Los crímenes que desmienten el podio de las preocupaciones
Las tasas de homicidios y robos bajan, pero los asesinatos en asaltos se repiten. Es un error creer que porque la pobreza preocupa más, la inseguridad preocupa menos.
Según las encuestas, la inseguridad hoy no figura en el podio de las preocupaciones de los argentinos. Se ocupó de destacarlo la ministra del área, Alejandra Monteoliva, quien abundó: se encuentra en cuarto lugar, por detrás de los rubros "desempleo, pobreza e inflación".
La funcionaria lo aseguró el sábado, en declaraciones a Radio Mitre, donde la entrevistaron a raíz de una cifra impactante que había presentado el jueves: en 2025, la tasa de homicidios fue la más baja de este siglo y los robos disminuyeron más de 20%.
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De acuerdo con esa estadística, en 2025 hubo 1705 personas asesinadas en la Argentina. La tasa de homicidios dolosos pasó de 4,4 por cada 100.000 habitantes en 2023 a 3,7 el año pasado, un 16% menos. Es una tendencia que se mantiene a la baja en la última década: era de 6,6 en 2015.
Algo similar sucedió con los robos. Descendieron (sumados robos simples y agravados) un 20,8%. Pasaron de 1007 cada 100.000 habitantes en 2024 a 798 en 2025. Habían sido 991 en 2016.
El mensaje no tan implícito sería que gracias a la pericia del Gobierno en el área, reflejada en tales números, la inseguridad ha dejado de ser una preocupación principal de los argentinos.
Sin embargo, Monteoliva tuvo en la entrevista la lucidez de advertir que "la inseguridad es siempre un tema de alto impacto para todos. Nosotros a veces podemos estar explicando y diciendo 'bajan los homicidios y los robos', pero un solo hecho altera y conmociona".
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Efectivamente, ese mismo sábado, cerca de las 5.30, tres ladrones forzaron la reja de una casa en Saavedra, entraron por una ventana y despertaron a los golpes a la pareja de jubilados dueños de casa. Les pidieron joyas y dinero. A Osvaldo Galella, de 74 años, quien intentó defender a su mujer Claudia, le pegaron tanto que lo mataron.
Horas después, en pleno centro de Merlo, Jorge Acosta, un transportista de 64 años, fue asesinado a quemarropa. Acosta estaba estacionando su Ford Ranger Limited frente a una casa de repuestos cuando a su lado se detuvo un auto (luego se sabría que era robado) del que bajó un hombre, revólver en mano, e intentó robarle la camioneta. Acosta se resistió y el delincuente lo fusiló: tiró dos veces y una de las balas dio en el tórax de la víctima.
Dos crímenes salvajes que exponen brutalmente que la inseguridad, más allá de estadísticas y encuestas, sigue siendo uno de los grandes dramas del país. Los números pueden señalar una tendencia a la baja, pero lejos estamos de vivir como se vive en países de verdad seguros.
Es un error importante creer que la inseguridad preocupa menos porque la pobreza preocupa más. No se trata, como dijo la ministra, de que un solo hecho altera y conmociona: aún se cometen casi cinco asesinatos por día en el país y los hechos que alteran y conmocionan sobran.
El martes pasado, en Tres de Febrero, la Policía Bonaerense inició una persecución a un Fiat Uno que escapó a un control y en el que viajaban tres personas. Se produjo un tiroteo y finalmente el conductor y el acompañante huyeron a pie. Abandonaron en el auto, herido de muerte, a un chico de apenas 12 años.
Chispita, le decían. En las redes, sus familiares lo despidieron con frases como Siempre fuiste un rochito y Volá alto rochito", con fotos del nene sobre motos y con armas.
No hay manera de no preocuparse.
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