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Paraná » AnalisisDigital
Fecha: 09/05/2026 12:24
Una persona de 38 años fue detenida en el marco de la investigación por el adolescente herido con un arma de fuego. La violencia volvió a escribir una página a sangre y fuego a raíz de una agresión que repercutió en las calles de la periferia de Paraná, siempre sitiadas por el miedo y el estruendo seco de las armas. En una sala de terapia intensiva del Hospital San Roque, un adolescente de apenas 14 años libra ahora una batalla silenciosa contra la muerte, aferrado al desvelo y al rezo de sus familiares y a la ciencia de los profesionales. Afuera, en el barrio Francisco Ramírez, la Policía desplegó un operativo de gran magnitud que alteró la rutina de las calles y el vecindario: patrulleros irrumpiendo con sus luces giratorias e intermitentes de sus sirenas, uniformados avanzando con tensión contenida y vecinos asomados detrás de las cortinas, como testigos mudos de una tragedia que parece repetirse demasiado seguido. El procedimiento concluyó con un detenido, el secuestro de un arma de fuego y una investigación que todavía intenta reconstruir -entre silencios, temores y versiones cruzadas-, el entramado oscuro de una agresión que volvió a dejar a los menores al borde del abismo. El episodio ocurrió el viernes en inmediaciones del Puente Laprida. Allí, según reconstruyeron los investigadores a partir de testimonios de familiares de la víctima, el menor fue interceptado por varias personas y agredido brutalmente. En medio de la secuencia, un disparo le atravesó la espalda. El proyectil quedó alojado en el hígado, y le provocó una herida feroz que obligó a su inmediata internación. El adolescente, oriundo del Barrio Humito, fue trasladado junto a su madre al Hospital San Roque de Paraná. Desde entonces permanece bajo estricta observación médica en la unidad de terapia intensiva. Fuentes vinculadas a la investigación indicaron que su estado es estable, aunque el cuadro continúa siendo delicado debido a la gravedad de la lesión interna. La respuesta policial llegó como una embestida sobre la madrugada, con una batería de allanamientos ordenados en el marco de una causa caratulada como tentativa de homicidio. En las últimas horas, efectivos de distintas divisiones irrumpieron en cuatro viviendas del barrio Francisco Ramírez, en un operativo que quebró de golpe la quietud espesa de las horas oscuras. Las sirenas rasgaron el aire frío y ventoso de la periferia, mientras los destellos azules y rojos de los patrulleros se reflejaban sobre las paredes y las ventanas del vecindario. Los grupos especiales avanzaron con chalecos y armas largas entre calles acostumbradas al murmullo contenido del miedo, despertando a familias enteras que observaron la escena detrás ventanas apenas entreabiertas. Hubo gritos, corridas, órdenes secas y el eco metálico de los portones forzados en una barriada donde la violencia parece haberse vuelto parte del paisaje cotidiano. Cada vivienda allanada escondía, para los investigadores, una pieza clave de un rompecabezas oscuro que todavía intenta explicar cómo un adolescente terminó debatiéndose entre la vida y la muerte en una cama del Hospital San Roque. En uno de esos procedimientos fue detenido un hombre de 38 años, identificado pero cuyo nombre no se dio a conocer para no entorpecer la investigación en curso. Esta persona fue detenida como sospechoso en la causa. Además, los uniformados secuestraron una pistola calibre .22 marca Bersa que tenía cartuchería en recámara y un cargador con cinco municiones listas para ser utilizadas. Del operativo participaron efectivos de la División Robos y Hurtos, junto a personal de los grupos especiales GIA, GDI y GEP, además de agentes de la Dirección General de Policía Científica y de las comisarías Quinta y Decimoséptima de la Jefatura Departamental Paraná. Cada área aportó elementos a una investigación que todavía avanza entre testimonios cruzados, pericias balísticas y el intento de reconstruir con precisión cómo se desencadenó el ataque. La causa quedó bajo la órbita de la fiscal Patricia Yedro, quien continúa reuniendo elementos para determinar las circunstancias exactas de la agresión y establecer si hubo más personas involucradas en el violento episodio. Mientras tanto, en los pasillos del hospital, la espera tiene el peso insoportable de las horas largas. Afuera, la investigación intenta ponerle nombre y responsabilidad a una noche que dejó a un adolescente herido de bala y a un barrio entero atravesado por el eco seco de un disparo.
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