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» Tiempo San Juan
Fecha: 07/05/2026 16:09
Historia de resiliencia y superación. En las malas se ven los verdaderos protagonistas y eso puso a prueba una vez más Juan Manuel Coronado, que sacó fuerzas desde no tenía y se las ingenió para seguir. Sin querer y con el paso del tiempo, el sanjuanino encontró en el fútbol adaptado un cable a tierra que hoy, a sus casi 47 años, lo tiene el principal actor a nivel sudamericano. Esta es su historia, la que lo convirtió en ejemplo de muchos. Hay momentos en la vida que marcan un antes y un después, de esos que te obligan a barajar y dar de nuevo. Para el sanjuanino, ese quiebre llegó con un proceso de rehabilitación duro, de esos que no solo se curan con kinesiología, sino con la cabeza y el aguante de los que están cerca. Su familia que fue su principal pilar y sus amigos, una banca total desde el día uno. Corría el año 2004, una imponente fábrica de alambres y una media hora eterna. Su salida de la empresa era a las 18hs, pero en apenas un puñado de minutos, la historia tuvo otro final. Una máquina agarró su pierna y 'le cortó todo, quedó destruida'. "Se cortó la arteria femoral que eso fue lo que produjo el año más grave", contó, en un relato que viajó 22 años atrás. Ya sin miedos y un momento que pudo superar. Tras recibir el alta después de estar 14 días internado y con acompañamiento psicológico, Juan Manuel volvió a su casa y necesitó de todos para levantar el ancla de ese mal momento. No se salvó solo, ahí estuvo la pila de los Coronado y la 'chorrera' de amigos, que no lo dejaron caer. A su cuerpo le faltaba una extremidad y esa lucha no fue fácil. Intentó acostumbrarse a la prótesis mientras laburaba en una casa de repuesto, pero el cuerpo y la comodidad le pedían otra cosa. Fue ahí, casi de casualidad a fines del 2010, cuando un compañero le habló de algo que le cambiaría la perspectiva para siempre: el fútbol de amputados y los bastones ortopédicos. Sin internet a mano en esa época, Juan Manuel se movió a pulmón. Buscó diarios, mandó mails y se compró sus propios bastones, "como quien se compra botines", bromeó. En febrero de 2011, se mandó a una convocatoria en La Paz, Mendoza, pensando que se iba a encontrar con algo tranqui, pero se equivocó. Se topó con un deporte de "matar o morir", donde el roce y la exigencia son moneda corriente. El fútbol se juega igual, acá y en todos lados. Pero ahí, su pasado de "rústico" en las canchas de barrio y en el predio de Aberastain, le dio el plus que necesitaba. El resto de la historia se cuenta sola. El pocitano se hundió, pero sacó fuerza para ponerle color al mal momento. Le sobró entusiasmo y muchas ganas. Un ejemplo de verdad. Hoy, lleno de experiencia y dejando atrás ese pibe que se accidentó en una fábrica, dice que la vida le quitó pero también lo premió: es jugador de Los Teros en Talleres de Córdoba, viste los colores de la Selección Argentina y tiene el privilegio de jugar Copa Libertadores.
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