Estados Unidos y la violencia como doctrina en América Latina - Confirmado
Bajo el disfraz de la seguridad y la democracia, Estados Unidos ejecuta una nueva acción militar contra Venezuela, profundizando una política histórica de agresión, saqueo y desprecio por la soberanía de los pueblos latinoamericanos. Estados Unid
Bajo el disfraz de la seguridad y la democracia, Estados Unidos ejecuta una nueva acción militar contra Venezuela, profundizando una política histórica de agresión, saqueo y desprecio por la soberanía de los pueblos latinoamericanos.
- por AF para Confirmado
Estados Unidos lo hizo otra vez. Sin autorización internacional legítima, sin respeto por la soberanía de un país y sin importar las consecuencias humanas, Washington avanzó con una acción militar sobre Venezuela, reafirmando su rol de potencia que impone con armas lo que no puede imponer con política ni con consenso.
No se trata de un hecho aislado ni de una reacción circunstancial. Es la continuidad de una doctrina imperial que considera a América Latina como su patio trasero y a sus pueblos como daño colateral. Venezuela, una vez más, es convertida en escenario de demostración de fuerza, en laboratorio de intimidación regional y en advertencia para cualquier nación que se atreva a no alinearse.
La retórica es conocida y gastada: defensa de la democracia, lucha contra amenazas, estabilidad regional. En la práctica, lo que queda es la militarización del conflicto, el aumento del sufrimiento civil y la normalización de la violencia como herramienta de política exterior. Las bombas no llevan democracia; llevan muerte, miedo y destrucción.
Esta acción militar no busca proteger a los venezolanos, sino disciplinar a un país que se niega a someterse completamente a los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos. El resultado es devastador: más tensión, más pobreza inducida, más aislamiento y un pueblo atrapado entre sanciones, bloqueos y ahora también la amenaza directa de la fuerza armada extranjera.
El silencio o la tibieza de buena parte de la comunidad internacional es tan grave como la acción en sí. Mirar hacia otro lado mientras una potencia decide cuándo y dónde intervenir refuerza la lógica del más fuerte y debilita cualquier noción real de derecho internacional. Hoy es Venezuela; mañana puede ser cualquier otro país que incomode.
Estados Unidos vuelve a mostrar que su política hacia la región no cambió: cuando fallan las presiones diplomáticas y económicas, llegan los uniformes, los misiles y los discursos hipócritas. No hay preocupación humanitaria genuina, no hay interés por la paz. Hay control, dominación y una peligrosa escalada que pone en riesgo a toda la región.
La acción militar contra Venezuela no es un acto de defensa: es un acto de agresión. Y como toda agresión imperial, deja una marca profunda que no se borra con comunicados oficiales ni con conferencias de prensa. La historia ya juzgó antes estas intervenciones. Y siempre, sin excepción, el veredicto fue el mismo: violencia, fracaso y pueblos que pagan el costo.
- Periodista de investigación