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  • Cristian Girard: Javier Milei usa el hambre como herramienta macroeconómica

    Parana » Cuestion Entrerriana

    Fecha: 06/05/2026 22:03

    Cristian Girard: Javier Milei usa el hambre como herramienta macroeconómica El titular de ARBA advirtió por una crisis productiva con recaudación en niveles de pandemia y acusó al Gobierno nacional de ajustar vía consumo e ingresos Cristian Girard, titular de la Agencia de Recaudación de la provincia de Buenos Aires (ARBA), lanzó una durísima acusación contra Javier Milei: usa el hambre como herramienta macroeconómica y advirtió que la recesión ya se traduce en recaudación en niveles de pandemia. Economista, docente universitario y uno de los nombres de mayor confianza en el círculo íntimo de Axel Kicillof, Girard integra la mesa chica del gobernador desde hace años. Fue titular de la Comisión Nacional de Valores cuando el actual mandatario bonaerense era ministro de Economía de la Nación y hoy conduce el organismo recaudador del distrito más poblado del país. Crisis productiva, desindustrialización y sobreexplotación Desde ese lugar privilegiado para leer la temperatura económica bonaerense, el funcionario describe un cuadro que no admite eufemismos: crisis productiva, recaudación en el piso y un gobierno nacional al que acusa de utilizar el hambre como variable de ajuste. La situación es crítica en distintos niveles, arranca Girard sin preámbulos. Los números que cita son elocuentes: en la industria textil, dos de cada tres máquinas están paradas, y en la industria en general el 50%. Para él, esas cifras no son solo un indicador productivo sino el punto de partida de una cadena de deterioro social. Eso es un proceso de desindustrialización muy acelerado que tiene como primer impacto la pérdida de puestos de trabajo asalariado formales, explica. Quienes caen fuera del empleo registrado, agrega, tienen que ir a laburar de lo que haya: manejar un Uber o repartir en una moto. El fenómeno, sin embargo, no se limita a los desocupados. A ellos se suman trabajadores que conservan su empleo formal y aun así no llegan a fin de mes, obligados a recurrir a esas mismas plataformas para completar ingresos. El resultado es, según Girard, el síntoma dominante del momento: Tenés crisis productiva, desindustrialización, precarización laboral y sobreexplotación. Hay, además, una dimensión que le preocupa más allá de lo económico: el modo en que ese malestar se procesa o no se procesa políticamente. Los dramas son individuales: estoy trabajando, no me alcanza la guita, tengo deudas, y estoy siempre corriendo atrás de un quilombo distinto, siempre propio. Y como no podés parar la pelota, no te das cuenta que están todos igual que vos, y entonces tampoco tenés la posibilidad de trabajar colectivamente una salida, lo que juega a favor del ajuste y la motosierra Milei, advierte. Recaudación en el piso: Estamos en nivel de pandemia El retroceso productivo tiene correlato directo en las cuentas de la provincia. Girard recuerda que los recursos propios dependen fundamentalmente de Ingresos Brutos y Sellos, que explican cuatro de cada cinco pesos que recauda Buenos Aires, impuestos que se mueven al ritmo del consumo y la actividad. Con ambos en caída, apela a una comparación tan precisa como inquietante: Si miramos para atrás, estamos en nivel de pandemia o salida de la pandemia, cuando había restricciones a la circulación o a determinadas actividades. Ahora tenemos la pandemia, pero sin el virus, grafica. El respiro relativo que encontró la gestión provincial llegó por otra vía: la aprobación de la Ley Impositiva en la Legislatura que el año pasado no había ocurrido permitió recomponer algo de la recaudación patrimonial. Tenemos un primer cuatrimestre en términos reales empatado con el año pasado, o un poquito arriba, pero ahí en el piso, reconoce. Girard construye un contraste con la política fiscal nacional que considera revelador. Mientras la recaudación de la Nación lleva nueve meses consecutivos de caída, el único tributo que crece es el Impuesto a los Combustibles. Cuando vos cargás un tanque de nafta, un cuarto de ese tanque va para Milei. Y con esa guita no hace obra, ni se la da a las provincias, denuncia. La crítica se extiende a la reducción de Bienes Personales y los sucesivos blanqueos, que para él configuran una inequidad difícil de justificar: Está subiendo un impuesto que paga la mayor parte de la sociedad y está bajando el impuesto que pagan los que más tienen, dice. En ese punto, también sale al cruce de lo que llama la narrativa oficialista sobre la presión tributaria provincial y municipal: Es mentira. La mayor carga tributaria es nacional. De los 30 y pico de puntos de presión tributaria que hay, 27 son nacionales, 4 de las provincias y 1 de los municipios, remarca. Sin descartar la necesidad de simplificar el sistema, Girard pide que el debate sea de fondo: Hay que tener una reorganización integral del sistema tributario. Rediscutir todo: cómo recaudar mejor, con más progresividad, y cómo alinear incentivos para que cumplir sea más atractivo que incumplir, indica. Y retoma una promesa incumplida del Presidente en la campaña electoral para ilustrar lo que define como demagogia tributaria: Milei prometió que se iba a cortar un brazo antes de que los trabajadores paguen Ganancias de cuarta categoría, y hoy sube la tasa de combustible cada vez que puede. Asfixia fiscal bonaerense y el hambre como política En ese contexto de restricción fiscal, el titular de ARBA defiende la gestión de Kicillof apelando a un argumento estructural: la provincia de Buenos Aires aporta el 40% de la masa de recursos coparticipables y recibe apenas el 7%. Paralelamente, recuerda que es la que menos empleados públicos por habitante tiene y la que menor presupuesto posee por habitante, mientras señala que la mayor parte de la población tiene necesidades básicas insatisfechas, viviendo en indigencia o sin acceso a servicios básicos. Por eso, reclama revisar los coeficientes de coparticipación. Aun así, el funcionario reivindica lo construido en estos años: Se han hecho un montón de cosas en estos seis años: mil escuelas, hospitales, centros de atención primaria de la salud, viviendas, obras viales. Eso es un uso eficiente de los recursos, destaca. Aunque reconoce que no alcanza, la gente pide más, siempre falta mejorar las rutas, más jardines de infantes, docentes mejor remunerados. No es la situación ideal, queremos que la gente esté mejor todavía, pero con lo que hay es todo lo que podemos hacer. El pasaje más duro de la entrevista con los colegas de Ambito, llega cuando Girard habla de la polémica con la Nación por la asistencia alimentaria. Lejos de cualquier diplomacia, el funcionario señala una intencionalidad política detrás del recorte: Claramente si la gente no tiene para comer, es porque la política económica de Milei busca que la gente no tenga para comer. El objetivo del gobierno nacional es bajar la inflación matando el consumo, y la forma de matarlo es que la gente no tenga ingresos. Ante ese retiro, dice, la Provincia respondió con aumentos en el Servicio Alimentario Escolar y envíos directos a los municipios para reemplazar lo que antes era el Plan MESA. Milei, corrupción y el peor momento desde que asumió ¿Cuánto aguanta políticamente ese modelo? Para Girard, el deterioro de la imagen del Presidente es una consecuencia lógica de la base material, aunque advierte que el malestar económico necesita un catalizador para traducirse en acción colectiva. En los escándalos recientes Libra, ANIDS y el caso Adorni cree encontrar ese detonador: El problema que tiene Milei es que le entra la bala de la corrupción porque la situación económica está muy mal y ya no puede haber un divorcio tan grande entre la opinión pública y la realidad de la gente. Es el peor momento de Milei desde que asumió, reflexiona. Su diagnóstico sobre el gobierno libertario es lapidario. Es un gobierno de cancheros que no tienen con qué canchear, sentencia, y agrega lo que considera el error capital de la gestión: Cometen lo peor que pueden hacer: creerse sus propias mentiras. Peronismo 2027: Hay que querer ganar De cara a las presidenciales, Girard ve el escenario como favorable para el peronismo, pero con una condición que subraya con insistencia: voluntad real para revertir estas políticas ultraliberales. El escenario es positivo, afirma. En ese marco, reivindica la figura de Kicillof como referente que no cedió posiciones ni apostó al desgaste silencioso del adversario: No especuló con dejar que Milei se desgaste, guardarse y aparecer. Otros sectores del campo popular se sedujeron con esa idea de algo tendrá, algo estará viendo. No, nada está bien. Estuvimos en cada manifestación defendiendo los intereses del pueblo en la calle y denunciando a Milei sin mirar qué ventaja sacar, recuerda. Bajo esta mirada, el dirigente entiende que el peronismo tiene una chance inmejorable ante un gobierno que define como antipopular y antinacional. Sostiene: Esperemos que la rosca y el palacio no terminen imponiéndose en las decisiones que toman algunos dirigentes del espacio y que pongamos por delante, como dijo Perón, primero la patria, segundo el movimiento y al final los hombres. Así que en eso estamos nosotros. Hay un escenario abierto y positivo para el peronismo. Sobre la interna y la posibilidad de que diversos dirigentes se presenten a una primaria para dirimir candidaturas al interior del peronismo, se muestra pragmático: Si hay una PASO, habrá una PASO. Existen y hay que usarlas. El candidato tiene que ser el mejor para ganar. El año pasado en las legislativas dije que la clave fue un peronismo que quería ganar, que se encolumnó detrás de una estrategia. Y cierra ese tramo con una frase que funciona casi como lema: Hay que querer ganar; si queremos, se puede. Pero además tenemos que ganar no para repetir errores del pasado, sino para construir el futuro. No somos los soviéticos: empresas, RIGI y el modelo Galperín Para terminar, Girard sale al cruce de quienes acusan al kicillofismo de ser comunista o antiempresa. Lo hace con un argumento que pretende correrse de la grieta: Nosotros no somos los soviéticos, entendemos cómo funciona el capitalismo, plantea. Defiende el fallo YPF como prueba de que las decisiones del espacio están en línea con los estándares jurídicos internacionales y fueron estratégicas para el país, y rechaza el RIGI con una síntesis que resume su postura: Vengan acá, no paguen impuestos, llévense los dólares y saqueen los recursos naturales sin dejarle nada a la Argentina. Estar en contra de esto no es ser antiempresa, es ser anti-saqueo. El cierre le pertenece, sin embargo, a una reflexión sobre el empresariado y sus valores, en la que aparece como destinatario la figura de Marcos Galperín: Antes los ricos donaban hospitales; ahora constituyen residencia en Uruguay para no pagar impuestos y desde afuera se burlan de una jubilada que fue ama de casa toda su vida y no llega a fin de mes diciendo que no trabajó. Ese es el modelo que queremos cambiar. Nosotros no estamos en contra de los empresarios, pero queremos empresarios cuyos valores representen los intereses del colectivo y el bien común. Empresarios que inviertan, ganen plata, generen empleo, lo que mejora los servicios y el acceso a los bienes. Es fundamental el rol del empresario, pero esos empresarios deben entender que su éxito nace de una contribución colectiva, por lo tanto, tienen que devolverle a la sociedad algo que corresponde, finaliza. Una frase que, viniendo del hombre que administra la recaudación del distrito más grande del país, no es solo ideología: es también su razón de ser.

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