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Paraná » NSA
Fecha: 08/05/2026 11:23
A pesar de que se complicó solo -Quintero malogró un penal, le cobraron otro en contra y Beltrán fue expulsado a minutos del final- el equipo del Chacho Coudet se llevó anoche los tres puntos de Venezuela. Un dèja vú de Pipino. Un defensor en el arco. Suspenso. Hasta Eduardo Coudet está en cancha. Hacelo, Maxi, se escucha en las conciencias de Núñez y alrededores. Maxi es Salas. Y el tipo, que se había ofrecido ir al arco después de la expulsión de Santiago Beltrán, va. Y observa ese pase/asistencia top de Facundo González. Y ve a Lucas Bruera, gorrita a lo Benji Price y bigote ricardorochista, salir. Y el Gordo se la tira por arriba para definir en el descuento un partido inédito. Hasta insólitamente complicado frente a un Carabobo inferior en jerarquía que compensó los 40 minutos con uno menos con orden. Y que se aprovechó de las desconexiones de un River muletto, que acabó trayéndose una victoria valiosa de Valencia tanto en términos clasificatorios como anímicos. Porque el ticket a octavos está más cerca. Y porque el envión que genera el cómo de ese 2-1 quizás pese mucho de ahora en más en un equipo que necesitaba aprobar una prueba de carácter de este calibre. Difícilmente un hincha habrá imaginado que terminaría saltando del sillón a las 11 y media de la noche, pateando sin querer la porción de pizza y el porrón de cerveza a medio terminar que había quedado en la mesa ratona. Pero así fue el partido, tan emotivo como inédito y cambiante. River se subió solito a una montaña rusa demasiado incómoda y traicionera y terminó aprovechando la más complicada de las chances para llevarse la victoria de Misael Delgado. Sintió, está claro, los cambios masivos que el deté eligió realizar para priorizar el partido del domingo frente a San Lorenzo: aunque intentó tener la presión ofensiva, atacar como cardumen de pirañas ante cada pérdida para recuperar rápidamente la posesión, ese vértigo fue perdiéndose. Y se desvaneció definitivamente luego del golpe que significó el penal fallado por Juan Fernando Quintero, quien pateó mal y su tiro terminó dando en las piernas de Bruera. River no pudo, a partir de ahí, reencontrar el camino hacia la versión de los primeros minutos. Ni tampoco capitalizar los guiños que le hizo el trámite. Porque la expulsión de Castillo le dio una superioridad que no supo aprovechar desde la distribución. Porque incluso sin fluidez se puso arriba por un cabezazo impecable de Maximiliano Meza (y un centro ídem de Juanfer) pero no logró sostener esa ventaja que tanto le había costado lograr. Porque una plancha de Juan Cruz Meza al intentar despejar una pelota en el área terminó en un penal que el argentino Matías Núñez no falló pese a la intuición de Santiago Beltrán. Y porque nueve minutos más tarde la (inexplicable), la expulsión del arquero-figura le sumó todavía más tensión al partido. Porque, ya sin ventanas de cambios disponibles, mientras Coudet elegía a Viña para ponerse el buzo verde (qué mística tiene esa prenda), la sensación ya era clara: el punto, aun cuando Bragantino estaba goleando en Bolivia y se acercaba en la tabla del grupo H, parecía negocio. La posibilidad de ganarlo, al menos, asomaba lejana. Hasta que Salas se inventó esa emboquillada de su mejor versión para salir a gritarlo con titulares, suplentes y hasta los utileros sobre el cierre del partido que se recordará más por lo épico que por lo vistoso.
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