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» Perfil
Fecha: 06/05/2026 13:23
El embajador de Colombia en Argentina, José Roberto Acosta, tiene un perfil que parece único: alfil del sector financiero "con mirada social" que resulta difícil de decodificar. El exoperador de Wall Street y exintegrante del gabinete de Gustavo Petro no tiene el tono de un militante político pero tampoco de académico, a pesar de que intercala ideas de pensadores para explicar su mirada sobre la coyuntura (como Habermas, Foucault, Nietzsche o el propio Marx) con la soltura de quien los leyó más de una vez y puede contarlo como si hablara de un partido de fútbol, en un contexto donde la atención está limitada "a los titulares". Acosta es abogado, economista y fue corredor de bolsa en una época donde en las oficinas de Manhattan todavía se operaba "con pizarrón y tiza", según describe. También se dedicó a la docencia y al periodismo, participando de hitos como la revelación local del escándalo de Odebrecht, hasta que finalmente saltó a la función pública para liderar un área económica clave del primer gobierno progresista de la historia colombiana. En cada uno de esos roles, asegura, la brújula fue la misma: aplicar la lógica de mercado, definido como un espacio impredecible, democrático y con reglas, en la lectura política local e internacional. "No conozco a otro trader o banquero 'zurdo' de Colombia", reconoce en clave argentina, apelando a su costado académico y definiéndose, en esa línea, como "marxólogo" (y no como marxista). "Marx me enseñó algo central que me hizo ganar plata: la diferencia entre precio y valor, algo que es clave en la bolsa y que muchos no entienden. Eso lo aprendí leyendo El Capital muy joven, sin conocer todavía a Warren Buffett", sostuvo, en una entrevista con PERFIL, donde abordó múltiples temas: desde la lectura del orden global en transición, pasando por el clima electoral en Colombia, la relación bilateral "normalizada" que sobrevivió a los cruces entre Petro y Javier Milei en redes sociales. ¿Qué puede aportar un trader a la diplomacia? "El aporte es entender la lógica real de los mercados: la especulación, la incertidumbre y la toma de decisiones con información incompleta. En algún sentido, todos operamos así, no solo en las finanzas sino también en la vida. El mundo es impredecible; por eso vuelvo a Foucault y a la idea de que las estructuras fijas se rompen. Se trata de ser pragmático, sin perder la sensibilidad social, y asumir que las decisiones reales se toman siempre en un contexto de incertidumbre permanente". En el caso de Acosta, que comparte el perfil con otros traders argentinos devenidos en funcionarios públicos, la referencia Marx parece ser el eje alrededor del cual ordena su propia identidad intelectual y política: un hombre que usó al autor del Manifiesto Comunista como herramienta para operar en los mercados pero, principalmente, para entender el funcionamiento del poder global. La misma mirada que ahora aplica a la diplomacia bilateral entre dos gobiernos que, al menos en el plano de la retórica, parecen pertenecer a universos distintos. Desde la embajada de Colombia, en el barrio porteño de Retiro, Acosta dejó entrever una paradoja que no le incomoda a pesar del contexto, considerando que ejerce en un país cuyo presidente, Javier Milei, no solo se ubica en las antípodas ideológicas de "lo zurdo" sino que cuestionó abiertamente a su par colombiano al llamarlo "asesino, comunista terrorista"), una situación que derivó en la expulsión de diplomáticos argentinos de Bogotá en 2024 y que ahora, diplomacia mediante, parece estar normalizada. "En la práctica la relación funciona, más allá de la retórica política, dijo, detallando una serie de acuerdos bilaterales que prosperaron gracias a la buena relación con los cancilleres libertarios. Roberto Acosta, el "trader marxólogo" de Colombia En agosto de 2025, Acosta llegó en un momento en que la relación entre Bogotá y Buenos Aires cargaba el peso de las acusaciones cruzadas entre Milei y Petro en X. Hasta entonces había ocupado la dirección de Crédito Público del Tesoro. Su desembarco en Argentina respondió a una necesidad de recambio en Bogotá y de sostener un vínculo bilateral delicado. "Creí que Colombia era entretenida pero Argentina nos sobrepasa", admitió con una sonrisa, en medio del ruido posterior a la presentación del jefe de gabinete, Manuel Adorni en Congreso, mientras toma notas sobre las frases mas comunes del lunfardo argentino. Cuenta que fue corredor de bolsa en la era pre-digital y luego periodista en El Espectador, donde destapó el escándalo de Odebrecht en Colombia antes de que Estados Unidos lo publicara, denunció la estafa del gigante petrolero Pacific Rubiales y frenó temporalmente la privatización de una hidroeléctrica clave. "Vendimos ahí una soberanía energética que es hoy estratégica, no solo en energía sino en agua", contó. A partir de ese recorrido (mercados, periodismo de investigación, docencia, gestión pública), Acosta aplica esa capacidad característica de leer flujos de capital, de información, de poder, a su rol como diplomático. Al analizar la coyuntura global, partiendo del instrumento teórico (Marx) que le permitió combinar todos esos mundos: la distinción entre el precio (dictado por el mercado) del valor de un activo (lo que lo sostiene en el tiempo). Sos parte del grupo selecto de financistas de Wall Street reinventados en funcionarios públicos, una lista que integran desde Scott Bessent a Luis Caputo o Pablo Quirno. "El mundo cambió y si uno no se transforma, desaparece. Eso vale para las profesiones y también para los países. Hay una frase que uso mucho: la suerte es cuando se cruza la oportunidad con la capacidad. Y eso explica cómo uno puede moverse entre distintos mundos, incluso el diplomático". El perfil de Acosta, un financista "con sensibilidad social" formado en teoría crítica, el mismo que habló de bonos sociales ESG con ejecutivos de Manhattan mientras pensaba en la finitud de los recursos al mirar el aire acondicionado a tope, que lo conecta con una generación de técnicos latinoamericanos que llegaron a los gobiernos de distintos colores políticos no desde la militancia sino desde la experiencia sectorial. "Trato de convencer a esos actores de que si no hay planeta no hay ganancias (que es una discusión real). Es una lucha que hay que dar y se puede hacer con corbata". El mapa del poder global "Marx lo definió como estructura y superestructura: los modos de producción, y todo lo que se deriva de ellos como la religión, la educación, el relato. Mientras tengamos un esquema capitalista, quien controla el capital controla muchas otras cosas: medios, redes, narrativa. Eso hoy se ve muy claro desde Wall Street. Antes la guerra era más visible, como en Vietnam con bombas de napalm; hoy, con un sell desde Manhattan, se pueden reorientar flujos de poder y hasta impactar países. Eso ya no está tan oculto como antes", reflexiona, al ser consultado sobre la coyuntura global. "Mientras tengamos un esquema capitalista, quien controla el capital controla muchas otras cosas: medios, redes, narrativa". "Después también están otras lecturas: Adam Smith, que no habla solo de economía sino de naturaleza humana", agrega, en relación a uno de los autores más citados por el presidente argentino. "Y ahí aparecen tensiones con Marx, con Foucault, con Lacan, con Deleuze. Todos ayudan a entender cómo funciona el poder, la sociedad y el capital". Para ejemplificarlo, utilizó el rescate financiero que dictó el gobierno de Donald Trump, a través de Scott Bessent, para sostener políticamente a su aliado argentino previo a las elecciones legislativas de 2025. "Ese tipo de acciones muestran cómo el capital, cuando se mueve, reorganiza relaciones de poder". En tanto, destaca que lo preocupante no es la la concentración del capital sino el modo en que ese poder se expresa, que ya no lo hace a través de agencias inteligencia intermediarias (KGB, CIA, etc) sino otras hacia formas más directas, más explícitas. Algo que citando a Habermas le sirve como diagnóstico: "El mundo está en eso, entre la acción comunicativa que se ha perdido, el diálogo, la argumentación, el raciocinio, el respeto al argumento, a lo empírico, a la prueba. Ahora el que más grite, el que más se imponga, el de la fuerza bruta". ¿Cómo se vincula ese desplazamiento con el tipo de liderazgo personalista que representa Trump? "Pienso en el concepto nietzscheano de 'humano demasiado humano', que muestra justamente eso: que somos frágiles, con un lado dionisiaco, emocional, visceral, y a veces creemos ser mucho más racionales de lo que realmente somos. Cuando la política queda demasiado atada a esa psiquis individual y no a reglas institucionales más sólidas, el sistema se vuelve más vulnerable. Decisiones o expresiones personales terminan teniendo efectos colectivos. Se pasa de la incertidumbre normal de la vida o de los mercados, a una zona de miedo. Y en ese terreno empiezan a reconfigurarse relaciones de poder y dinámicas de dominación que hay que leer con más calma y menos reacción inmediata". En un contexto de fragmentación internacional y creciente uso de la fuerza, Acosta desconfía de idea de que el orden internacional basado en reglas "haya dejado de existir", citando al premier canadiense Mark Carney en Davos. "Hay reglas que hay que sostener, y no solo sostenerlas, sino defenderlas. Porque en política y en la vida no alcanza con conquistar derechos, hay que mantenerlos. Hubo demasiada sangre para construir marcos como el Tratado de Viena como para decir ahora que eso ya no vale", continúa, en relación a los conflictos que desafían al multilateralismo, como Gaza, Ucrania, Irán o Sudán. Elecciones en Colombia: institucionalidad y "sancocho" "Colombia es protagonista para bien o para mal", sostiene, en relación al rol del país cafetero en el concierto de las naciones. Un país protagonista a nivel multilateral, el "ombligo de América" por estar ubicado en una zona geopolítica estratégica. Un "sancocho" (un caldo típico colombiana) ordenado por las instituciones que mezcla formas de violencia simultáneas: narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, minería ilegal, violencia política. "El atentado es una herramienta política, sin dudas", dijo, en relación al clima electoral. "Es un país institucionalmente muy fuerte. La Constitución de 1991, con sus errores y omisiones, sigue siendo bastante progresista, aunque muchas veces falta aplicarla" Y pone como evidencia el dato mayor: que alguien como Petro, exguerrillero, haya llegado al poder a través de un proceso electoral regular, representando un giro en la política que buscará consolidar en las elecciones presidenciales del 31 de mayo con el candidato Iván Cepeda que se mostró cercano a Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Pedro Sánchez. "La opción de continuidad es enorme", sostuvo. Al ser consultado por la "paz total" que impulsó Petro con la guerrilla, Acosta dijo que "siempre somos optimistas respecto de la paz" y que la prioridad sigue siendo "salvar vidas.", más allá de las críticas. En paralelo, sobre el narcotráfico, uno de los ejes de la renovada Doctrina Monroe del gobierno estadounidense, que impulsa la figura del narcoterrorismo a nivel regional. Dijo que "es una guerra perdida" y que requiere de un esfuerzo internacional. "No es tanto una cuestión de nombres. Como colombianos vimos los bombazos, los camiones y buses cargados de explosivos que borraban edificios enteros y mataban a mucha gente. Llámenlo como quieran, pero yo no quiero volver a ver eso en mi país" La relación bilateral más allá del tuit: Malvinas y Mercosur La relación bilateral entre Argentina y Colombia bajo los gobiernos de Milei y Petro es, a primera vista, un oxímoron diplomático. Milei construyó buena parte de su identidad política internacional sobre una confrontación explícita con los gobiernos de izquierda de la región; Petro es, en el imaginario libertario, casi el arquetipo del adversario ideológico. Los intercambios en redes sociales entre ambos mandatarios generaron ruido mediático suficiente como para que la relación bilateral pareciera, al menos desde afuera, congelada en el antagonismo. Pero Acosta describe una realidad diferente en el nivel operativo. "Desde el inicio hubo una recepción muy expedita para la entrega de credenciales. Llegué el 1 de agosto y el 5 ya estaba entregándole las copias al canciller. En esa misma reunión me dijeron si estaba bien que el 20 me recibiera el presidente, y así fue." La velocidad de los tiempos protocolares es, en diplomacia, un lenguaje en sí mismo. "Son señales, porque en diplomacia los detalles importan." La relación con el canciller Gerardo Werthein fue, según describe, fluida desde el principio, con puntos de contacto previos en el mundo empresarial y con coincidencias en la lógica de trabajo: "Son dos lenguajes distintos, el financiero y el diplomático, pero se retroalimentan." Lo que distingue su lectura de la situación es una separación clara entre dos planos que suelen confundirse: la diplomacia de la narrativa y la diplomacia del trabajo cotidiano. "La diplomacia 'twittera' existe, pero es otra escala. En lo concreto, la relación funciona." Y lo ilustra con resultados tangibles: el acuerdo de cielos abiertos que permitió mayor conectividad aérea entre ambos países, incluida una ruta directa BogotáCórdoba; la facilitación de trámites comerciales en productos como el vino argentino; el mantenimiento de estándares migratorios. "Uno en reuniones con el sector empresarial o gremial no discute tuits ni tensiones políticas, se va directo a temas concretos: infraestructura, comercio, café, canales de exportación". _ ¿Te imaginás una reunión entre Milei y Petro? "Me la imagino, pero no creo que sea fácil que ocurra". Sobre Malvinas, la posición colombiana es, según Acosta, una de las pocas en las que no hay ambigüedad posible independientemente del gobierno de turno. "En eso la política no cambia. El presidente Petro ha manifestado siempre ese alineamiento con Argentina." Y abre la posibilidad de un camino de mayor integración regional a través del Mercosur: "Si Colombia pasara de país observador a un rol más activo en Mercosur sería muy positivo." También menciona la colaboración en expediciones antárticas y el avance en el acuerdo antártico como ejemplos de una agenda bilateral de largo plazo que opera por debajo del radar mediático. CD/fl
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