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  • La construcción de la Basílica de Luján: la promesa de un sacerdote en peligro y los secretos que guarda la piedra fundamental

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 06/05/2026 03:03

    En 1875, el sacerdote vicentino Jorge María Salvaire recorrió durante tres semanas la llanura pampeana en misión evangelizadora hasta llegar a las Salinas Grandes. Allí fue capturado por pobladores indígenas que lo acusaron de propagar la peste de la viruela entre su gente. Durante las cinco horas que duró su cautiverio, se encomendó a la Virgen de Luján y prometió construirle un santuario si sobrevivía. Al ser liberado, regresó dispuesta a cumplir su promesa. Para entonces, la pequeña iglesia colonial de Luján comenzaba a quedar chica. El flujo de peregrinos crecía junto con la expansión del ferrocarril y la llegada de inmigrantes. Salvaire, ya plenamente involucrado en el proyecto, llevó la propuesta al Arzobispado: sostenía que era necesaria una nueva iglesia capaz de albergar a la multitud que llegaba. Pero no se trataba de una simple reforma, sino de avanzar hacia una basílica de mayor escala, de líneas neogóticas, pensada para recibir a multitudes que, sabían, seguirían creciendo. PUBLICIDAD La obra comenzó el 6 de mayo de 1890, con las excavaciones bajo la dirección del arquitecto Uldéric Courtois. En ese momento, la iniciativa empezó a tomar forma en una construcción que se consolidaría con el tiempo, hasta convertirse en una referencia para los peregrinos y en uno de los ritos religiosos más importantes del país. La misión y la promesa Fue en noviembre de 1873 cuando el sacerdote Jorge María Salvaire recibió la orden de dejar Luján y dirigirse, junto al padre Fernando Meister, a la misión de Azul, que tenía el objetivo de evangelizar a las poblaciones indígenas de la región. En ese recorrido llegó a las cercanías de las Salinas Grandes, territorio del cacique Manuel Namuncurá. Allí, los religiosos fueron rodeados por un grupo de nativos y se enfrentaron, pero Salvaire logró escapar montado a su caballo. PUBLICIDAD En ese escape, llegó a las tolderías de Namuncurá, donde fue capturado. Allí, fue acusado de brujería y de expandir enfermedades como la viruela. Eso generó rechazo entre distintos grupos reunidos en la zona y comenzaron a deliberar qué hacer con él. Cuando sintió que su vida estaba en riesgo, Salvaire hizo una promesa a la Virgen de Luján: le pidió su salvación a cambio de dedicar su vida a dar testimonio de ella. Sálvame y publicaré tus milagros y caminaré por toda la Tierra pidiendo limosna para engrandecer tu iglesia, le imploró. Luego, milagrosamente, la tensión se disipó y le perdonaron la vida. Al ser liberado regresó a Luján, donde en 1875, comenzó a cumplir su promesa. Pero antes de eso, dedicó tiempo a investigar y escribir la historia de la Virgen, trabajo que desarrolló entre interrupciones hasta 1884. En paralelo, avanzó en su segundo compromiso: impulsar la construcción de un gran santuario para honrar a la Virgen de Luján. En 1886 viajó a Europa para recaudar fondos y objetos destinados al gran proyecto, incluyendo la coronación de la imagen, que se realizó en 1887. PUBLICIDAD De regreso en el país, fue designado capellán del Santuario de Luján en 1889, desde donde reorganizó la obra y convocó a destacados profesionales para su ejecución. Encargó los planos al arquitecto francés Ulrico Courtois y comenzó a llevar adelante diversas iniciativas vinculadas a la vida religiosa y social, como hospitales, obras para peregrinos y asociaciones católicas. En ese proceso de consolidación del proyecto, su trabajo combinó acción pastoral, organización y gestión material, sentando las bases para la construcción del gran santuario que comenzaría pocos años después y que se convertiría en el eje de su legado hasta su muerte en 1899. PUBLICIDAD La obra La obra de la Basílica de Nuestra Señora de Luján comenzó a tomar forma definitiva cuando Salvaire elevó la solicitud formal al arzobispo de Buenos Aires en 1889. Luego de que allí aprobaran los planos del ingeniero Alfonso Flamand y el arquitecto Courtois, los trabajos se iniciaron el 6 de mayo de 1890. Ese día se colocó la piedra fundamental del templo, un bloque de piedra blanca de Tandil de 1,22 metros por lado, ubicado cuatro metros por debajo del futuro altar mayor. Dentro de esa piedra se depositaron documentos y objetos con una fuerte carga simbólica: el acta fundacional firmada por autoridades eclesiásticas, retratos papales y piedras traídas de distintos lugares sagrados del cristianismo, como Nazareth, el Monte Calvario, las Catacumbas de Roma, Loreto, Zaragoza, Montserrat, Lourdes, La Salette y Montmartre. La intención era reunir, en el corazón del templo, una memoria espiritual extendida por el mundo cristiano. PUBLICIDAD La excavación inicial también estaba pensada para albergar una cripta subterránea destinada a celebraciones religiosas. Sin embargo, la cercanía del río Luján provocó inundaciones y desmoronamientos que impidieron concretar ese proyecto. Pese a eso, la obra continuó con nuevas etapas, incluyendo la llegada de vitrales desde Burdeos en 1896 y la construcción de escaleras de mármol. Tras la muerte de Salvaire en 1899, la conducción pasó al padre Brignardello, quien debió enfrentar una de las etapas más complejas: la construcción de las torres, que le dieron el estilo característico. En 1904 se realizó una inauguración parcial de la basílica, con la imagen de Nuestra Señora de Luján ya entronizada en el santuario, marcando un momento clave en el avance de la obra. PUBLICIDAD Las etapas siguientes quedaron en manos del sacerdote Davani y luego del padre José María Gimalac, quien en 1924 supervisó la inauguración del campanario, otra de las principales características de la Basílica: tiene quince campanas. Cada una de ellas lleva un nombre y un lema. Expresan distintas notas y tienen un diferente peso. La más pequeña es de 55 kilos y la más grande 3400 kilos, conformando entre todas un peso total de 12.489 kilos. Por ejemplo, la campana San Michael Arcángel, en Re Bemol, dice: Príncipe glorioso, acuérdate de nosotros y pesa 1610 kg. Entre 1922 y 1926 se completó la construcción de las torres, la instalación de sistemas de relojería y carillón. En 1935, la instalación de la estatua del padre Jorge María Salvaire en el lado oeste marcó el cierre simbólico de una obra atravesada por inundaciones, demoras, cambios de dirección y décadas de trabajo continuo. La Basílica, finalmente concluida, es una de las expresiones más visibles de la devoción a la Virgen de Luján y del esfuerzo. PUBLICIDAD Dos veces al año el primer fin de semana de octubre y el 8 de diciembre, miles de peregrinos llegan a pie para honrarla y, al igual que el vicentino Salvaire, cumplirle promesas y agradecerle. PUBLICIDAD PUBLICIDAD

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