido crítico Roger Ebert la definió como uno de los documentales más desesperanzadores que había visto.
Más allá del cinéma vérité
Aunque frecuentemente fue asociado al movimiento cinéma vérité, Wiseman rechazaba esa etiqueta. Sostenía que el montaje convertía sus películas en obras con estructura narrativa compleja, comparables a una novela.
Para él, cada decisión de edición recortar, alternar escenas, establecer silencios era un acto creativo equivalente al de un escritor.
Formación jurídica y vocación artística
Nacido en Boston en 1930, se graduó en la Facultad de Derecho de Yale y enseñó derecho antes de dedicarse al cine. Produjo la adaptación cinematográfica de The Cool World en 1963 y, más adelante, transformó uno de sus propios documentales en una ópera.
Sus trabajos fueron financiados por organismos culturales y difundidos por la televisión pública PBS a través de Zipporah Films, compañía que llevaba el nombre de su esposa, fallecida en 2021.
Reconocimientos y legado
A lo largo de su trayectoria recibió múltiples distinciones, entre ellas:
- Academy Honorary Award (Óscar honorífico, 2016)
- Premio George Polk a la trayectoria
- Beca MacArthur
- Premio Peabody
- Dos premios Emmy por Law and Order y Hospital
Su última película fue Menus-Plaisirs Les Troisgros, estrenada en 2023, sobre un restaurante con estrella Michelin en Francia.
La vida no viene en un paquetito ordenado
Frente a quienes cuestionaban la duración de sus películas, Wiseman respondía con firmeza:
La vida no viene en ese paquetito ordenado en el que hay un triunfo o fracaso definitivo. La mayor parte de la vida simplemente sigue, y eso es lo que intento mostrar.
Su cine exigía tiempo, paciencia y atención. A cambio, ofrecía algo poco frecuente: una observación profunda, incómoda y lúcida de la sociedad contemporánea.