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» La Nacion
Fecha: 06/05/2026 11:18
Estados Unidos y China tienen un enemigo en común y esta vez no es la Unión Soviética NUEVA YORK.- La cumbre entre el presidente Trump y el presidente Xi Jinping en Pekín la próxima semana podría ser el encuentro más significativo entre líderes estadounidenses y chinos desde que Richard Nixon se reunió con Mao Zedong en Pekín en 1972. Aquella cumbre alivió décadas de animosidad entre China y Estados Unidos y forjó una alianza tácita entre ambos países contra la Unión Soviética. Esta cumbre llega en un momento igualmente transformador de los asuntos mundiales, cuando existe una nueva amenaza compartida tanto para China como para Estados Unidos. Se trata de un desorden en expansión que podría desestabilizar el mundo y perjudicar a ambos países, a menos que encuentren la manera de competir y colaborar simultáneamente frente a una lista creciente de desafíos. Estos desafíos solo pueden enfrentarse con éxito mediante una acción colectiva, empezando por la creación conjunta de límites de contención frente a los usos malignos de la inteligencia artificial, ahora que los modelos más recientes han demostrado capacidades de ciberataque asombrosamente poderosas. Dos cambios de paradigma transformaron el mundo desde la cumbre Nixon-Mao. El primero todavía no plenamente comprendido, aunque las alarmas ya resuenan con fuerza es la aparición de nuevas herramientas asimétricas de inteligencia artificial capaces de otorgar un poder desmesurado a actores pequeños y maliciosos, ya sean terroristas, anarquistas, criminales, grupos políticos o pequeños Estados. Dos hombres en una cueva con una computadora portátil, acceso a los últimos modelos de inteligencia artificial y una terminal de Starlink podrían atacar la infraestructura crítica de cualquier sociedad. El segundo cambio tiene que ver con la globalización. La cumbre Nixon-Mao inició el proceso que llevó al mundo de estar desconectado a estar mucho más conectado y luego interconectado. Cuando Nixon y Mao comenzaron a sacar a China de su aislamiento de la economía global algo que Deng Xiaoping aceleró enormemente al orientar al país hacia un capitalismo dirigido por el Estado liberaron una cascada de fuerzas económicas y tecnológicas. Cuando llegó el comienzo del siglo XXI, la combinación entre el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio y la expansión global de internet permitió que más personas, en más lugares, pudieran competir, conectarse y colaborar de más maneras, con menos dinero y en más actividades que en cualquier otro momento de la historia humana. Por eso escribí en 2005 un libro titulado La Tierra es plana. Sin embargo, es propio del cambio tecnológico que cada gran salto hacia adelante ocurra más rápido que el anterior, porque se construye sobre las herramientas que liberó la etapa previa. Así, años después de que argumentara que el mundo era plano, la tecnología y otras fuerzas siguieron avanzando y nos llevaron, como sostiene Dov Seidman, fundador del The HOW Institute for Society, de la interconexión a la interdependencia o, como él lo define, de un mundo plano a uno fusionado. Uno podía desconectarse del mundo plano. Del mundo fusionado no hay escapatoria. Ahora todos vamos a ascender o caer juntos. Eso ocurre no solo porque los avances en internet, los teléfonos inteligentes, la fibra óptica, los satélites y las comunicaciones inalámbricas nos han fusionado tecnológicamente más que nunca. También porque una serie de desafíos a escala planetaria ha unido nuestros destinos como jamás antes. Estos problemas son tan vastos y tan indiferentes a las fronteras nacionales que ningún Estado, por poderoso que sea, puede enfrentarlos o escapar de ellos por sí solo. Sabemos cuáles son: mitigar el cambio climático, impedir la proliferación de armas nucleares y biológicas, gestionar las migraciones globales, controlar pandemias, mantener funcionando las cadenas de suministro de las que hoy todos dependemos y lo más importante e inmediato administrar esta nueva especie de inteligencia artificial que hemos creado. Hemos podido postergar o sobrellevar con una cooperación limitada muchos de estos problemas planetarios, pero el tiempo se acabó respecto del poder de ciberataque de la inteligencia artificial. Ya no se puede seguir pateando el problema hacia adelante. Ya no queda camino. Durante años, señala Craig Mundie exjefe de investigación y estrategia de Microsoft y mi compañero de reflexión sobre esta nueva amenaza de la inteligencia artificial, Estados Unidos y China se han estado sondeando mutuamente mediante operaciones cibernéticas encubiertas, instalando programas maliciosos y robándose información. Pero también sabían, explica Mundie, que si los chinos inutilizaban nuestras redes eléctricas, nosotros podíamos inutilizar las de ellos; y que si podían apagar las luces en Washington, nosotros podíamos hacer lo mismo en Pekín. Era el equivalente a las armas nucleares: Habían recreado la destrucción mutua asegurada, dijo Mundie. Pero ahora, ¿quién llega a la cena? Un nuevo conjunto de actores, potencialmente muy peligrosos, y no se trata solo de países. Sin embargo, pueden amenazarnos a ambos. Se trata de los sistemas de inteligencia artificial autónoma recientemente presentados por Anthropic y OpenAI, que podrían poner herramientas al alcance de pequeños ciberatacantes capaces de alterar tanto la economía china como la estadounidense y la de cualquier otro país con muy poco dinero y prácticamente sin conocimientos técnicos. Puede apostarse a que otros modelos estadounidenses, como Gemini de Google, y pronto también los modelos chinos, ofrecerán capacidades similares. Debido a que empresas de Estados Unidos y China fueron las primeras en producir estos sistemas autónomos, ambos países deben liderar el control de su distribución y la construcción de defensas para protegerse a sí mismos y también a todos los demás si estos sistemas se filtran, afirmó Mundie. Anthropic y OpenAI sostienen que sus modelos más recientes son tan potentes para detectar y explotar vulnerabilidades en programas informáticos que ambas compañías decidieron limitar por ahora su distribución. Pero es solo cuestión de tiempo antes de que escapen al control, si es que no lo hicieron ya. Esto debería ser un enorme incentivo para que ambos países trabajen juntos, aunque sea solo en este asunto puntual, que representa ahora un peligro claro e inmediato para ambos, argumentó Mundie. No se trata de pedir lo imposible. China y Estados Unidos lograron cooperar en tiempos de Nixon y Mao, concluyó Mundie, porque tenían un problema común: la Unión Soviética. Bueno, ahora tenemos otro problema común. No es otro país; es una tecnología: los riesgos emergentes de amenazas cibernéticas asimétricas derivadas de los sistemas autónomos de inteligencia artificial. El viejo G2 Estados Unidos y China necesita trabajar junto con lo que llamaré el nuevo I7: Anthropic, Google/Alphabet, OpenAI, Meta, Alibaba Group, DeepSeek y ByteDance, para encontrar una manera de obtener lo mejor de estos nuevos modelos de inteligencia artificial mientras se amortiguan sus peores riesgos. Los gobiernos no pueden resolver esto solos, y las empresas tampoco. En un desarrollo que recibió muy poca atención debido a la guerra con Irán, Trump estaría considerando imponer supervisión sobre los modelos de inteligencia artificial antes de que sean puestos a disposición del público. Eso es muy sensato de parte de Trump. La gente necesita despertar: estamos entrando en un mundo en el que empresas privadas pueden, en efecto, dividir el átomo en términos del poder que son capaces de liberar en todas direcciones. Y, como ocurre al dividir el átomo, se puede producir electricidad o bombas, dijo Mundie. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial autónoma. Tenemos el poder de hacer un bien ilimitado o de crear armas armas enormemente asimétricas. Se espera que el tema de la inteligencia artificial autónoma esté en la agenda entre Trump y Xi. Lo que realmente convertiría esta cumbre en el encuentro más significativo entre Estados Unidos y China desde Mao y Nixon no sería solo que ambos líderes hablen del tema, sino que decidan trabajar juntos en él ahora. Más adelante será demasiado tarde. Todo avanza demasiado rápido. Aunque muchos dirigentes en Washington, Pekín y también Moscú todavía no lo hayan comprendido, esta es la primera etapa de la historia humana en la que nosotros, los Homo sapiens, debemos gobernar, innovar, colaborar y coexistir a escala planetaria para prosperar. O construiremos coaliciones complejas y adaptativas para lograrlo o seremos superados juntos. Nuestros destinos están ahora fusionados.
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