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  • Walas, de Massacre: "Después de MasterChef me convertí en una celebrity"

    Buenos Aires » Clarin

    Fecha: 08/05/2026 06:46

    Walas, el líder de Massacre, siempre se monta como para nunca pasar desapercibido: pelo teñido de un magenta furioso, tapados de piel (a veces muy coloridos, otras no tanto), camisas grunge, shorts cortísimos, borcegos... Pero ahora, mientras se acomoda en el estudio de Clarín, hay más tranquilidad en su imagen: apenas una remera bordó que dice "Roma, Italia" y un piluso. "Ahora estamos más preocupados por coordinar horarios para ensayar", se confiesa, sobre el show que tiene en la mira este viernes 7/5 en el C Art Media, en Chacarita, junto a su banda. Viene de tocar en el Festival Tribus, en Santa Fe, y en Córdoba, en un show propio. "Estuve un mes entero de viaje y me sentía fuera de training. La vuelta da nervios por esa falta, por eso tratamos de encarar todo bien entrenados, bien ensayados". -¿Cómo se arma una lista de canciones para un show propio y en un festival? -El show de Córdoba fue con público propio: tocamos para gente que vino a ver a Massacre, que pagó la entrada para vernos a nosotros. Con esa gente tenés un código mutuo. Conocen la obra, todos los temas de los discos, entonces vos armás un repertorio a partir de eso. En cambio, al otro día, tocamos en un festival donde tocó Eruca Sativa, Él Mató, Turf, Árbol... y ahí la mayoría del público no te conoce. Lo que hacés es ejercer la seducción de la cita a ciegas. Tenés que mostrar todo lo mejor tuyo. Está buenísimo porque son dos listas completamente distintas. Video Walas cuenta su experiencia después de Masterchef Celebrity -¿Cambió la composición del público de Massacre a partir de tu participación en MasterChef Celebrity? -Después de MasterChef cambió por completo. MasterChef se llama MasterChef Celebrity y me convertí en una celebrity o, como digo yo, una minor celebrity, una celebridad menor. Pero me conoce mucha más gente ahora. Antes me saludaban quienes me conocían por el rock, pero ahora me saludan matrimonios, parejas, familias, niños... Muchos me dicen: "Te banco desde siempre por la música", y muchos me dicen: "Te conozco de MasterChef". -¿Llega al punto de ser avasallante? -No hay día en que salga de mi casa y no me salude alguien o me suba al Uber y me diga: "Usted es el de MasterChef". El programa me dio el carnet de celebrity por encima del rock. No de gran popularidad, pero de celebrity por encima del estándar del rock. -No les doy mucha bola. Apenas tengo Instagram... Y tengo Facebook nada más que por el Marketplace, para compra, venta y canje de skates, de discos, de antigüedades que colecciono como muñecos de ventrílocuo... Compré hace poquito una cajita musical antigua italiana que le das cuerda y bailan unos muñequitos como de Versalles, divinos. Tiene unos colores divinos, antiguos. Es una cosa hermosa. Se lo compré a una mujer. Hace tiempo le tenía el ojo echado. Me animé y le peleé el precio. Hay que regatear siempre. -¿Y ella te había identificado? -No, no... En un momento le dije que era músico, que me iba a tocar a Córdoba y Santa Fe. Entonces le dije que desde ahí iba a transferirle, a hacer el deal. -¿Dónde escribís tus letras? -Tengo dos anotadores que son la guitarra y el cuaderno, un cuaderno físico y el diapasón de la guitarra. Para mí el diapasón de la guitarra funciona como un cuaderno. Y tengo cuadernitos físicos de a montones, que están acumulándose. -¿Cada tanto los volvés a leer? -Sí, me encanta. Me doy cuenta de que cada cuaderno responde a un disco. En el cuaderno están los bocetos de las letras, las ideas que van a derivar en letras; las ideas gráficas, las ideas visuales, la tapa, la contratapa, las láminas para el CD, el booklet. -¿Te pasó de revisar todo eso y que te parezca malísimo lo que hiciste? -Eso pasa mucho de la noche a la mañana. En una noche iluminada te pasa que decís "Uy, qué genialidad, acabo de descubrir la verdad del universo". Grabás o anotás cosas y a la mañana siguiente tenés la posibilidad de que eso siga siendo una genialidad o que sea una cagada, que decís: "Qué pavada, qué estupidez". -Solés repetir que Massacre es un grupo matriarcal, ¿Por qué? -Massacre es un grupo absolutamente matriarcal. Porque primeramente somos seis, a pesar de que somos cinco músicos. Somos seis con Tori, que es mi mujer y mi mánager hace muchos años. Después, dependemos de dos cosas. Primero del 220, de la electricidad. No somos un grupo acústico, somos un grupo que necesitamos enchufar los teclados, las violas, los amplificadores. Y después dependemos de la figura de la matriarca: de las chicas que laburan de prensa, diseñadoras o vestuaristas. Eso desde siempre. Quizás ahora el rock incorpora lo que se llama el cupo femenino, pero nosotros desde siempre fuimos matriarcales. Empezando porque dependemos 100% de Tori y de sus decisiones, de sus de sus researchs, de sus contactos, de su agenda. Es la que organiza todo lo que hacemos. Eso desde desde lo ejecutivo. Y desde lo artístico siempre le rendimos culto a poetas femeninas. A las beatniks, a las beatniks por sobre los beatniks. Siempre hicimos temas de Patti Smith, Marian Faithful. La imaginería de Massacre siempre son figuras femeninas. La Reina de Marte, la Virgen del Nocaut... -¿Todo esto es algo pensado, a propósito, o se fue dando? -Creo que viene de que soy hijo de padres separados y criado por mujeres. Y después mi temprana militancia, de cuando era muy chico, muy adolescente, fue el anarco punk. El anarquismo que interactuaba con lo punk. Uno de los componentes más importantes que tiene el anarco punk es el feminismo, los derechos de género, los derechos humanos, los derechos animales. Te estoy hablando de los años 80. El feminismo está muy presente siempre en lo ideológico y entonces repercute en la en la obra. -¿Cómo fue esa crianza con tu madre y tu abuela? -Tuvo mucho más incidencia en mi crianza mi abuela. Yo era un niño chapado a la antigua, un niño completamente antiguo. Mi vieja incidió en lo cultural porque era una intelectual que vivía entre libros. Su máximo interés eran los libros. Y, en lo social, me influyó mi abuela, que es la que me enseñó a nadar, a andar en bicicleta, a andar en patines, a andar en... todo. Es la que me hizo conocer mi primer gran amor que fue el skate. Una de las vertientes que tengo es ser skater, ex skater, campeón de skate en su momento. Eso se lo debo a mi abuela. -¿Cuándo viste un skate por primera vez? -La primera importación que hubo de skate, acá en Argentina, que fue en el Mundial 78. Al principio no me interesó y no le di mucha bola, pero después hubo una segunda estocada en la que sí me vinculé con el skate y me enamoré para siempre. Y así me hice de los mejores skaters de acá de la Argentina y campeón y número uno. ¡Groso! -Mientras Argentina vivía fútbol, un deporte en equipo, vos estaba más con el skate, que es de una sola persona... -Total. Ahí me di cuenta de que era alternativo. Ya iba contra la corriente, iba contra lo impuesto, lo establecido. Y también lo individual. A mí me encantan los deportes de tabla: el skate, el surf y el snowboard. Deportes en los que no dependés del otro. Sos vos solo. Si hacés la maniobra bien, sos vos el que haces el gol. No dependés de que te pasen la pelota, de pasársela a otro. Nunca funcioné de chico en los deportes de equipo, hasta que fundé Massacre. Y entonces, sí, ahí sí somos cinco voluntades en función de una misma cosa inmediata, que es una canción, que es un recital, que es un show... -¿Pero por qué la cuestión grupal cuajó en lo musical? -Al principio lo que componía y escribía lo hacía de forma individual. Agarraba una guitarra, que era de mi abuela, un cuadernito y hacía poesías e ilustraciones. Y eso lo empecé a acompañar con música, con la base, que era una base inspirada en The Cure, en Joy Division, en cosas así, medias minimalistas y básicas. Y después me di cuenta de que esa especie de bajo que yo tocaba con la guitarra de mi abuela necesitaba acordes. Necesitaba guitarra. Necesitaba brillo. Necesitaba chorus. Después conseguí una guitarra eléctrica. ¡Mirá qué matriarcales que somos, que la primera guitarra eléctrica que tuve se la compré a una banda de chicas que se llamaba Las Bay Biscuits, donde tocaba Fabi Cantilo! Y la primera guitarra acústica que tuvimos se la compramos a María Gabriela Epumer. O sea que tenemos lo femenino por todos lados. -¿Cuánto influye en la obra el lugar de donde uno viene, que en tu caso es Caballito y Almagro? -Con los años me di cuenta de que mi vida transcurrió a la vera de la Avenida Corrientes. Yo vivía entre medio de los subtes A y B. El A, que va por Rivadavia, y el B, que va por Corrientes. Toda mi vida transcurrió ahí, hasta llegar, si querés, a un símbolo de consagración que es el Luna Park, que es en el fin de la Av. Corrientes. O tocar en el Gran Rex. Primero iba de público. De chico iba al cine Los Ángeles a ver películas infantiles. Iba al Teatro San Martín a ver títeres, que me llevaba mi abuela. Todo en la Av. Corrientes. De adolescente iba a los recitales alternativos, punks, en lugares de la Av. Corrientes, como por ejemplo, uno que se llamaba Ave Porco, otro que se llamaba Medio Mundo Varieté, El Centro Cultural Ricardo Rojas. Y, ahora que lo pienso, voy a tocar en el fin de la Av. Corrientes, en el C Art Media, o donde nace. Mi vida transcurrió siempre a la vera de Av. Corrientes. Y he actuado como actor en la obra El Principito, en el Teatro Ópera, justo enfrente del Gran Rex. Así que mi vida es la Av. Corrientes. -¿Vas a ir en skate al C Art Media, o eso lo hacés solo en Obras Sanitarias? -Yo hice una promesa cuando era chico. Dije que cuando llegáramos a Obras yo iba a ir en skate. Y lo hice. Me acuerdo que lo cubrió MTV. Vinieron a mi casa con una camioneta americana vintage. A una cuadra y media antes me bajo de la camioneta con un skate buenísimo que tenía. Llegué y entré a Obras en skate. Y las siguientes veces que toqué en Obras hice lo mismo, ya más de grande, de gordo... Llegar a Obras es como una especie de cosa ritual, litúrgica, religiosa. -Entonces no lo vas a repetir en el C Art Media... -Ahora que lo pienso el piso del C Art Media está muy bueno, tiene el piso muy liso. Así que voy a llevar un skate. DD Sobre la firma Newsletter Clarín

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