Ayuno intermitente con un lemon pie en la heladera
Charlas de gimnasio y promesas ¿incumplidas?
El gimnasio tiene una sala grande de aerobics con pisos de madera plastificados y espejos de pared a pared. Arriba está la sala de aparatos, con bicicletas fijas, máquinas para correr, prensas y dorsaleras. Y aunque odio levantarme temprano, pongo la alarma a las siete. Ni bien entro encuentro a Marcela. Mi amiga está excitada y se le traban las palabras. Me dice que descubrió una nueva dieta. Asunto resuelto, dice, por fin va a poder bajar los kilos que le faltan, es una de esas promesas que no se traicionan, se juró a sí misma empezar mañana y para sellar el pacto lo escribió en un papel y lo sujetó con un imán a la puerta de la heladera.
Pero ese día, dice Marcela, tiene dos problemas. El lemon pie del cumpleaños de su sobrina. Y los ruidos en el departamento de al lado. Hace dos días, cuenta, la despertó un grito en medio de la noche. Los vecinos nuevos se mudaron hace dos meses. Una tarde empezó a prestarle atención a los sonidos del otro lado de la pared y apoyó la oreja para tratar de escuchar algo. Se reían de ella, no había dudas. En un principio pensó en tocarles el timbre y pedirles un poco de respeto. Pensó en llamar al encargado pero recordó que estaba de licencia. Además, reclamar no va con su forma de ser, dice. Los ruidos me ponen tan nerviosa, concluye, que a cada rato abro la heladera.
Después de estirar subimos a las prensas. Apoyamos los pies. Tensamos las piernas. Marcela sigue hablando de la dieta milagrosa. Recordé que desde chica, mi amiga tenía atracones. Me lo contó una vez, mientras corríamos en las cintas. Después de cada cumpleaños comía todo lo que había en la heladera. El cuerpo se lo pedía, no podía decir que no. El hormigueo empezaba a cualquier hora del día. El pulso acelerado. La boca llena de saliva. Trataba de no pensar, dijo Marcela, pero cuando me quería acordar ya estaba comiendo a escondidas. Se miraba en el espejo y lo que veía era un desastre.
¿Sabés cuántas calorías tiene un lemon pie?, me pregunta Marcela.
¿Uno entero?
Una porción, por supuesto.
Cerca de 300.
Como una milanesa.
Más o menos.
Seguimos hablando de calorías, de carbohidratos, de proteínas. La última novedad, dice Marcela, es el ayuno intermitente. Tenés que alternar períodos de ayuno, explica, con otros donde comés en forma normal.
Cuando terminamos la rutina Marcela promete que es la última vez que va a tener un lemon pie en la heladera. Ayer comió dos porciones. Mañana va a ser el gran comienzo. El día ya está jugado. Por lo tanto se internará en el gimnasio. El ayuno intermitente hay que empezarlo, dice, después de un buen descanso. Mientras tanto tendrá que pasar la tarde con el lemon pie en la heladera. Pero es la última vez. Por eso se está matando en el gimnasio. Y también porque necesita llenar ese espacio que la separa de mañana y calmar los nervios que le produce ese lemon pie que la está esperando.
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