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  • La novela como memoria, cuando España se partió en dos

    » Tiempo Argentino

    Fecha: 07/05/2026 20:06

    Faltan algunas semanas para que se cumplan noventa años del golpe de Estado que intentó derrocar a la Segunda República y que, tras su fracaso, desató una guerra civil que desangró a España. Sin tu Venia y Un Puente en la Niebla, del escritor Hernán Labate, tienen la virtud de transportarnos a aquella época que marcó para siempre el destino de un país. Incursionar en el género de la novela histórica exige un pulso muy particular. Lograr narraciones vibrantes, capaces de atrapar al lector más allá de los hechos conocidos no es para cualquiera. Labate lo consigue. Y en dos oportunidades. Sin tu Venia atrapa desde la primera página. En 1995, cuando Manuel regresa a la Argentina para vender la casa de sus padres tras la muerte de ambos, descubre sus diarios personales. Pero esos relatos no son los de los Paco y Juana que él conoció, sino las crudas crónicas de dos jóvenes de dieciocho años obligados a defender su amor en medio de una guerra civil. Los poetas dicen que no hay límites para el amor, pero seguramente ninguno de ellos estuvo en la España de 1936. Además del impacto de la narración, queda flotando una pregunta que muchos nos hemos hecho alguna vez: ¿cuánto sabemos realmente de las personas que más amamos? Porque a veces convivimos toda una vida con alguien y, aun así, desconocemos quién fue antes de convertirse en nuestro padre, en nuestra madre o en esa figura cotidiana que creemos conocer por completo. Un Puente en la Niebla narra la historia de dos hermanos que quedan huérfanos poco después de nacer. Ser nietos de hombres que disputan el control de Tarragona en la primera década del siglo XX los condena al abandono y al destierro. Se forman en un internado jesuita de Madrid, y la mayoría de edad los alcanza en los momentos más difíciles de su país. Que uno abrace la vida religiosa y el otro la carrera militar, que uno adhiera a las ideas de la República y el otro busque combatirlas, no debería afectar el amor fraternal que los une ¿o sí? Dos historias distintas que, sin embargo, tienen muchos puntos en común. Ambas conmueven y estremecen por igual. Tratan de interpretar los sentimientos, miedos, incertidumbres, angustias y dolores de los hombres y mujeres enfrentados a circunstancias límite para las que no estaban preparados. Y eso resulta tan apasionante como desgarrador. Labate nos acerca las vicisitudes de las personas comunes. Sus protagonistas no aparecen en los libros de historia. Son, por el contrario, quienes padecen las consecuencias de decisiones tomadas por otros. Y sus personajes enamoran. Pueden ser jóvenes llenos de utopías; militares y militantes fanatizados; obreros, estudiantes, religiosos o campesinos. Pero todos terminan, sin saber cómo, en el centro de improvisados campos de batalla, luchando por su vida. Las novelas comparten, además, una mirada histórica que evita el maniqueísmo. No hay personajes planos ni posiciones simplificadas. Labate evita las tramas donde hay buenos muy buenos y malos muy malos. Se interesa más por las zonas grises, por las contradicciones y por los dilemas morales que atraviesan a individuos concretos. Esa elección no solo enriquece la construcción narrativa, sino que también permite una aproximación más honesta a un período que aún hoy genera debates y pasiones. Fue, sin duda, una época única en la historia de España. A partir de julio de 1936 y durante casi mil días, la península quedó sacudida por la peor de las desgracias: una guerra civil que la partió en dos bandos irreconciliables. Familias y amigos se vieron divididos, en muchos casos sin siquiera comprender el motivo. Comenzaron entonces años de traiciones, ejecuciones, cárceles y exilio. Las consecuencias fueron tan devastadoras como la propia contienda. Quinientos mil muertos, un número similar de exiliados, fosas comunes esparcidas por todo el territorio y heridas que quizá aún no hayan terminado de cerrar. Uno de cada cincuenta españoles murió en el conflicto y otro se vio forzado a exiliarse. Quienes permanecieron en la península debieron convivir con el hambre y las cartillas de racionamiento durante largas temporadas, y con una dictadura que se extendió por treinta y seis años. Tanto Sin tu Venia como Un Puente en la Niebla consiguen transmitir el drama de una época. Para quienes tenemos antepasados que sobrevivieron a la España de la guerra civil y hemos escuchado relatos transmitidos de generación en generación, estos textos nos devuelven a crónicas que no podemos olvidar. Y aquellos que no han tenido que enfrentarse a esas historias harían bien en acercarse a estas novelas para comprender lo que ocurrió hace apenas unas décadas en un país muy parecido al nuestro. No hablamos de los faraones de Egipto ni de los cónsules de la Antigua Roma. En términos históricos, esta tragedia sucedió ayer. Casi sin proponérselo, o a lo mejor sí, ambos libros permiten aproximarnos a la historia desde otro lugar y aprender de los errores para que no se repitan. La guerra civil no comenzó con los disparos, sino mucho antes, en el terreno de las palabras, de las desconfianzas y de las certezas absolutas. El abismo no se abre de un día para otro; se va cavando lentamente, cuando la sociedad se divide en bandos que ya no se escuchan, que dejan de verse como adversarios para considerarse enemigos. A noventa años del inicio de la guerra civil, Sin tu Venia y Un Puente en la Niebla nos invitan a adentrarnos en una realidad que la España de las últimas décadas ha intentado silenciar. Quizá porque, cuando el dolor es tan grande, ocultarlo resulta más sencillo para poder seguir adelante. La editorial Aurelia Rivera Libros promete que para noviembre de este año verá la luz la tercera novela del autor, Espejos Rotos. Aquí la espera, ansiosa, una lectora.

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