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Confirmado.ar 20/01/2026 10:21 2 min de lectura

Delirio imperial y desprecio global: Trump quiere anexar Groenlandia y Venezuela - Confirmado

La pretensión de Donald Trump de incorporar territorios soberanos como Groenlandia y Venezuela a Estados Unidos expone una visión colonial, autoritaria y peligrosamente anacrónica. Un proyecto que no solo viola el derecho internacional, sino que revi

Delirio imperial y desprecio global: Trump quiere anexar Groenlandia y Venezuela - Confirmado
Foto: Confirmado.ar

La pretensión de Donald Trump de incorporar territorios soberanos como Groenlandia y Venezuela a Estados Unidos expone una visión colonial, autoritaria y peligrosamente anacrónica. Un proyecto que no solo viola el derecho internacional, sino que revive la lógica del saqueo y la dominación como política de Estado.

- Por AF

Donald Trump volvió a cruzar un límite que el mundo civilizado creía superado. Su reiterada intención de anexar Groenlandia y Venezuela a Estados Unidos no es una excentricidad ni una frase al pasar: es la expresión descarnada de una mentalidad imperial que reduce naciones, pueblos y soberanías a simples activos estratégicos. En pleno siglo XXI, Trump propone lo impensable: redibujar el mapa mundial a fuerza de poder, amenaza y codicia.

La idea de adquirir Groenlandia, como si se tratara de una operación inmobiliaria, exhibe un desprecio absoluto por la autodeterminación de sus habitantes y por cualquier marco legal internacional. No hay diplomacia, no hay consenso, no hay respeto: solo la lógica brutal del más fuerte. Para Trump, los territorios no tienen historia ni identidad; tienen valor geopolítico y económico, y eso basta para justificar su apropiación.

El caso de Venezuela resulta todavía más siniestro. Tras años de hostigamiento, sanciones, amenazas militares y discursos de intervención, la fantasía de anexión desnuda el verdadero objetivo: el control directo de recursos estratégicos bajo el disfraz de seguridad y estabilidad. Trump no habla de cooperación ni de respeto mutuo; habla de subordinación. De colonización lisa y llana.

Este tipo de planteos no son solo irresponsables: son peligrosos. Promueven una regresión histórica hacia las peores prácticas del imperialismo clásico, donde las potencias decidían el destino de regiones enteras sin consultar a sus pueblos. La diferencia es que hoy estas ideas surgen desde una potencia nuclear, con capacidad real de desestabilizar regiones completas y arrastrar al mundo a conflictos de consecuencias imprevisibles.

La narrativa trumpista intenta normalizar lo inaceptable. Convierte la violación de la soberanía en una necesidad estratégica y la amenaza en una herramienta legítima de política exterior. Es una visión que dinamita décadas de acuerdos internacionales y que socava cualquier principio básico de convivencia entre Estados.

Trump no propone liderazgo: propone dominación. No busca alianzas: busca sometimiento. Y al hacerlo, revela una concepción del mundo donde la fuerza reemplaza al derecho y donde la ambición personal se impone sobre la paz global. Frente a este delirio imperial, el silencio y la tibieza no son opciones. Porque cuando la anexión vuelve a plantearse como posibilidad, la barbarie deja de ser un recuerdo y se transforma en advertencia.

- Periodista de investigación.

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