El mejor tratamiento para la enfermedad más dolorosa es ilegal
Actitudes ante situaciones límites.
John Stuart Mill escribió Sobre la libertad para defender el principio de que la única justificación para restringir la libertad es evitar daños a terceros. Si hoy estuviera vivo, a Mill le habría complacido ver cuántas jurisdicciones han derogado leyes que penalizaban actos considerados inmorales a pesar de no perjudicar directamente a nadie: el suicidio -incluida la muerte médicamente asistida- es un ejemplo destacado. Otro ejemplo son las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo.
En cambio, han proliferado leyes que penalizan conductas potencialmente dañinas para uno mismo, como viajar en auto sin llevar puesto el cinturón de seguridad o conducir una motocicleta sin casco. Si Mill hubiera estado al tanto de la frecuencia con la que no damos la debida importancia a los bajos riesgos de consecuencias catastróficas, podría haber aceptado esas leyes, sin dejar de abogar por exenciones para quienes tienen una razón de peso para no usar cinturón de seguridad o casco.
Esto me lleva a la cuestión que ha suscitado estas reflexiones del tipo ¿Qué haría Mill?: el argumento abrumador a favor de exenciones a las leyes que prohíben ciertos fármacos. Consideremos la cefalea en racimos, posiblemente la afección más dolorosa conocida por la medicina. Consiste en dolores de cabeza recurrentes que se presentan en racimos y causan un dolor muy intenso detrás del ojo, que también se conocen como cefaleas suicidas. El dolor intenso lleva a muchos pacientes a contemplar el suicidio, y algunos de ellos lo llevan a cabo. En todo el mundo, unos cuatro millones de personas padecen esta afección anualmente.
La medicina convencional no puede ofrecer un alivio adecuado a los que sufren cefaleas en racimos, pero cada vez hay más pruebas de que de una a tres dosis de psilocibina o LSD pueden evitar los ataques durante meses. Los pacientes han informado anecdóticamente que la DMT vaporizada, otra droga psicodélica, aborta los ataques segundos después de que empiezan (no hay estudios publicados sobre este efecto).
El problema es que en casi todas las jurisdicciones, la psilocibina, el LSD y el DMT son sustancias prohibidas. La psilocibina tiene una larga historia de uso ritual por parte de los pueblos indígenas de México y América Central. Más recientemente, la psilocibina y el LSD han sido utilizados por millones de personas con fines recreativos y religiosos. (Yo probé el LSD en los años ´70, bajo la supervisión de un amigo. Disfruté del viaje, pero no sentí la necesidad de volver a consumirlo).
Suiza ofrece un modelo para conciliar la necesidad de un tratamiento compasivo con la necesidad de barreras legales contra el uso generalizado de drogas que deberían tomarse bajo supervisión. Desde 2014, la Oficina Federal de Salud Pública suiza puede autorizar a los médicos a utilizar sustancias prohibidas como último recurso para tratar a pacientes que han agotado otros remedios. Una nueva iniciativa llamada Clusterfree ha lanzado cartas abiertas globales instando a los gobiernos a proporcionar acceso legal a psicodélicos para personas con cefalea en racimos. Yo he firmado, y espero que usted también lo haga.
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