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Paraná » DavidRicardo
Fecha: 08/05/2026 10:17
La reunión prevista para este viernes en Casa Rosada estará atravesada por la crisis política que desataron las denuncias contra el jefe de Gabinete. Crecen las diferencias internas, el malestar de los gobernadores y la presión de sectores del oficialismo. El Gobierno llegará este viernes a una nueva reunión de gabinete en medio de uno de los momentos de mayor tensión interna desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Con el escándalo que envuelve a Manuel Adorni todavía sin desactivarse, en la Casa Rosada ya admiten en voz baja que la crisis comenzó a afectar el funcionamiento político del oficialismo y a profundizar disputas dentro del propio círculo presidencial. La reunión, prevista para las 14 en Balcarce 50, se producirá luego de días atravesados por denuncias de enriquecimiento ilícito contra el jefe de Gabinete, reclamos internos para que presente documentación ante la Justicia y crecientes cuestionamientos de dirigentes aliados y gobernadores. En la previa, el ministro coordinador brindará una conferencia de prensa, la cual fue anunciada como una conferencia distinta, sin mayores detalles. Si bien se prevé que responderá las cinco preguntas asignadas a la prensa acreditada, no se descarta que puedan haber otras sorpresas. Aunque desde el entorno presidencial intentan transmitir normalidad y descartan cambios inmediatos, el clima interno dista de ser el ideal. Funcionarios libertarios reconocen que el caso Adorni paralizó buena parte de la agenda política y económica del Gobierno, mientras el Presidente debió salir personalmente a defender a su principal colaborador durante su gira por Estados Unidos. La situación también profundizó las tensiones alrededor de Karina Milei, apuntada cada vez con más frecuencia dentro del oficialismo por el esquema de toma de decisiones en la Casa Rosada. En distintos sectores del Gobierno comenzó a circular la idea de despegar políticamente a Javier Milei de su hermana, una jugada delicada que hasta hace algunas semanas aparecía limitada al entorno de Santiago Caputo, pero que ahora suma nuevos interlocutores. En ese contexto, Patricia Bullrich quedó en el centro de la escena tras reclamar públicamente que Adorni presente de inmediato su declaración jurada. La exministra de Seguridad es vista dentro del oficialismo como una de las pocas dirigentes con autonomía política respecto del karinismo y su postura expuso un malestar que hasta ahora se expresaba de manera reservada. El malestar en el oficialismo y la presión de los gobernadores En la Casa Rosada reconocen que el desgaste ya impacta sobre la relación con gobernadores aliados, claves para sostener la agenda legislativa de La Libertad Avanza en el Congreso. Varios mandatarios provinciales comenzaron incluso a pedir que Adorni no participe de reuniones ni actividades conjuntas mientras continúe el escándalo. La preocupación también alcanza al equipo económico. Cerca de Luis Caputo sostienen que los ruidos políticos comenzaron a afectar la confianza alrededor del programa económico y advierten que el Gobierno perdió capacidad para instalar otros temas en la discusión pública. Mientras tanto, Karina Milei continúa profundizando su construcción política propia. Este jueves viajó a San Juan junto a dirigentes de su círculo de confianza, entre ellos Martín Menem, Eduardo Lule Menem, Diego Santilli y Juan Bautista Mahiques, en una señal de fortalecimiento territorial en paralelo a la crisis que atraviesa el gabinete. En medio de ese escenario, Adorni buscará mostrarse activo. Este jueves participó de la reunión de directorio de YPF y brindó una entrevista televisiva en la que evitó hablar del tema para «no obstruir el trabajo de la Justicia». Además, este viernes por la mañana encabezará una actividad oficial en Zárate y luego brindará su conferencia, antes de asistir al encuentro de gabinete. Sin embargo, puertas adentro del Gobierno crece la sensación de que el conflicto dejó de ser un problema individual y se transformó en un factor de desgaste para toda la administración. Algunos funcionarios ya admiten que así no se puede seguir y alertan sobre el impacto político que podría tener una crisis prolongada en un oficialismo que, por primera vez, empieza a exhibir fisuras cada vez menos disimuladas.
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