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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 06/05/2026 02:02
Carmen Luz Barbieri -nacida en Buenos Aires el 21 de abril de 1955-, se consolidó como actriz y figura destacada en el humor dentro del teatro, el cine y nuestra televisión. Proveniente de una familia con tradición en la comedia, su padre fue el capocómico Alfredo Barbieri, y la artista también incursionó como directora teatral en el género de revista y condujo varios programas de televisión. Actualmente, Carmen está al frente de Con Carmen, un magazine diario en El Nueve donde combina actualidad, espectáculos y entretenimiento, consolidándola nuevamente como una de las figuras fuertes de la televisión. PUBLICIDAD Por el lado más íntimo, Barbieri manifestó públicamente su fe católica, a la que recurrió con mayor intensidad durante los problemas de salud de su hijo Federico, quien en 2020 logró superar un cáncer de intestino. En 2021, tras ser internada por COVID-19, relató haber visto una aparición de la Virgen de Guadalupe durante su hospitalización. Acá, los momentos más destacados de la entrevista: PUBLICIDAD Bienvenidos a un espacio donde la verdad no se puede evitar. Hoy recibo a una persona que admiro con todo mi corazón, con una gran carrera, una artista de raza, Carmen Barbieri. Hola, chiquita, te amo. PUBLICIDAD Muchos proyectos nos tocó compartir además. Sí, por suerte. Te cuento lo que me dijo Fede: ¡Mamá, no hay que contar tanto!. PUBLICIDAD Hablando de Fede y su actual relación con Evelyn Botto, ¿te gustaría ser abuela? Sí, me gustaría, pero no lo vuelvo loco con ¡Ay, quiero ser abuela! Si viene, soy la mujer más feliz del mundo. Y si no viene, también soy la mujer más feliz del mundo... Quiero que tenga una relación como la está teniendo ahora con Evelyn, pero que sea consciente, que no haga sufrir a las mujeres, siempre le digo: Las mujeres sufrimos mucho por los hombres. PUBLICIDAD ¿Lo has retado por eso? Mucho. Las últimas veces me enojé. PUBLICIDAD ¿De dónde sale ese gen? Del abuelo, mi papá (Alfredo Barbieri), y de su papá (Santiago Bal)... Viene por todos lados (risas). Pero ahora Fede tiene 36 años. Ya es un hombre. PUBLICIDAD Dijiste que lo ves chapando, enamorado a full. Sí, sí, lo veo que está bien, que está con una mujer... -ojo, que todas las otras también eran bellas, inteligentes y divinas: las quería; yo me encariño mucho con las chicas-, pero ahora, Evelyn es una mujer muy viva, con la cabeza muy abierta y muy inteligente. La quiero mucho. Bueno, Dios dirá. Y espero que sigan amándose. PUBLICIDAD Hace diez años que no tengo sexo ¿Cómo es Carmen en el sexo? ¿En el sexo? Uy, hace tanto... (ríe). ¿Hace cuánto? Hace mucho. No, dale, ¿cuánto? Será, qué sé yo... nueve, diez años. ¡Diez años, Carmen! No sé... sí, no me acuerdo. Pero, ¿por qué? Porque estoy grande y el sexo tiene que ser con alguien muy especial. Que me mueva el piso, pero no por lindo ni porque tiene plata, ni porque... Pero no le pongas tanta presión. Te podés divertir también. No, tiene que ser alguien que me haga divertir. Alguien que tenga humor y que me mueva el piso, si no... siempre fui así, me parece (ríe). Tenía que ser muy inteligente, tener un humor maravilloso ¡y cantar bien! ¡¿Cantar también?! Por lo menos no desafinar (risas). Ojo, el sexo no fue tan importante en mi vida como el amor, como la previa, el beso, la mirada, como ese gesto de amor que una vez tuvo alguien que salí después de Santiago. Sí tuve dos o tres amores cortos, pero uno de ellos tuvo un gesto genial porque no era del ambiente. Yo hablaba de Tita Merello ¡y él no sabía quién era! Y yo me enojaba, le decía que no hablábamos el mismo idioma...Salimos siete meses nada más. Yo lo llamaba Trapito porque me lo levanté en la calle y le puse Trapito, ¿viste? Un día me dice: Vamos a ir a un lugar que te va a encantar; agarró y se metió para el Gran Buenos Aires; yo dije: Ay, acá me la da, me corta en mil pedazos con un hacha (se ríe). Un loco, claro. Porque hacía poco que salíamos, cuatro meses, cinco. El vendía insumos médicos. Llegamos al lugar todo oscuro, un chalet todo cerrado. Se para en uno con todas las persianas bajas y me dice: Bajá. Y de golpe se abren todas las persianas y aparecen payasos y globos. ¡Ay, no, era un amor! ¡Me morí de amor, claro! ¿Y sabés lo que me dijo? Bueno, ahora vas a poder hablar tu idioma. Ellos hablan como vos. ¡Oooooh! Te amo, Trapito, sabés que te amo. No te quedaste con Trapito. No, se casó, tiene hijos, está todo bien. Era otro destino el de Trapito. Trapito era bárbaro. Te lo cuento y me emociono. Era para enamorarme de de Trapito, peeeeero... yo me niego mucho al amor de pareja. ¡Abri tu corazón, Carmen, ya esta! Vamos a ver... Tengo un candidato y es del ambiente. No es actor, es de la parte de atrás, de las cámaras. Hablo mucho con él, es buena gente. Fue difícil acompañar a Santiago Bal Acompañar tantos años a Santiago Bal, ¿fue difícil? Sí, fue difícil acompañarlo en esta vida de amor. Pero nunca nos peleábamos, nunca hubo gritos... hasta que un día se cayó todo: somos muy mediáticos. Yo armé una familia, vos me vas a entender. Armé una familia con todo el amor de mi vida, porque lo que quería era tener todos unidos. Los hijos de otras mujeres de Santiago quería que estuviesen en casa, tenían sus habitaciones. Quería que las madres de esos hijos festejaran los cumpleaños y venían... Julieta (hija de Silvia Perez) dice que yo soy su segunda mamá... Había armado una casa tan linda y una familia tan linda y de golpe se vino abajo. No podía creerlo. Mirá que yo iba a análisis. Mi psiquiatra me decía: Cada vez que entrás me pongo el cinturón de seguridad, porque yo le decía: ¡Lo voy a matar, lo voy a matar!. Leí que hasta hasta lo planeaste... ¡Sí, lo soñaba! ¿Cómo era en tu cabeza esa fantasía de matarlo? Con un paraguas (risas). ¡Le clavaba un paraguas acá! (se toca la garganta). Y después entendí que sí, claro que lo quería matar, pero acá adentro (se toca el pecho). Querías matar al sentimiento. Y lo maté. Me costó un año y medio, pero lo logré. ¿Lo pudiste matar? Acá adentro, sí. Sí, pero ¿ese sentimiento se va de adentro del cuerpo? Y sí. ¿Qué?, ¿no se te fue a vos? Yo creo que entran todos los amores adentro del cuerpo. Sí, tenés razón. Pero el mío era tan fuerte, el dolor era tan grande, porque luché tanto por ese hombre: para que viviera, para que disfrutara de los hijos y después, de golpe, se vino todo abajo, que no podía seguir adelante. Es decir, no veía una vida sin Santiago Bal. Y tuve mucha ira... por eso cuando desde mi programa le hablo al televidente, le digo: No tengan tristeza porque estamos pasando un momento muy malo en nuestro país y el argentino está sufriendo mucho. No tengan tristeza y no tengan ira, no se enojen, porque la ira es tan mala, porque te transforma en un monstruo que no sos. Sufrís tanto, tenés tanto dolor que decís cosas o hacés cosas que hieren mucho a otra gente y no te das cuenta. El dolor te transforma en un monstruo. La decisión más dolorosa Yo a Fede lo tuve a los treinta y cuatro años y a los treinta y nueve quedo embarazada otra vez de Santiago. Y al segundo mes ya tenía dieciocho de presión. No llegás ni al quinto mes, me dijo el médico que siempre me atendió, que sí quería que yo tuviese otro chico. Me dice: Te doy un consejo, no te arriesgues. No solamente podés perder el bebé, podés perder la vida. ¿Y cómo te tomaste esa decisión? Fue horrible. Tuve que interrumpir el embarazo. Eso lo conté hace poco a Fede. Dice: Ay, ¿yo tendría un hermano?. Sí, pero tuve que interrumpir porque me podía morir no solamente el bebé, sino yo también. Así que, bueno, tuve que interrumpir ese embarazo. Me hubiera encantado tener otro hijo. Te quedaste con las ganas. Sí, claro. Y no intenté más, porque... Por salud. Sí, además estaba grande, treinta y nueve años; pero igual hoy está bárbaro. A los cuarenta y pico, cincuenta, tenés un hijo,genial. A mi papá no le gustaba Porcel porque era gordo Contaste que le dabas muchos disgustos a tu padre, el gran Alfredo Barbieri... Sí, muchos, especialmente con un amor que tuve, que fue Jorge Porcel. ¿Es verdad que lo quiso matar? ¡Que le disparó! ¡A mí me quería matar! Pero no, es mentira. Leí que le disparó el auto. ¿Eso es cierto o es una anécdota? No, no, hay cosas que se inventaron (rísas). Ah, pensé que era verdad... Mi papá no sabía manejar un arma, nunca tuvo un revólver. Sí tenía una navajita así, chiquita. Una vez le dijo a Julio de Grazia, un gran actor amigo mío y de papá: Lo voy a matar con esto, esa navajita. Y Julio le dice: Con eso no le vas a llegar ni a un órgano, algo así. En broma, obvio. Pero mi papá no podía creer que yo estaba con un hombre tan grande: me llevaba dieciocho años Porcel. Y encima era un compañero de trabajo de él. ¿Estaba enojado por tu reputación? No, ¡porque era gordo! (ríe) Un día, Porcel le preguntó: ¿Alfredo, por qué no me querés? Mi papá piensa, no encontraba las palabras y le dijo: ¡Porque sos gordo! (ríe), en broma, por supuesto. Siempre dicen los padres que quieren para nosotros lo mejor, ¿no? ¿Te hubiera gustado formar una familia con Porcel? Sí, claro. Con los hombres que yo amé siempre quería formar una familia. Sos una romántica. Sí, con cada amor que tuve -que no fueron muchos, pero fueron grandes amores- me hubiese gustado haber formado una familia. Tener un hijo. Vos hiciste bien (ríe). Bueno, vos también tuviste. Pero es un hijo solo, con un hombre solo. Me hubiera gustado de cada amor que tuve, tener un hijo, porque los amé. En varias entrevistas de tus amores dijiste: Este es el amor de mi vida, y después: Este es el gran amor de mi vida... No, yo te voy a decir cómo dije: Porcel fue el amor de mi vida. Y Santiago pasó a ser el hombre de mi vida. Por eso lo elegí como papá. Por eso con Santiago tuve un hijo y no tuve con otros, que amé también, pero no fueron esos amores como para decir: Con este voy a tener un hijo. Estoy cansada de mantener a los hombres Ahora, ¿qué tiene que tener un hombre para conquistar a Carmen? Ay, humor. Y un poco de guita, porque ya me estoy cansando de mantener a los hombres (rísas). A ver, ¿cuánto necesitamos? ¿Un básico?, que pueda sacarte a comer. Que no lo tenga que mantener. No necesito nada para mí. Yo sola me compro, me mantengo. Que se pague su alquiler. Sí, su alquiler, su comida (ríe). Que se pague su ropa, sus viajes, si no... todo pagaba yo. No siempre, pero casi... que no se enojen. Pero si viene sin un mango, pero hay mucho amor, ¿lo descartamos? No, sin un mango no quiero (ríe). Pero no porque quiero plata para mí. Yo soy mi dueña. Mi mamá me decía ¿Por qué no dejás que te mantengan?" No, no y no. ¿Y si te ponemos en unas App de citas que son para famosos? No me gusta, ya me pusieron. ¿Y tuviste match? Sí, ¡pero no creían que era yo! Entonces, al otro día yo salía en la tele y decía: Soy yo, ponele... Juan Carlos, la que hablaba con vos. Y no, después me volvían loca. Así que le digo: Chicos, sáquenme esta aplicación porque no quiero nada. ¿No querías ni charlar? Si estás en tu casa aburrida la noche. No, tengo miedo, soy miedosa. Ay, ¿qué te va a pasar! ¡No lo conozco! Prefiero que me presentes vos un hombre. Ah, voy a pensar, ¿eh? Pero no, ¿vos sabés que estoy sola y estoy bien? Porque podés elegir bien. Y vos, ¿estás sola ahora? Más o menos... ¿Más o menos? Es que no sé cuándo sale esta nota (ríe) Yo tendría que decir más o menos. Me encantaría decir: Mmm, más o menos. Lo mío cambia de una semana a la otra, entonces como que... Está muy bien. ...no sé qué día sale esta entrevista. Qué sé yo. Nunca se sabe... Nunca se sabe. Está bien eso que dijiste: Más o menos. Más o menos, sí. Voy a empezar a decir más o menos yo también. Fotos: Candela Teicheira PUBLICIDAD PUBLICIDAD
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