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  • Adorni pregunta si estamos todos locos

    » Clarin

    Fecha: 05/05/2026 20:17

    El Gobierno corre detrás de cada nuevo foco de incendio del caso Adorni con un sifón. Cree que si ningunea el tema o lo pone bajo un eslógan dramático -Vienen por nosotros; Buscan hacernos caer- despertará la empatía social hacia un funcionario al que cada día le aparece un nuevo gasto, siempre en dólares cash, y que se defiende diciendo que no debe explicar nada fuera de la justicia. Pero la magia no sucede. Es de ese ámbito judicial -para el que Adorni dice guardarse las respuestas privadas- de donde vienen las balas públicas. La última escena muestra al funcionario gastando miles de dólares en negro, presuntamente evadiendo impuestos del gobierno al que representa. Eso es lo que está en la conversación pública: las 10 primeras consultas que lideraban las búsquedas de Google Trends este martes en la Argentina incluían las palabras Adorni o cascada, por el detalle que el jefe de Gabinete encargó para su pileta. Si ya era una zancadilla al pudor que la escribana de Adorni hubiera trabajado con los narcos de la efedrina y le consiguiera como prestamistas a dos mujeres policías (formalmente, subordinadas del deudor), la revelación de arreglos por 245.000 dólares en la casa del country pulverizan los últimos intentos por mostrar a Adorni a flote tras su paso por el Congreso y en la rígida conferencia de prensa del lunes. Es un poco más inexplicable que el mismo Adorni también corra de atrás en su propio caso. La revelación del contratista sobre el monto invertido en las remodelaciones del country parecieron una sorpresa, luego de que el propio Adorni -según declaró el testigo bajo juramento- contactara al constructor antes de declarar para tratar de ponerlo en contacto con su equipo. Adorni pudo haberle dicho a sus jefes -el Presidente y su hermana- que no había más nada que lo conocido públicamente sobre la investigación de su patrimonio, pero quizá no profundizó en los detalles. Una refacción de 245.000 dólares sobre una casa escriturada por la mitad equivale a la compra de otra propiedad, completamente en negro, con efectivo disponible. Otro detalle: según el contratista, Adorni esperaba que se hicieran las obras mientras alquilaba otra casa en el mismo country, también en dólares. La declaración del constructor quedó lejos de un control de daños. Primero, demuestra un manejo discrecional de dólares que no se condice ni con las declaraciones juradas ni con los ingresos de Adorni. En este apartado, ¿el apoyo que recibe del Gobierno podría asociarse a la revelación de Santiago Fioriti en Clarín, el último domingo, sobre presuntos sobresueldos en negro? Segundo, el testigo declaró que Adorni pagó todo en efectivo, sin pedir ningún comprobante. Si es así, otro dilema para el Gobierno: ¿Qué debería hacer la ARCA, que en el caso de la AFA es querellante? Tercero, el contacto incómodo que el jefe de Gabinete buscó con el testigo antes de que declare. El contratista le dijo a la justicia que se asesoró jurídicamente y rechazó esa posibilidad porque podía parecer que estábamos arreglados. Elemental, Watson. Si fue así, el testigo tuvo más cintura que el jefe de Gabinete. Adorni insistió en el Congreso y en la Casa Rosada que tiene derecho a su vida personal y se ha preguntado, en una entrevista radial: ¿Estamos todos locos?. En sus malabares dialécticos, habla de manzanas pero lo que importa son las peras. Nadie ha cuestionado su vida personal sino algo más simple, que podría explicar en un par de frases para demostrar que estamos todos locos y, más importante todavía, para rescatar al Gobierno de la maldición de Sísifo en la que cayó hace dos meses, condenado a empujar la roca hasta la cumbre de la montaña una y otra vez. No es sentarse al lado del Presidente para las fotos ni forzar la agenda pidiéndoles más apoyo a funcionarios incómodos. Es contestar una sola pregunta, única y sencilla: de dónde salieron esos dólares. Mirá también Mirá también Sobre la firma Newsletter Clarín

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