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TN 11/02/2026 08:17 4 min de lectura

Nos duele el cuello de mirar para arriba: la sequía castiga al norte bonaerense

Juan Matkovich, chacarero de la zona, describió cultivos muy afectados entre Ramallo y el sur santafesino y advirtió que hacen falta al menos 100 milímetros para sostener la campaña.

Nos duele el cuello de mirar para arriba: la sequía castiga al norte bonaerense
Foto: TN

El contraste se ve en pocos kilómetros. En algunos lotes, el verde todavía resiste.

En otros, la paja del trigo vuelve a asomar entre las plantas achicharradas. La postal se repite a lo largo del corredor del Paraná y explica la preocupación que hoy atraviesa al norte de la provincia de Buenos Aires: después de un diciembre con buenas recargas, enero se convirtió en un golpe seco que dejó a los cultivos al límite.

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Los registros del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) San Pedro son elocuentes: fue el enero más seco desde 1965. Y febrero empezó sin el chaparrón que el campo espera como tabla de salvación.

Productores alertan pérdidas en soja y maíces de segunda

Desde la zona, el productor agropecuario Juan Matkovich puso en palabras lo que se vive tranqueras adentro. Es increíble lo que está pasando en la zona. Hoy necesitamos 100 milímetros para salvar los cultivos, resumió en diálogo con TN.

La frase no suena exagerada cuando describe el mapa. Mientras algunos sectores recibieron entre 40 y 50 milímetros la semana pasada, hacia Ramallo, Rosario, Arroyo Seco y Villa Constitución la lluvia volvió a esquivar los lotes.

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Acá estamos en otra historia, los cultivos se ven más vigorosos, cambió el color. Pero pasando La Violeta para el lado de Ramallo estamos castigados, el panorama es totalmente distinto, explicó.

El productor cree que el único motivo por el que todavía hay plantas en pie es el agua acumulada durante la primavera. El agua de diciembre nos ayudó a sostener la situación, arrancamos con el perfil un poco más cargado y eso permitió sobrevivir este enero tan seco, señaló. Pero la reserva ya se agotó. Se están perdiendo plantas, se están perdiendo kilos, remarcó.

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El problema pega fuerte en los planteos de segunda. Los cultivos de segunda sobre trigo están muy afectados, remarcó. Sojas recién implantadas y maíces en plena floración dependen ahora de una lluvia inmediata. Si no llueve este fin de semana, se va a poner muy complicada la cosa, advirtió.

A la falta de agua se suman los daños indirectos. Con temperaturas altas y viento, aparecen plagas como trips y arañuela, que retrasan el desarrollo y obligan a más aplicaciones. Es sumar costos en un cultivo que no sabés si se va a cosechar, dijo.

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Los modelos climáticos prometen precipitaciones, pero en el radar se repite la misma escena. Se arma una media luna y nos deja afuera. Mirás cómo la tormenta pasa de largo. La queremos traer con el pensamiento, pero se corre, graficó.

Somos optimistas crónicos

La rutina del productor, mientras tanto, no se detiene. Lejos de la imagen de esperar que crezca la planta, Matkovich cuenta jornadas largas arriba del equipo de fumigación. Arranqué a las cinco de la mañana. Hacemos 50 hectáreas por hora. No hay un día que alcance, relató. Somos multitarea: fumigar, reparar maquinaria, embolsar cereal, hacer la parte administrativa. El descanso casi no existe, subrayó.

Consultado sobre la posibilidad del riego, fue realista con los números. Para 80 hectáreas necesitás una inversión mínima de US$200.000. Pensar en amortizar eso en ocho o diez años en este país es muy difícil, explicó. Y dudó de su impacto: apenas serviría para mantener vivo el cultivo, sin grandes saltos de rendimiento.

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El frente económico tampoco ayuda. Con Brasil encaminado a una cosecha récord de soja, anticipa precios más bajos. Vamos a tener soja de US$300 para abajo. El panorama es incierto y preocupante, sostuvo.

Aun así, el ánimo no se quiebra del todo. Somos optimistas crónicos, dijo, casi como una marca de identidad del sector. Y volvió a mirar al cielo, como tantos otros productores de la región. Todos estamos rogando que llueva. Ya nos duele el cuello de mirar para arriba, dijo.

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La definición sintetiza el momento: en el norte bonaerense, más que pronósticos, hoy lo único que vale es que caigan esos milímetros que separan una campaña ajustada de una pérdida mayor.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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