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Provinciales
Diario Junio 11/01/2026 15:44 2 min de lectura

Maratón de Reyes: hasta el cielo se puso a llorar

Entre el recuerdo luminoso de una fiesta nacida desde el barrio y la postal sombría del presente, la Maratón de Reyes se corrió esta vez bajo el cielo pesado de una celebración forzada, de alegría contenida y una ciudad atravesada por el dolor, la ex

Maratón de Reyes: hasta el cielo se puso a llorar
Foto: Diario Junio

Maratón de Reyes: hasta el cielo se puso a llorar

Entre el recuerdo luminoso de una fiesta nacida desde el barrio y la postal sombría del presente, la Maratón de Reyes se corrió esta vez bajo el cielo pesado de una celebración forzada, de alegría contenida y una ciudad atravesada por el dolor, la exclusión y el autoritarismo.

Yo no sé, estaba todo raro, como todo frío, el cielo plomizo, las palmas forzadas, ninguna estrella que anunciara una buena nueva. Yo no sé, cualquier maratón que se precie suda entusiasmo, transpira alegría, pero no fue el caso. Lo fue, sí, en el comienzo, cuando Juan López no me gusta decirle Juancito, en la Plaza España, desde su kiosco, con su ímpetu y su libretita, daba luz en medio de la oscuridad y paría la Maratón de Reyes, enseñaba solidaridad, igualitarismo, participación social y atletismo. Tejía comunidad con hilos de amor, pesebres vivientes, plaza congregada, carrozas de carnaval. Descubría lo común, lo humano, en el barrio y en la aldea. Construía amistad, vecindad, ternura. Yo lo viví en primera persona, recorrí feliz ese patio grande de la infancia.

Pero ayer estaba frío y triste, yo no sé, a pesar de la música, como quien dice a todo volumen, frente a una mujer encadenada, demasiado Titanic. Yo no sé, fue difícil levantar el ánimo, contagiar emoción, aplaudir como una foca, esforzar el alborozo, casi impostarlo, porque los corredores, los vecinos, quieren disfrutar de la fiesta de la ciudad y está bien, uno desea acompañarlos. Tienen derecho, tenemos derecho de gozar la alegría, no tienen la culpa los corredores de las 300 familias que quedaron en la calle.

Pero el frío, el odio, la ceguera, yo no sé. Esa largada contrariada, ese final sin premios. No se construye la democracia a los empujones, encadenando la palabra, cerrando el diálogo y la casa del pueblo. Es difícil esta fiesta en medio de la pobreza, la violencia, la crueldad. Del autoritarismo y la insensibilidad. La intimidación y el miedo.

Duele esta fiesta: la desigualdad, la infelicidad, el descaro. Duele la mentira, la hipocresía, la impostura, el fracaso al que vamos, nuevamente. Aflige el desprecio y la incompasión, la incomprensión hacia el que sufre la cruz. Lástima el cielo encapotado, sin estrellas, el pesar y la pena, el camino espinado, la languidez sin anuncio, sin magia ni esperanza.

Diario Junio Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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