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Buenos Aires » Clarin
Fecha: 08/05/2026 08:11
La falla de Cascadia será anunciada por los perros. Los animales son los únicos que pueden oír la onda compresional que precederá al temblor. Segundos después, el gran terremoto. Las redes eléctricas dejarán de funcionar. Fallarán las estructuras. Habrá incendios, inundaciones, roturas de diques, tuberías y puentes. Cuando pasen entre 4 y 6 minutos, el temblor disminuirá y, cuando todo parezca haberse calmado, llegará la verdadera destrucción: una ola de entre 6 y 30 metros se elevará sobre la costa, como si todo el océano se alzara e invadiera la tierra. En 2015, la periodista Kathryn Schulz hizo una investigación para The New Yorker (recientemente editada en físico por Libros del Asteroide) que alumbró al mundo sobre una realidad: es probable que en los próximos cincuenta años, una región de la costa oeste de los Estados Unidos sufra un megaterremoto. Su reportaje, en el que incluye la voz del sismólogo Chris Goldfinger, ganó el Pulitzer en 2016 y el National Magazine Award. El desastre se producirá a lo largo de más de 1.100 kilómetros frente a la costa del Noroeste del Pacífico, en la llamada zona de subducción de Cascadia, que comienza en el cabo Mendocino, continúa a lo largo de la costa de Oregón y Washington y termina en la isla de Vancouver. Predicen números escalofriantes: la probabilidad de que ocurra un terremoto de entre 8 y 8,6 de magnitud en la escala de Richter en los próximos cincuenta años es de una entre tres. Que sea de entre 8,7 y 9,2, de una entre diez. La Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) pronostica que, si el Gobierno estadounidense no acciona a tiempo, morirían 13.000 personas (mil en el momento del terremoto), habría 27.000 heridos, un millón debería buscar refugio y dos millones deberían ser asistidos con alimentación. Una zona de subducción es una región del planeta donde una placa tectónica se hunde bajo otra. La tensión puede acumularse durante siglos hasta el día en que la zona de contacto se rompe. Ese proceso puede desatar un megaterremoto. Hay que tener en cuenta que el último de su tipo en la zona de Cascadia ocurrió el 26 de enero de 1700, hace más de 300 años, y fue de una magnitud estimada entre 8,7 y 9,2. El evento dejó un impactante "bosque fantasma" enterrado en el área que todavía puede ser visible. Nadie se está encargando de esto Lo preocupante -advierte Schulz- es que el territorio americano no está del todo preparado para afrontar la catástrofe. Goldfinger resalta: La mayoría de la gente piensa que alguien se está encargando de esto y no es así. Nadie se está encargando de esto. La investigación causó tanto pánico en la población, que la periodista se vio en la obligación ética de hacer una segunda parte titulada Cómo ponerse a salvo cuando llegue el gran terremoto. En ese artículo, publicado el 28 de julio de 2015, explica cómo reducir los riesgos al máximo el día de la catástrofe y nuevamente advierte a las autoridades para que accionen cuanto antes. Nuevas investigaciones En los últimos años, los estudios de la falla de Cascadia avanzaron. En 2021, la geofísica marina Suzanne Carbotte dirigió una expedición de 41 días para tomar imágenes de la falla. Las fotos, publicadas en Science Advances en 2024, mostraron la imagen más nítida del lugar jamás obtenida. En mayo de 2025, Seismica publicó un estudio de seguimiento en donde se descartó una falla secundaria gigante -previamente hipotetizada- en la zona. Los parámetros de modelado de tsunamis se redujeron, aunque los investigadores advirtieron que el área presenta "mucha más complejidad de la que se había inferido anteriormente. El 20 de octubre del mismo año se produjo una fuga geológica en una región ubicada a 80 km de la costa de Oregón conocida como Oasis de Pythia. Una filtración de fluidos escapó desde el fondo marino, entonces llegó la advertencia: este lubricante natural podría aumentar la fricción y, así, el riesgo de mega terremoto. La descubrió el oceanógrafo Brendan Philip y su equipo de la Universidad de Washington en una exploración de rutina del fondo marino. Evan Solomon, geólogo marino y coautor del estudio, destacó: "Nunca había visto algo igual. Este fenómeno nos permite observar de manera directa cómo los fluidos subterráneos influyen en la estabilidad de las placas tectónicas. Por otra parte, Goldfinger -el especialista que entrevistó Schulz- volvió a hablar. Y no dio buenas noticias: compartió una investigación en la que explica que, de romperse la falla, la tensión podría transferirse a zonas cercanas y, así, sobrecargar o descargar la tensión de ¡la falla de San Andrés! Los últimos estudios sobre la falla afinaron el umbral del peligro. El año pasado, el USGS actualizó las probabilidades para el Noroeste del Pacífico de 10% a 15%. Para el sur, el modelo menciona alrededor de 30% de un evento de una escala mayor a 8. La Universidad de Washington indicó que el evento podría darse por medio de rupturas segmentadas y que la zona más sensible es el segmento frente a Washington y Oregón. Sobre la firma Newsletter Clarín
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