Boca cumplió el trámite en la Bombonera: triunfo necesario, fútbol ausente - Cadena Entrerriana 96.5MHz LRS 798
En una noche donde la urgencia de resultados pesaba más que las formas, el Boca de Claudio Úbeda logró sacudirse el polvo tras la caída ante Estudiantes y derrotó por 2-0 a un apático Newells. Si bien el marcador le permite prenderse en la pelea del
En una noche donde la urgencia de resultados pesaba más que las formas, el Boca de Claudio Úbeda logró sacudirse el polvo tras la caída ante Estudiantes y derrotó por 2-0 a un apático Newells. Si bien el marcador le permite prenderse en la pelea del Apertura, el rendimiento colectivo volvió a quedar en deuda, dejando una sensación de alivio más que de plenitud en su gente.
Juventud y parches: un equipo en formación
La fisonomía de este Boca sigue siendo la de un conjunto «armado con retazos». Ante la falta de variantes, Úbeda apostó por la energía de los juveniles Iker Zufiaurre y Gonzalo Gelini. Sin embargo, la falta de un sistema claro hizo que el primer gol fuera hijo del desorden: una recuperación de Lautaro Blanco en el medio que él mismo terminó definiendo como «9» tras una conducción de Zeballos.
Los estrenos: entre el ímpetu y la jerarquía
La lupa estuvo puesta en los debutantes, quienes dejaron sensaciones mixtas:
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Santiago Ascacibar: Fue el motor del equipo en el primer tiempo. Jugando por derecha, fue quien más rompió la monotonía y el que más veces buscó el arco, demostrando que puede ser el equilibrio que el mediocampo necesita.
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Ángel Romero: Ingresó en el complemento para aportar el oficio que le faltaba al ataque. Su jerarquía fue determinante: provocó el penal (tras la intervención del VAR) que sentenció el partido.
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Leandro Paredes: Aunque prolijo en la distribución y autor del segundo gol desde los doce pasos, se le reclama mayor incidencia en el juego ofensivo y en la ejecución de la pelota parada.
Un rival que no opuso resistencia
El triunfo xeneize se explica, en parte, por la pasividad de Newells. La «Lepra», comprometida con los promedios y sin victorias en el torneo, casi no inquietó a Agustín Marchesín. El planteo rosarino fue previsible y respetó en exceso a un Boca que, aun diezmado y sin un centrodelantero natural, se llevó los tres puntos sin necesidad de brillar.
Boca ganó porque tiene mejores individualidades y porque aprovechó los errores de un rival frágil. Para pelear el campeonato con argumentos sólidos, Úbeda deberá encontrar la conexión entre sus líneas que hoy brilla por su ausencia.
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