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Hora Digital 19/01/2026 21:19 2 min de lectura

Cerveza sin alcohol: el truco cerebral para sentir placer al beber una 0,0

El sabor y el ritual de las versiones sin graduación logran activar el sistema de recompensa del cerebro mediante la liberación de dopamina. Cómo funciona el autoengaño y qué tener en cuenta

Cerveza sin alcohol: el truco cerebral para sentir placer al beber una 0,0
Foto: Hora Digital

El auge de la cerveza sin alcohol ha transformado las reuniones sociales en todo el mundo. Y no responde solo a una búsqueda de hábitos más saludables: detrás de esta elección existe un proceso neuropsicológico que explica por qué nos sentimos bien al consumirlas a pesar de su graduación 0,0.

Según una publicación de Mens Health, que recoge datos del estudio de Quest NL, el consumo de estas variantes ha crecido exponencialmente en los últimos años. El neuropsicólogo Erik Scherder plantea que el cerebro humano es capaz de engañarse a sí mismo mediante el sabor y el aroma familiar.

Al detectar elementos como la espuma o el gusto amargo, la mente evoca recuerdos de experiencias placenteras previas. Esta asociación activa inmediatamente áreas cerebrales vinculadas a la recompensa y el placer. Aunque no exista etanol, el sistema de dopamina entra en acción para compensar la falta de la reacción química del alcohol.

De acuerdo a las teorías de Scherder, el sabor y el condicionamiento son los que realmente generan la sensación de bienestar. La expectativa de la bebida puede ser tan potente para el cerebro como la ingesta de la sustancia misma.

Beneficios sociales sin pérdida de control

Beber una cerveza sin alcohol permite participar del ritual social sin los efectos negativos del etanol. Al no haber una intoxicación química, el sistema de recompensa se activa pero el individuo mantiene su coordinación intacta.

Esto evita las consecuencias típicas del consumo excesivo, como la pérdida de memoria o conductas desinhibidas indeseadas. El cerebro se siente recompensado y socialmente integrado, manteniendo el juicio y la lucidez funcionando a pleno.

La teoría de Scherder indica que el contexto es fundamental para este proceso. Si el entorno es similar al de un encuentro festivo, el cerebro procesa la situación como un momento de ocio y premio genuino.

Advertencias sobre el hábito y la sustitución

A pesar de sus ventajas, el especialista advierte sobre el riesgo de mantener el ritual de consumo de forma automática. Para personas con vulnerabilidad a las adicciones, el sabor de la cerveza sin alcohol puede despertar deseos intensos de recaer.

En el caso de los jóvenes, se señala que acostumbrarse al sabor de la cerveza desde temprano podría facilitar una transición futura hacia el alcohol. El cerebro se adapta a asociar ciertos perfiles de sabor con la idea de diversión.

Finalmente, Scherder sugiere que la cerveza sin alcohol es mejor que la tradicional, pero no debe ser un sustituto eterno si se busca dejar de beber. Según su visión, es preferible buscar esa dopamina a través de otras actividades que no refuercen el patrón del alcohol.

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