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» TN
Fecha: 06/05/2026 19:09
Julián Weich compartió en sus redes sociales un momento familiar íntimo junto a su hijo Jerónimo, más conocido como Momo, quien eligió un camino muy distinto al de él: lejos de los flashes, se volcó a la vida natural y la bioconstrucción en Córdoba. Sin embargo, eso no es ningún impedimento para que mantengan una relación marcada por la complicidad. En las últimas horas, el conductor mostró que ambos fueron juntos a la peluquería y no dudó en dar a conocer el antes y después del look de Jero. El hippie se va a cortar el pelo. Yo también, bromeó mientras enfocaba a su hijo, quien lucía el pelo largo y desordenado. Luego, entre risas, le tiró buena onda al peluquero: Edu, suerte. Mirá lo que es eso. ¡Un brócoli!. La escena dejó en claro que el humor y la ternura son moneda corriente entre ellos. Unos minutos después, el joven apareció con el pelo corto y los laterales rapados. Julián, fiel a su estilo, no perdió la oportunidad de hacer un chiste: Mirá qué lindo. Pará, no sé si te cortaron el pelo o te esquilaron. La aventura de Julián Weich y su hijo Jerónimo en Panamá Pero la conexión entre Julián y Jerónimo va mucho más allá de las bromas y los posteos familiares. El presentador siempre se mostró orgulloso del camino elegido por Momo, que desde hace años vive en Córdoba dedicado a la bioconstrucción y a una vida sencilla, lejos de la exposición mediática. En 2024, en una entrevista en el ciclo La Noche Perfecta (eltrece), Weich recordó una experiencia extrema que compartió con Jerónimo en Panamá: vivieron diez días en la calle, haciendo malabares para sobrevivir. Vive en Córdoba, terminó de yirar y ahora está ahí hace un par de años y se dedica a la bioconstrucción, hace casas de barro, contó. Sobre el viaje, relató: Fueron diez días viviendo en la calle, él haciendo malabares y yo pasando la gorra y me divertí, juntamos unos mangos, eran dólares. La experiencia fue tan intensa como insólita. Dormimos una vez en una playa desierta porque lo veíamos como un lugar divino, pero al final era como estar en invierno en Punta Mogotes, no había nada, ni para comer. Juro por mi vida que en un momento llegaron flotando un coco y una cerveza. La cerveza se la tomó él, porque yo no tomo alcohol, y nos fuimos a dormir felices, recordó Julián, mezclando humor y sinceridad.
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