06/05/2026 11:53
06/05/2026 11:53
06/05/2026 11:52
06/05/2026 11:52
06/05/2026 11:52
06/05/2026 11:52
06/05/2026 11:52
06/05/2026 11:51
06/05/2026 11:51
06/05/2026 11:49
Parana » El Diario
Fecha: 06/05/2026 11:05
¿Cómo es posible que en una ciudad como Paraná se desperdicien toneladas de comida mientras crece la demanda de asistencia alimentaria? La respuesta está en los números que maneja el Banco de Alimentos de Paraná (BAP): 40.450 kilogramos distribuidos solo en marzo, una cifra que expone la magnitud de una crisis que ya no se esconde. María Paz Montenegro, presidenta del BAP, no anda con vueltas: En Argentina y el mundo, el hambre es meramente un problema de gestión. Y los datos le dan la razón. En los últimos 20 meses de gestión conjunta con el municipio, la organización entregó más de 600.000 kilos de alimentos que, de otra manera, habrían terminado en la basura. El modelo que desembarcó en la capital entrerriana en 2019 funciona como un nexo técnico entre empresas que producen excedentes y organizaciones sociales. 15 personas en Paraná, dos en Concordia y una comisión directiva supervisan la trazabilidad de productos que llegan de grandes firmas nacionales. No es beneficencia tradicional: es logística de alta eficiencia para evitar que se pierdan las 16 millones de toneladas de comida que Argentina desperdicia anualmente. Pero hay algo que preocupa más que las cifras de desperdicio: el cambio en el perfil de quienes piden ayuda. Montenegro admite que hoy se nota un aumento de pedidos por parte de adultos mayores que no llegan a fin de mes e incluso de personas que tienen un empleo. La crisis no distingue entre jubilados y trabajadores activos. El BAP está probando algo innovador: los almacenes sociales, un modelo importado de Chile y Australia. 100 adultos mayores ya reciben asistencia bajo esta modalidad que busca devolverle la dignidad y la posibilidad de cocinar en sus propias casas a las personas, evitando que tengan que asistir obligatoriamente a un comedor comunitario. El marco legal existe: la Ley 25.989 (Ley Donal) y la Ley 27.454 de reducción de desperdicios brindan seguridad jurídica a las empresas que donan. Pero Montenegro advierte un problema estructural: Hoy es más barato y más fácil para las empresas tirar el producto que donarlo por cuestiones impositivas. Una paradoja que cuesta entender cuando hay tanta gente que lo necesita. El BAP integra una red de 20 bancos de alimentos en Argentina y forma parte de la Global Food Banking Network, operando bajo estándares internacionales. No es casualidad que este modelo exista inclusive en los países del primer mundo: el desperdicio de alimentos es un problema global que requiere soluciones profesionales. Mientras los legisladores debaten incentivos fiscales y el doble etiquetado para extender la vida útil de productos aptos para consumo, en Paraná la realidad no espera: cada mes se distribuyen más de 40 mil kilos de alimentos que son la diferencia entre comer y no comer para miles de entrerrianos. Con informacion de: Diario Junio.
Ver noticia original