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Paraná » AnalisisDigital
Fecha: 08/05/2026 10:16
Florencia Donovan Son días de zozobra en el Gobierno. Lejos de funcionar como un fenómeno ordenador, el caso Adorni no solo resultó atrapante para la opinión pública, sino que terminó de amplificar con creces la interna dentro del oficialismo. Las hostilidades parecen multiplicarse en forma proporcional a las desprolijidades financieras del jefe de Gabinete. Acá solo la cosa va a cambiar si la economía empieza a darse vuelta, dice, entre suspiros, un hombre con acceso a la mesa chica libertaria. Lo bueno es que todavía para la elección falta mucho; eso juega a favor, resumió. En el Gobierno marcan fechas claves en el calendario. La del arranque del Mundial de fútbol es una. El clima político ya no parece propicio para avanzar con grandes reformas estructurales, pero hasta que empiece el Mundial, el 11 de junio, consideran que hay algo de margen para probar suerte con algunas leyes económicas. El súper RIGI que anunció el presidente, Javier Milei, desde Los Ángeles, es una de ellas. Pero no la única. También la idea es avanzar en algunas de las reformas que habían quedado fuera de la ley de Presupuesto, como es la modificación de los subsidios para las zonas frías. Ya a partir de agosto, admiten, la discusión electoral copará la agenda. Después del Mundial no habrá margen para nada. De ahí que todas las velas estén encendidas en la vereda del Palacio de Hacienda. Las señales de mejora de la economía, por ahora, son tímidas. El Gobierno anunciará en los próximos días que, tal como viene sucediendo en lo que va del año, en abril, el sector público nacional cerró una vez más con superávit financiero. Sin dejar de retacear pagos, el mismo resultado se repetirá en mayo. La recaudación empezó a mejorar levemente, aunque sigue por debajo de la registrada en 2025 en términos reales. En otras palabras, estamos mejor, pero todavía no bien. La tormenta política ruge, la economía no termina de despertar, pero así y todo, el Gobierno tiene sus focos de alivio. Son señales concretas que no resuelven el cuadro general, pero que le dan argumentos y, sobre todo, aliento para sostener el rumbo y soñar con una mejora. Nadie duda de que, por lo menos hasta agosto, el dólar estará calmo. Al ingreso de dólares del campo, se les seguirán sumando las emisiones de deuda de las provincias. El mercado internacional, según comprobó la Ciudad de Buenos Aires esta semana, tiene todavía apetito por deuda provincial. Santa Cruz y San Juan esperan poder aprovecharlo. Ambas provincias dependen ahora de que sus legislaturas les aprueben el endeudamiento. El gobierno nacional, por su parte, avanza con el préstamo de US$2000 millones con garantía del Banco Mundial. La semana pasada, de hecho, envió a un puñado de bancos internacionales lo que en la jerga se conoce como requisitos para propuestas (request for proposal). En otras palabras, los invita a presentar propuestas para luego seleccionar a las entidades que participarán de la operatoria. TMAP (Todo marcha acorde al plan). También, el 21 de este mes, el directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) tendría previsto ponerle el gancho al acuerdo que el Gobierno firmó con la línea técnica del organismo. Con esta aprobación, se liberarán los US$1000 millones que el FMI había comprometido para el periodo. La mora del sector financiero, en tanto, empieza a estabilizarse. En los grandes bancos anticipan que, si bien todavía no hay un derrumbe de los incobrables, sí dejaron de crecer. Lo peor quedó atrás. Aunque llevará un tiempo recuperar el dinamismo crediticio, algunos bancos volvieron a encender sus motores. Lo que finalmente no terminaría de avanzar es la idea de usar al Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES para dinamizar el negocio hipotecario. Existe un paper que circuló entre los banqueros, elaborado por algunos miembros de Adeba, en el que se sugería que la Anses podría actuar como financiador del sistema financiero, ya sea colocando plazos fijos a largo plazo en los bancos o comprando tramos de securitizaciones hipotecarias de hasta 7,5 años de duración. La realidad es que en Economía se resisten a la idea, no tanto por principios, sino porque no hay funcionario dispuesto a firmar una venta de activos del fondo de los jubilados. Nadie quiere ir preso, admiten. Por norma, el FGS de la Anses sí podría usarse para mejorar jubilaciones. Aunque tampoco está definido que se desee avanzar en esa dirección. Es un fondo que cobra cada vez más relevancia. Ya casi duplica las reservas del Banco Central (BCRA). Gracias al repunte de los activos financieros, el FGS de la Anses pasó de valer US$42.000 millones al comienzo de la gestión de Javier Milei a US$78.000 millones el último mes, un 85,7% más. Mérito 100% libertario. La mejora en la calificación soberana por parte de Fitch Ratings, entretanto, le dio motivos al mercado para seguir subiendo, aun en un contexto de gran volatilidad global. Falta mucho para poder asemejarse a otros soberanos de la región, como Perú, Chile o Paraguay, pero es el primer paso en la dirección correcta. La Argentina de Milei sigue siendo una promesa para el mundo inversor. El dinero, es posible, vendrá solo si se confirma la continuidad del rumbo económico en 2027, pero en el interín, siguen multiplicándose los viajes de inversores al país. Mirar no cuesta nada. Esta semana, fue el turno de una delegación de la Corporación de Finanzas para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (DFC, por sus siglas en inglés), que es el brazo financiero de Washington en el mundo emergente. El DFC presta dinero, ofrece garantías e inyecta capital en países en desarrollo con una lógica que mezcla altruismo y geopolítica. Nació en 2019 como la respuesta de Estados Unidos a la creciente influencia china, que venía tejiendo su red de poder a golpe de infraestructura y créditos por todo el sur global. La entidad, que depende del gobierno norteamericano, no dona, invierte, y al hacerlo busca que el capitalismo democrático sea más atractivo que el modelo que ofrece Pekín. La semana pasada, en tanto, una delegación integrada por el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, y el diplomático encargado en la práctica de las relaciones comerciales con los EE.UU., Luis María Kreckler, viajaron a Washington y se llevaron de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR, en inglés) la promesa de que se avanzará en los términos del acuerdo firmado con la Argentina en 2025, aun después del fallo de la Corte Suprema norteamericana, que en febrero declaró nula la política arancelaria de Donald Trump. La Argentina, por su parte, debería cumplir con su parte del trato, lo que incluye la demorada firma del Tratado Internacional de Cooperación de Patentes. Así las cosas, son varios frentes en los que la economía podría colaborar. Sin estridencias, y tal vez, sin la fuerza suficiente como para cambiar la agenda política. Todavía falta para que la actividad, en un todo, sea generadora exclusiva de buenas nuevas. La política lo huele. Intenta ganar terreno donde el oficialismo deja espacios desatendidos. En las últimas semanas, la vicepresidenta, Victoria Villarruel, empezó a moverse en un territorio que hasta ahora no era el suyo, convocando a despacho a las principales cámaras empresarias. Inflación, crédito, tipo de cambio, inversión. Los que estuvieron en esas reuniones la describen como alguien que toma nota, pregunta y no improvisa. En el mundo de los negocios, la lectura es unánime: Villarruel está construyendo agenda económica. El porqué cada uno lo interpreta a su manera. Pero no es la única. El Consejo Federal de Inversiones (CFI), que nuclea a las provincias, tuvo el martes último su encuentro con una cantidad de cámaras industriales. La intención es armar una hoja de ruta productiva federal. Si la esperanza libertaria pasa por que la economía cope la agenda, tal vez es hora de que el León y su equipo abandonen por un rato la virulencia de la red X y concentren su atención en lo que sí tiene impacto. Fuente: La Nación
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