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Fecha: 06/05/2026 11:43
El conflicto en Medio Oriente comenzó a sentirse con fuerza en los campos argentinos. Lo que inicialmente parecía un episodio geopolítico distante hoy impacta de lleno en la estructura productiva del agro, particularmente en el trigo. Leé también: El agro sintió el impacto externo: suben insumos y la confianza de los productores cae 16% Así lo advirtió un informe de CONINAGRO, que pone cifras concretas a un fenómeno que ya preocupa a productores y técnicos: el aumento de los costos amenaza la viabilidad de la próxima campaña fina. El foco está puesto en el Estrecho de Ormuz, un punto estratégico por donde circula una porción clave del comercio mundial de energía y fertilizantes. Las restricciones derivadas del conflicto generaron un efecto inmediato en los mercados internacionales, impulsando una suba significativa en los precios del petróleo, el gas y los insumos agrícolas. Desde el inicio de las tensiones, el barril de petróleo Brent alcanzó los US$95, con un incremento cercano al 35% respecto de febrero. En paralelo, el gasoil en Argentina subió alrededor del 25%, mientras que la urea principal fertilizante nitrogenado registró un salto superior al 84%. Este combo impacta directamente en los costos de producción y en las decisiones que deberán tomar los productores de cara a la siembra. Impacto global El informe señaló que el encarecimiento de la energía y los fertilizantes llega en un momento crítico. A menos de dos meses del inicio de la siembra de trigo, los márgenes productivos comienzan a tensionarse. La dependencia de insumos importados y la alta incidencia de estos costos en el esquema productivo hacen que cualquier variación internacional se traduzca rápidamente en números locales. En el caso del gasoil, su incidencia no es menor: representa aproximadamente el 15% del costo de cosecha y una parte significativa del transporte. En tanto, los fertilizantes, especialmente la urea, son determinantes para sostener los niveles de rendimiento esperados. Leé también: La cosecha es grande, pero ajustada en lo económico para los productores La combinación de ambos factores genera un efecto multiplicador que se traslada a toda la cadena. No solo se encarece la producción, sino también la logística y el acondicionamiento de los granos. En este escenario, la incertidumbre crece a medida que se acerca la ventana de siembra. Números en rojo Las estimaciones preliminares de CONINAGRO muestran con claridad el impacto. De mantenerse el actual escenario internacional, el costo total de producción del trigo podría incrementarse en torno al 20%. Este aumento no es homogéneo, pero afecta a todas las regiones productivas. En el norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, el incremento alcanza los US$115,6 por hectárea. En el sudeste bonaerense, la suba es aún mayor, con US$120,1 adicionales, mientras que en el sudeste de Córdoba se ubica en torno a los US$95,1. Leé también: El agro suma herramientas para exportar más y mejorar estándares sanitarios En promedio, el aumento de costos ronda los US$110,3 por hectárea, considerando tanto fertilizantes como combustible. De ese total, la mayor parte corresponde a los insumos químicos, mientras que el gasoil explica una porción menor pero igualmente relevante. Este escenario reduce de manera significativa los márgenes esperados y eleva el punto de equilibrio. En otras palabras, los productores necesitarán mayores rindes o mejores precios para cubrir los costos, en un contexto donde ninguna de esas variables está garantizada. Leé también: Mercosur-UE: el Gobierno definió el reparto de cuotas de exportación para la carne vacuna y otros productos Además, el informe advirtió sobre un problema adicional: la falta de liquidez. Los mecanismos de retención impositiva, como el Sistema de Recaudación y Control de Acreditaciones Bancarias (SIRCREB), generan una inmovilización de fondos que agrava la situación financiera de los productores en un momento de fuerte aumento de costos. Propuesta fiscal Frente a este panorama, CONINAGRO planteó una serie de medidas para amortiguar el impacto. Si bien reconoce que a nivel nacional el margen de acción sobre los fertilizantes es limitado tras la eliminación de aranceles e impuestos como el PAIS, identifica oportunidades en el ámbito provincial y municipal. Entre las propuestas se incluyen la reducción de Ingresos Brutos sobre la cadena de insumos y la revisión de tasas vinculadas a la logística y comercialización. También se sugiere suspender temporalmente los regímenes de retención bancaria para la compra de insumos estratégicos y agilizar la devolución de saldos a favor. Leé también: Entre récords y señales de alerta: la agroindustria redefine su mapa productivo Sin embargo, el eje central del planteo está en los derechos de exportación (DEX). Actualmente, el trigo tributa una alícuota del 7,5%, y su eliminación o reducción aparece como la herramienta más directa para mejorar la rentabilidad del cultivo. Según el informe, eliminar este tributo permitiría mejorar en US$18 por tonelada el ingreso del productor, considerando un precio FOB proyectado de US$240. Con un rendimiento promedio de 40 quintales por hectárea, esto se traduciría en un beneficio de US$72 por hectárea. Este alivio permitiría compensar aproximadamente el 65% del aumento de costos generado por el conflicto internacional. Si bien no elimina el problema, sí podría ser determinante para sostener la intención de siembra. Leé también: La compraventa de campos pierde impulso y crece la cautela inversora Desde el punto de vista fiscal, la medida implicaría una resignación de ingresos para el Estado. Para la campaña 2026/27, la recaudación potencial por derechos de exportación se estima en más de US$230 millones. A esto se suma el impacto sobre el remanente de la campaña actual. El debate, entonces, queda planteado. En un contexto de shock externo, la discusión sobre la carga impositiva vuelve al centro de la escena. Para el sector, la ecuación es clara: sin medidas que compensen el aumento de costos, la próxima campaña de trigo podría enfrentar un escenario de menor inversión y, en consecuencia, menor producción. Mientras tanto, el calendario avanza. Con la siembra a la vuelta de la esquina, las decisiones deberán tomarse en las próximas semanas. Y en ese proceso, el equilibrio entre costos, precios y políticas públicas será determinante para definir el el trigo argentino de la próxima campaña.
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