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Debate Pregon 08/02/2026 15:20 5 min de lectura

Entre rutas, malabares y lealtad: la vida nómada de Hugo Javier García y su compañera Clementina

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Entre rutas, malabares y lealtad: la vida nómada de Hugo Javier García y su compañera Clementina
Foto: Debate Pregon

Entre rutas, malabares y lealtad: la vida nómada de Hugo Javier García y su compañera Clementina

En una esquina transitada de la ciudad, donde el ruido de los autos se mezcla con el canto de los pájaros del parque cercano, se detiene una escena que podría pasar desapercibida para muchos conductores apurados. Sin embargo, para quienes observan con atención, allí se despliega una historia de vida marcada por el movimiento, la resiliencia y un profundo vínculo entre un hombre y su perra.

Hugo Javier García, oriundo de Leandro N. Alem, Misiones, fue entrevistado recientemente por El Debate Pregón mientras realizaba su habitual rutina de malabares en la vía pública. De contextura delgada, vestido con remera amplia, gorra clara y sandalias, Hugo se mueve con serenidad en el espacio urbano. En las imágenes que acompañan esta nota se lo observa lanzando y atrapando pelotas rojas con destreza, parado al costado de una avenida de doble mano, mientras los vehículos circulan detrás de él.

A pocos metros se encuentra su bicicleta adaptada y un pequeño carro rojo con inscripciones en negro, diseñado especialmente para trasladar a su compañera de viaje: Clementina, una perra mestiza de pelaje blanco, negro y marrón, que descansa tranquilamente sobre el pasto. En otra de las fotografías, el animal aparece echado, con los ojos entrecerrados, como si el trajín de los kilómetros recorridos ya formara parte de su rutina natural.

Detrás del carro, se distingue un soporte cargado de patentes de distintos países Paraguay, Argentina y otros que Hugo ha ido coleccionando a lo largo de sus recorridos. Este detalle visual funciona casi como un mapa material de su trayectoria: cada chapa representa un tramo del camino, una frontera cruzada y una experiencia vivida.

De la artesanía a los malabares

Durante la conversación, Hugo relató que su vida viajera no comenzó con los malabares. Antes viajaba a hacer artesanía, explicó con voz tranquila, mirando de vez en cuando a Clementina. Hace aproximadamente dos o tres años decidió cambiar de actividad y dedicarse al arte callejero de lanzar y girar pelotas en el aire lo que comúnmente se conoce como malabares o spinning como forma de subsistencia.

Esta práctica no solo le permite ganar dinero mediante donaciones espontáneas de los automovilistas y peatones, sino que también le brinda un modo de vida itinerante, en constante movimiento por distintas provincias y países vecinos.

Con eso como, con eso vivo, señaló sin dramatismos, con una mezcla de humildad y aceptación. Su tono no es de queja ni de reclamo, sino de quien asume su realidad con dignidad y paciencia.

Un viaje que cruzó fronteras

Lo que comenzó como un deseo de conocer Argentina terminó convirtiéndose en un recorrido por gran parte del Cono Sur. Hugo y Clementina han viajado juntos por Paraguay, Uruguay y Brasil. En cada lugar, repitieron la misma dinámica: estacionar la bicicleta y el carro en una esquina, armar su improvisado puesto y compartir el espacio público con quienes pasan por allí.

En las imágenes se aprecia cómo Hugo suele detenerse cerca de parques o zonas verdes, donde puede descansar y pernoctar al aire libre. Él mismo confirmó que muchas noches duerme en plazas o espacios abiertos, protegido únicamente por una lona o capita cuando llueve.

No tengo techo fijo. Cuando llueve, tengo que buscar dónde cubrirme, admitió con naturalidad, sin victimizarse.

Clementina, más que una mascota

Clementina ocupa un lugar central en la historia de Hugo. Fue adoptada en San Clemente del Tuyú, una ciudad costera de la provincia de Buenos Aires, de donde toma su nombre.

Al principio, según contó, la perra viajaba en una simple caja ubicada detrás de la bicicleta. Con el tiempo, Hugo decidió mejorar sus condiciones y construyó un carro especial para que pudiera ir más cómoda y segura. En las fotografías se ve claramente este carro artesanal: pintado de rojo y negro, con estructura metálica, ruedas de bicicleta y espacio suficiente para que Clementina viaje sentada o acostada.

Hoy, con 12 años de edad, Clementina ya es una compañera veterana de ruta. Ya está viejita, pero es tranquila, comentó Hugo con cariño. A pesar de su edad, el animal ha cruzado fronteras junto a él y forma parte inseparable de su vida nómada.

La relación con la gente

Consultado sobre cómo es la interacción con quienes se detienen a mirarlo o colaborar, Hugo describió un panorama variado.

Hay gente buena en todos lados, afirmó. Según su experiencia, algunas personas colaboran con pequeñas sumas 100 o 150 pesos y otras, en ocasiones excepcionales, llegan a donar hasta 10.000 pesos. También hay quienes le acercan agua o comida.

Pero no todos reaccionan igual. Hugo es consciente de que muchos conductores prefieren no bajar la ventanilla, no saludar o mirar hacia otro lado. Eso pasa en todos lados, reflexionó, sin resentimiento.

Su mirada sobre la sociedad es equilibrada: reconoce la solidaridad de muchos, pero también la indiferencia de otros.

Un presente en movimiento

Al momento de la entrevista, Hugo indicó que planeaba quedarse unas tres semanas más en la zona para realizar algunas reparaciones en su carro, principalmente trabajos de soldadura.

Mientras hablaba, seguía lanzando pelotas al aire con precisión casi mecánica, ajeno al tránsito que continuaba su curso detrás de él. Clementina permanecía echada sobre el pasto, como si cada movimiento de su compañero fuera parte de un lenguaje compartido.

La escena final que dejan las imágenes es potente y silenciosa: un hombre solo frente a la ciudad en movimiento, su bicicleta cargada de historias, y una perra que ha recorrido kilómetros a su lado. Dos viajeros unidos por la ruta, la necesidad y el afecto.

Más allá de la precariedad material, la vida de Hugo Javier García revela una forma distinta de habitar el mundo: sin domicilio fijo, pero con identidad, memoria y un compañero fiel que lo acompaña hasta el próximo cruce.

Debate Pregon Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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