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  • El nuevo desafío sanitario argentino: la sangre no puede depender de una urgencia familiar

    » TN

    Fecha: 06/05/2026 10:18

    Durante años, en la Argentina, muchas familias aprendieron de golpe una regla no escrita del sistema de salud: cuando alguien necesitaba una cirugía, una transfusión o un tratamiento complejo, además de angustiarse por el diagnóstico, tenía que salir a conseguir donantes de sangre. La escena era conocida. Mensajes por teléfono, familiares recorriendo oficinas, grupos de padres, clubes o iglesias. Se necesitan dadores para. Como si la responsabilidad de garantizar sangre segura recayera sobre el entorno del paciente y no sobre un sistema sanitario organizado. La Resolución 536/2026 del Ministerio de Salud de la Nación viene a tocar ese punto sensible: actualiza las normas del Sistema Nacional de Sangre, prohíbe condicionar la atención médica a la presentación de donantes y promueve un modelo basado en la donación voluntaria, habitual y altruista. Según la normativa, solo se permitirá la donación dirigida a una persona específica cuando exista una justificación terapéutica concreta. La medida es correcta. Pero no alcanza con escribirla en el Boletín Oficial. El verdadero cambio no será jurídico, sino cultural, tecnológico y político. Porque un sistema de sangre seguro no se construye en la desesperación de una familia, sino mucho antes: - con donantes fidelizados, - bancos informatizados, - campañas permanentes - y una red capaz de prever la demanda. Donar por urgencia no es lo mismo que donar por compromiso La donación de reposición nació como una respuesta práctica a la falta de sangre. Pero con el tiempo se transformó en una carga emocional injusta para los pacientes y sus familias. Nadie deberían tener que conseguir dadores como condición informal para acceder a una cirugía. Fuentes consultadas del sector de hemoterapia lo explican con claridad: Hoy no se condiciona la atención del paciente por no reposición de donantes. Hoy se condiciona la atención, a veces, por falta de donantes de sangre. La diferencia es importante. La nueva norma puede prohibir la exigencia directa, pero si los bancos no tienen stock suficiente, el problema reaparece por otro camino. El paciente quizá ya no reciba el pedido explícito de traer dadores, pero la cirugía puede demorarse igual si no hay sangre disponible. Por eso, el modelo voluntario es más seguro, pero también más exigente. Requiere planificación. Un donante voluntario y habitual no aparece de un día para el otro. Se forma, se informa, se convoca y se cuida. El donante repetitivo, voluntario y altruista proporciona una seguridad transfusional totalmente distinta, señalaron fuentes consultadas. Y agregaron que se trata de un donante fidelizado, con controles periódicos y mayor trazabilidad sanitaria. Ese es el corazón del cambio: pasar de una donación empujada por la urgencia a una donación sostenida por conciencia social. La informatización no es un detalle administrativo Otro punto central de la resolución es la informatización obligatoria de los servicios de hemoterapia, bancos de sangre y centros regionales. Puede sonar técnico, pero es decisivo. La sangre no es solo una bolsa. Es una unidad biológica que debe poder seguirse desde el momento en que una persona dona hasta el momento en que un paciente la recibe. Ese recorrido exige trazabilidad completa. La informatización en los servicios de hemoterapia y los centros regionales es fundamental. Primero, la informatización debe ser por código de barra, sin lugar a duda, explicaron fuentes consultadas. El sistema permite identificar la bolsa desde la extracción, seguirla durante la producción, el almacenamiento y los estudios serológicos e inmunohematológicos, y bloquearla automáticamente si algún resultado no cumple los procedimientos establecidos. El sistema directamente bloquea la bolsa cuando algo no está dentro de los manuales de procedimiento, detallaron. Y precisaron que esa trazabilidad permite saber dónde fue donada, dónde fue procesada, dónde fue transfundida, quién es el donante y quién es el paciente. En salud pública, esa información vale oro. Permite investigar eventos adversos, mejorar controles, reducir errores y proteger al paciente. Sin tecnología, el sistema depende demasiado del papel, la memoria y la buena voluntad. Con tecnología bien implementada, cada paso deja una huella verificable. La norma también incorpora lineamientos sobre terapias celulares, plasma rico en plaquetas y otros procedimientos que hasta ahora necesitaban un marco más actualizado. Con respecto a las terapias celulares, es algo muy importante porque son terapias avanzadas que de acá a los próximos cinco años van a ser muy importantes, señalaron especialistas consultados. La norma llega tarde, pero llega La actualización era necesaria. La Argentina tenía reglas fragmentadas, prácticas desiguales y deudas históricas en la organización del sistema de sangre. En distintas jurisdicciones, ya existían antecedentes legales y judiciales que apuntaban a fortalecer el donante altruista, voluntario y repetitivo, pero la implementación quedó muchas veces a mitad de camino. Fuentes consultadas recordaron que estas normas, si bien no estaban actualizadas, ya estaban implementadas de alguna manera, especialmente en lo referido al donante voluntario. El problema, según remarcaron, es que nunca se cumplió con la fuerza necesaria. Ahí aparece la advertencia principal. La resolución puede ordenar criterios, prohibir exigencias y fijar plazos de adaptación. Pero si no viene acompañada por una política nacional fuerte, el cambio puede quedar en una buena intención. Hoy estamos en una crisis muy importante que se debe a dos principios fundamentales. Uno es un principio político: no hay una política de donación y de educación del donante de sangre, advirtieron fuentes del sector. El dato preocupa. Según las mismas fuentes, entre noviembre y diciembre de 2025 y los primeros meses de 2026, la cantidad de donantes habría disminuido entre un 25 % y un 30 %. Si esa caída se sostiene, la prohibición de pedir donantes de reposición no resolverá por sí sola la escasez. La pregunta, entonces, es quién toma la posta. Porque la educación sobre donación no puede depender solamente de un hospital, un banco de sangre o un centro regional. Esa tarea es demasiado grande para que quede encerrada en un mostrador. Debe haber una política nacional para esto. Sin lugar a duda. Y hoy esa política nacional no existe, plantearon las fuentes consultadas. El cambio real empieza antes de la urgencia La reforma tiene un mérito: corre el peso de los hombros de las familias. Eso solo ya es un avance. Nadie debería sentirse responsable de conseguir sangre para que un ser querido sea atendido. Pero el sistema no puede quedarse en la prohibición. Tiene que garantizar que haya sangre disponible, segura y trazable. Para eso hacen falta campañas permanentes, educación desde la escuela, convocatorias activas, horarios accesibles para donar, comunicación clara y centros regionales fortalecidos. Leé también: Investigan un nuevo beneficio que tendría la donación de sangre en las personas que lo hacen con regularidad También hace falta sacar del imaginario algunas ideas viejas. Donar sangre no debe ser un acto excepcional ni una reacción ante una tragedia. Tiene que convertirse en un hábito sanitario, como vacunarse, hacerse controles o cuidar la salud cardiovascular. La sangre no se fabrica. Depende de personas sanas que deciden donar para alguien que no conocen. Esa es una de las formas más concretas de solidaridad en salud pública. La nueva norma marca un rumbo correcto: menos presión sobre las familias, más seguridad transfusional, más tecnología y más trazabilidad. Pero el desafío de fondo sigue abierto. Un país no tiene un buen sistema de sangre porque prohíbe pedir donantes. Lo tiene cuando ya no necesita pedirlos a último momento.

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