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Fecha: 08/05/2026 20:08
Mantener cuatro temporadas de una serie no es tarea sencilla. Si no hay avance, transformación o algún elemento disruptivo, la repetición puede resultar letal. En los últimos días, dos grandes producciones argentinas presentaron sus cuartas partes: Envidiosa y El Encargado. Y ambas lograron sostener el interés gracias a un mismo recurso: la evolución de sus personajes principales. Con mayor o menor aceptación según el gusto del público, los protagonistas son quienes experimentan las transformaciones más notorias. En la producción de Netflix, Vicky (la particular Victoria Mori interpretada por Griselda Siciliani) continúa atravesada por sus conflictos y pesares, pero avanza. Ese progreso se refleja en sus imperdibles sesiones con Fernanda (Lorena Vega), su psicóloga, y en el vínculo con su amplio círculo íntimo. En el caso de la propuesta de Disney+, Eliseo Omar Basurto (la inquietante creación de Guillermo Francella) se vuelve cada vez más cínico e indeseable, hasta alcanzar niveles que generan incomodidad, aún cuando enfrenta los problemas más difíciles de su vida. A partir de este recurso, ambas series logran reinventarse y dar un salto que justifica seguir de cerca el desarrollo de sus historias. Vicky y su neurosis más controlada La primera temporada de Envidiosa presentó a una protagonista al límite: una aspirante a arquitecta de 40 años, soltera contra su voluntad y presionada por su reloj biológico. Su neurosis exacerbada generaba empatía en el espectador, que indefectiblemente encontraba algún punto de identificación en sus conflictos. Sus salidas desenfrenadas, impulsivas y sin medir consecuencias resultaban, en gran medida, graciosas. Sin embargo, en la segunda temporada ese personaje no logró evolucionar. Quedó atrapado en un comportamiento reiterativo que ni siquiera la terapia lograba encauzar. Esa fue, precisamente, la principal debilidad de la etapa más floja de la serie. El cambio comenzó a vislumbrarse en la tercera entrega. Vicky empezó a encontrar cierto equilibrio, a avanzar, y el foco se amplió hacia los conflictos cotidianos de su familia, sus amigas y sus parejas, generando una identificación más amplia en el público. Ahora bien, en la cuarta y última temporada, la transformación es aún más evidente. La aparición del hijo de su pareja, un niño de 9 años, y la necesidad de encontrar su lugar en esa nueva dinámica familiar, alejada de su fantasía de familia perfecta, obligan a Vicky a enfrentarse con sus propios errores. Los reconoce, advierte cuándo pierde el control e intenta mejorar. Esa es la clave: no se trata de una sanación total, sino de aprender a convivir con sus propias limitaciones. El resultado es un personaje más real, que genera optimismo sin perder su esencia. La chispa y las situaciones disparatadas siguen presentes, invitando a encadenar los diez episodios de media hora que componen la temporada. Para quienes siguieron la serie desde el inicio, esta evolución suma puntos a favor y causa buena sensación como cierre de la historia que ya no tendrá nuevos capítulos. Eliseo y una oscuridad ilimitada La cuarta temporada de El Encargado se posicionó entre lo más visto del fin de semana en Disney+ en Argentina y, para quienes ya conocen a Eliseo, seguramente el personaje no decepciona. En este caso, el cambio es incluso más marcado. En sus inicios, el solitario portero del edificio de clase alta en Buenos Aires se valía de su posición para manipular situaciones, cometer delitos y entrometerse en la vida de los inquilinos en busca de beneficio propio. Pero, aun así, el personaje conservaba un costado querible, incluso con matices de humor. Con el paso de las temporadas, esa ambigüedad fue desapareciendo. La oscuridad lo fue envolviendo hasta llevarlo a un punto completamente alejado de sus orígenes. Su ambición creció de tal manera que prácticamente eliminó cualquier rasgo de humanidad. Este giro pudo haber incomodado a parte de la audiencia, que comenzó viendo una comedia con tintes ligeros y terminó frente a un drama oscuro, capaz de perturbar por su nivel de cinismo y deshumanización. Aun así, la serie mantiene el respaldo de su público y continúa posicionándose entre las producciones nacionales más vistas. La actuación de Francella es, una vez más, impecable. A eso se suman la solidez de Gabriel Goity y la participación del recientemente fallecido Luis Brandoni como El Polaco, que aportan peso a la nueva entrega. El crecimiento de la trama también es evidente. Lo que comenzó como un conflicto centrado en la administración de un edificio escaló progresivamente: de lo vecinal a lo local, y de allí a lo nacional. Eliseo logra infiltrarse en los círculos de poder, llegar a la Casa Rosada e incluso manipular al presidente de la Nación (interpretado por Arturo Puig) como si fuera una pieza más de su juego de ajedrez. Exagerada, quizás, y muy alejada del foco inicial, la nueva temporada de siete episodios, tiene un desenlace que deja la puerta abierta a un reinicio. De hecho, la plataforma ya confirmó una quinta temporada y anunció además el desembarco de Zambrano, el spin-off centrado en el personaje del abogado interpretado por Goity.
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