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» San Juan 8
Fecha: 08/05/2026 19:34
Hasta ese momento, miles de peones golondrina recorrían el país subiéndose clandestinamente a los trenes para ir de una cosecha a otra. Eran hombres que migraban constantemente buscando trabajo en el campo, especialmente durante las temporadas de siembra y cosecha. Dormían donde podían, llevaban pocas pertenencias y sobrevivían con empleos temporarios. El decreto de Crotto buscaba facilitar ese traslado de mano de obra rural. Desde entonces, cuando los ferroviarios encontraban a esos trabajadores arriba de los vagones ya no los hacían bajar. Está por Crotto, decían, haciendo referencia a la autorización oficial. Con el tiempo, esa frase se simplificó y empezó a transformarse en otra cosa: Es un croto. Así, casi sin proponérselo, el apellido del gobernador terminó convirtiéndose en una palabra del lenguaje popular argentino. Pero el significado empezó a cambiar con los años. La imagen de aquellos trabajadores itinerantes, pobres y agotados quedó pegada al término. Y la palabra dejó de asociarse al permiso para viajar en tren para pasar a identificar directamente a quienes vivían en condiciones precarias. En zonas rurales incluso surgieron las llamadas croteras, pequeños refugios improvisados donde los crotos podían pasar la noche o protegerse del frío. Eran construcciones mínimas, muchas veces levantadas cerca de las vías o en campos, utilizadas por quienes llevaban una vida nómada detrás de algún trabajo ocasional. Con el paso del tiempo, croto se endureció. Empezó a usarse de manera despectiva y perdió casi por completo su vínculo con aquella historia original. Hoy la palabra aparece en discusiones cotidianas, memes y frases comunes, muchas veces para señalar suciedad, abandono o pobreza, sin saber que detrás existe una historia ligada al trabajo rural, la migración interna y la desigualdad social en la Argentina de principios del siglo XX. El recorrido de la palabra también refleja cómo cambia el lenguaje popular. Un apellido político terminó transformándose en una etiqueta social y luego en un insulto cotidiano. Una evolución que ocurrió sin diccionarios ni decisiones formales: simplemente quedó incorporada en la forma de hablar de generaciones enteras. Porque en Argentina no solo cambian las costumbres o la política. También cambian las palabras. Y algunas, como croto, conservan escondida una parte de la historia del país.
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