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Concordia » Realnoticias
Fecha: 07/05/2026 07:55
«Jugamos bien contra personas, no contra quienes juegan como animales». A pesar de la victoria ante la Selección Argentina, el técnico inglés, Alf Ramsey, quedó caliente con el accionar de la Albiceleste, por lo que enunció esa frase discriminatoria una vez finalizado el encuentro, la cual también se había replicado en las tribunas. Y es que el principal protagonista de ese partido fue el escándalo. Pero vamos por partes: el Mundial de 1966 fue polémico desde su génesis. Por ese entonces la FIFA era comandada por el inglés Stanley Rous, quien pretendía que el torneo se jugara en su país en conmemoración por los 100 años de la fundación de la federación inglesa. Por eso, a la hora de la votación, hizo pesar su influencia para que el país británico se impusiera sobre Alemania, el otro candidato que quería organizar la Copa del Mundo. Así, Inglaterra pasó a ser el anfitrión luego de ganar con 34 votos contra 27 y el plan se puso en marcha: la copa debía quedarse en el país y ser entregada por la Reina Isabel II. Por eso, la repartija de cupos fue totalmente desigual: nueve estuvieron destinados para Europa, cuatro para Sudamérica, uno para Norteamérica y el restante se debía definir en una eliminatoria entre los países de África, Asia y Oceanía. Enseguida, los africanos pidieron un cupo propio pero la FIFA se negó, por lo que automáticamente se bajaron todos los equipos de ese continente, sumado a Siria y Corea del Sur, quienes decidieron solidarizarse. Así, comenzó la Copa del Mundo, la cual desde el inicio estuvo sumida en sospechas que argumentaban un claro favorecimiento a Inglaterra. Y es que mientras potencias como Brasil, Uruguay, Argentina, Portugal e Italia jugaban cada tres o cuatro días, los ingleses gozaban de un descanso de seis días entre partidos, además de que los arbitrajes eran, por lo menos, polémicos. El partido que dio comienzo a la rivalidad entre Argentina e Inglaterra Así las cosas, las selecciones que eran consideradas favoritas pasaron a cuartos de final, a excepción de Brasil, que denunció una serie de arbitrajes excesivamente permisivos con el juego brusco destinado, principalmente, a Pelé. Sin embargo, las sospechas se acrecentaron con el sorteo de los árbitros para los cuartos de final ya que, cuando las delegaciones llegaron, las designaciones ya se había hecho y, casualmente, el partido entre Argentina e Inglaterra iba a ser dirigido por un alemán y el encuentro que disputaron Alemania y Uruguay fue arbitrado por un inglés. Spoiler: la final la jugaron británicos y teutones. Bajo ese manto de sospechas, Argentina salió al terreno de juego «perseguida» con lo que podría hacer el juez Rudolf Kreitlein. De hecho, tiempo después, Silvio Marzolini, lateral izquierdo de aquella selección, reconocería que «nuestro error fue que entramos a la cancha pensando demasiado en el arbitraje». Justamente, por esa situación y por el hecho de que Inglaterra era el gran candidato, Juan Carlos Lorenzo planteó un equipo defensivo, que buscaba demorar ante cada oportunidad para sacarle ritmo al juego. Y lo cierto es que el plan venía funcionando hasta que a los 37 minutos se dio una situación clave: luego de un ataque de Inglaterra, Antonio Rattín, capitán de la Selección Argentina, se acercó al juez para reclamarle una supuesta falta previa. Pero había un problema, el árbitro no entendía español y el volante no hablaba alemán ni inglés. Así, la discusión entre ambos se extendió y el exjugador de Boca pidió un intérprete. Pero para su sorpresa, el árbitro lo invitó a retirarse de la cancha. Sin embargo, por la barrera del idioma -o por viveza de Rattín-, el argentino no se iba y seguía insistiéndole al juez a pesar de que este le gritaba: «¡Afuera!». Fue tal la bronca que invadió al capitán que accedió a salir del campo de juego, pero se dirigió directamente a la alfombra roja de la reina y se sentó allí, lo que el público tomó como un insulto. Ahí permaneció durante 10 minutos hasta que decidió partir hacia el vestuario. Pero en ese momento se daría la polémica más fuerte de la tarde: mientras Rattín caminaba al borde del campo de juego, el público le revoleaba chocolatines y gritaba: «¡Animals, animals!», refiriéndose a los jugadores argentinos. Por eso, cuando pasó a la altura del córner, el capitán hizo un gesto que le agregó más nafta al fuego: como los banderines tenían la bandera de Gran Bretaña, el volante la tomó, la retorció y se la mostró a los hinchas. Ahí, los chocolates que caían de la tribunas se transformaron en todo tipo de proyectiles, por lo que no le quedó otra que correr hacia el vestuario. Ya con el clima completamente espeso, Argentina no pudo volver a meterse en partido e Inglaterra aprovechó el hombre de más, por lo que a los 77 minutos, Geoff Hurst puso el 1-0 final. Sin embargo, la polémica persistió ya que el DT inglés apuntó contra los jugadores argentinos diciendo que eran «animales», aunque lo que más bronca dio en la Albiceleste fue la justificación que dio el árbitro para echar a Rattín: «Me miró con mala intención, por eso me di cuenta que me había insultado». Insólito 50 años después, Rattín continuaría con la bronca. En diálogo con La Nación indicó: «Yo veía que cobraba todo a favor de Inglaterra este señor alemán. Bah, señor no. Retiro lo dicho. Este guacho les daba todo a ellos: córners, foules. Hasta inventaba manos. Todo para los locales (). Me quedé parado en el medio del campo y mis compañeros me rodearon para que no me echen. Pero entonces entró el vicepresidente de la FIFA y varios dirigentes más. Y no tuve otra que irme al vestuario», recordó. Y además, contó cómo fue el episodio del banderín: «Era tan injusta la expulsión Cuando llegué a la esquina del campo veo que una banderita británica flameaba en los postes, así que la retorcí con la mano, miré a los hinchas y les dije: Ingleses hijos de puta'», reveló. Lo cierto es que este episodio le valió una dura sanción a Rattín. Al día siguiente del conflicto, el Comité Disciplinario le aplicó una sanción de cuatro partidos a nivel internacional y hasta se evaluó suspenderlo de la Selección Argentina por «conducta antideportiva», algo que no se terminó haciendo efectivo. Con todo esto, a partir de ese momento los Argentina-Inglaterra nunca volverían a ser iguales. Acaso, la resistencia de los jugadores de la Albiceleste y la rebeldía de Rattín fueron la génesis de un clásico entre dos selecciones que, hasta ese momento, no tenían ningún tipo de rivalidad. Claro que después, en el 86, alcanzaría su punto más álgido. El plan para que los sudamericanos no se consagraran Lo cierto es que, más allá de eso, la Copa del Mundo seguía su curso y, al igual que Argentina, Uruguay también fue perjudicado. Y es que el árbitro Jim Finney no le dio un claro penal a la Celeste, que también padeció las discutidas expulsiones de Horacio Troche y Héctor Silva en el arranque del segundo tiempo. Eso fue demoledor para el conjunto charrúa, que terminó cayendo por 4-0. Ya consumadas las eliminaciones de Argentina y Uruguay, varias voces se alzaron denunciando que el Mundial estaba «arreglado». De hecho, hasta Joao Havelange, entonces presidente de la CBF y quien sería titular de la FIFA a partir de 1974, se unió a los reclamos: «Alemania jugó con Uruguay y el árbitro era inglés. Argentina jugó con Inglaterra y el árbitro era alemán. ¿Cuál fue la final? Inglaterra y Alemania», se quejó. Y justamente, como para terminar de darle la razón a las suspicacias, en la final llegaría el famoso «gol fantasma». En el alargue y con el partido 2-2, Geoff Hurst remató, la pelota pegó en la parte interna del travesaño y rebotó por delante de la línea del arco. Sin embargo, el juez de línea indicó que había entrado por completo Luego, el propio delantero se encargaría de sentenciar la historia anotando el 4-2 final. Así, Inglaterra se quedaba con la Copa del Mundo en una de las ediciones más polémicas en la historia de los mundiales, logrando el objetivo propuesto al principio: que la Reina Isabel II le entregara el trofeo al equipo. Así, un estadio de Wembley colmado por más de 100.000 espectadores festejó el tan ansiado título que, paradójicamente, sería la única vez, hasta el momento, que los británicos se quedarían con la Copa del Mundo. Mirá también Chile 1962: el Mundial más violento de la historia y que el anfitrión le robó a Argentina Fuente: Olé
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