06/05/2026 15:30
06/05/2026 15:30
06/05/2026 15:30
06/05/2026 15:29
06/05/2026 15:28
06/05/2026 15:28
06/05/2026 15:28
06/05/2026 15:28
06/05/2026 15:27
06/05/2026 15:27
Parana » Adn21
Fecha: 06/05/2026 14:34
Redacción ADN21
Cuando Javier Milei acusó de estafadores a los dueños de los medios y paralizó la megafusión de Clarín con Telefónica, no midió la capacidad de respuesta del holding. Hoy, el periodismo de guerra ha vuelto: la metrallada diaria de filtraciones sobre el enriquecimiento ilícito de Manuel Adorni no es solo una investigación judicial, es el arma ejecutora del gran diario argentino para quebrar al Gabinete desde adentro.
El asedio mediático que sufre el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, con revelaciones diarias sobre sus gastos millonarios en el barrio Indio Cuá, tiene un motor oculto: la guerra total entre el Gobierno y el Grupo Clarín. Semanas después de que la administración libertaria desestimara el plan de desinversión del holding y mantuviera frenada la absorción de Telefónica en el Enacom dejando a Clarín con una deuda externa de 1.200 millones de dólares corriendo, la maquinaria mediática se encendió. Elegir a Adorni, la voz del Gobierno y el detractor público de la prensa, como blanco de esta ofensiva es un mensaje de poder: si la Rosada no destraba los negocios, el ecosistema mediático destrozará a sus alfiles uno por uno.
En la política argentina, los escándalos de corrupción rara vez estallan por generación espontánea. Requieren de un fiscal dispuesto, sí, pero sobre todo de un altavoz mediático que marque el ritmo de la indignación pública. La cascada de Manuel Adorni, los 245 mil dólares en efectivo sin facturar confesados por el contratista Matías Tobar y el mármol travertino de su nueva mansión, son hechos graves y probados. Pero la cadencia con la que esta información gotea en los canales de televisión y las portadas de los diarios no responde a la casualidad, sino a una estrategia de asedio.
Para entender la metrallada mediática contra el jefe de Gabinete hay que mirar hacia el Enacom. Hace apenas unas semanas, Javier Milei decidió cruzar una línea roja: no solo insultó a los dueños de los medios llamándolos estafadores, sino que ejecutó un bloqueo económico sin precedentes al rechazar el plan de desinversión del Grupo Clarín para fusionarse con Telefónica. Héctor Magnetto, que había madrugado a los empresarios amigos del Gobierno comprando la filial española al contado con un crédito de 1.200 millones de dólares, se encontró con un freno administrativo operado por Rodrigo Lugones que puso en jaque las finanzas del holding.
El Presidente creyó que podía aplicar un kirchnerismo austríaco para disciplinar a Clarín sin sufrir las consecuencias. Se equivocó. La respuesta no llegó en los tribunales contencioso-administrativos, llegó en el prime time.
Manuel Adorni es el blanco perfecto para esta venganza. Como exvocero y actual jefe de Gabinete, es el rostro de la soberbia gubernamental frente a la prensa; el hombre que se burló sistemáticamente de los periodistas hoy es devorado por ellos. Al destrozar la imagen pública del funcionario más visible de La Libertad Avanza y empujarlo hacia la renuncia o la detención, Clarín le está enviando un mensaje letal a Javier Milei: el poder de la Casa Rosada es efímero frente a la capacidad de daño de un multimedio acorralado.
La guerra abierta por las telecomunicaciones ya se cobró su primera víctima táctica. Adorni no está cayendo únicamente por su impericia para ocultar su patrimonio; está cayendo porque quedó en la línea de fuego entre un Presidente dogmático y un holding que ha decidido usar sus rotativas como armas de ejecución.