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» Perfil
Fecha: 05/05/2026 20:02
Desde San Pablo - De no haber nuevas complicaciones en la guerra de Oriente Medio, el presidente Lula da Silva embarcará mañana rumbo a Washington para un encuentro bilateral con Donald Trump, el jueves en la Casa Blanca. Aunque todo parece marchar tal como lo programado, todavía subsiste un reflejo de incertidumbre en el gobierno brasileño; es por el recuerdo de lo ocurrido en marzo pasado, la última vez que se programó una cita, que debió ser suspendida precisamente por causa del conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán. En principio, Lula debe asistir sólo con su canciller; pero en la medida en que se consoliden los temas que deben regir las deliberaciones, podrían unirse a la comitiva el nuevo ministro de Hacienda, Dario Durigan, y su colega de Justicia, Wellington Lima e Silva. La visita, según se supo, fue organizada la semana pasada en una conversación telefónica entre ambos mandatarios. La diferencia entre una visita oficial y una familiar Para el presidente brasileño, esta cumbre entre ambos países tiene un sentido político clave, donde mostrará que conserva aún su prestigio político, pese a los reveses con el Congreso protagonizados la semana pasada. Es obvio que esta bilateral le permitirá desviar el foco de la crisis política. Precisamente, el año pasado, la última entrevista de Lula con Trump generó un impacto interno favorable para el brasileño. De acuerdo con las encuestadoras de popularidad, hubo un aumento de 3% en la aprobación del gobierno. No por casualidad, el adversario de Lula en los comicios de octubre, el senador Flavio Bolsonaro, aterrizó ayer en EE.UU. En su caso, el objetivo según declaró es exclusivamente visitar a su hermano Eduardo, ex diputado que hoy reside en territorio americano. Para un ala de los bolsonaristas, esta simultaneidad de su presencia y la del presidente, puede ser negativa. Lula mostrará su peso internacional frente a la del senador que solo estará en familia. Eso le puede acarrear pérdida de puntos. Para los cautelosos, todo dependerá del tono que adopte el jefe de la Casa Blanca luego de la reunión en relación al mandatario brasileño. La agenda del debate bilateral se basa en las prácticas comerciales Los temas a ser tratados por los dos gobernantes están prácticamente acordados. Uno de ellos, el más importante a juicio de Itamaraty, se refiere a los asuntos comerciales, en los que pesan todavía las sombras del arancel de 50% impuesto por Trump a los productos brasileños, una medida que fue luego anulada por la Corte Suprema estadounidense. Ocurre que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, (USTR) anticipó que continúa la investigación sobre prácticas comerciales desleales de empresas brasileñas, lo que podría eventualmente implicar una medida correctiva, es decir, de restitución de las altas tarifas de importación previas. La segunda cuestión es la cooperación en las investigaciones de las actividades del narcotráfico. Lula apuesta a firmar un convenio que establezca las líneas para avanzar en esa dirección, sin necesidad de incluir al Primer Comando de la Capital y al Comando Vermelho en la lista de organizaciones terroristas. En Brasilia temen que una clasificación de ese tipo suponga eventuales intervenciones directas de agentes norteamericanos, lo que significaría mellas para la soberanía nacional. La cooperación mutua, la situación en Venezuela y la minería El gobierno de Lula considera que la cooperación debe centrarse en el blanqueo de capitales, el tráfico de armas y el intercambio de datos financieros. Los dos presidentes también hablarán sobre la exploración de minerales críticos, es decir, las Tierras Raras. En febrero pasado, Trump invitó a Brasil a unirse a una nueva coalición internacional enfocada en la minería, el refinado de minerales críticos y su distribución. La propuesta presentada por Washington implica asociaciones capaces de garantizar el acceso a insumos como litio, grafito, cobre, níquel y las tierras raras, con el fin de ofrecer previsibilidad al mercado. Otros asuntos a conversar son la guerra en Oriente Medio y su impacto en la economía global, y la situación actual de Venezuela. De acuerdo con fuentes diplomáticas, lo que buscan los brasileños es garantizar una agenda positiva, que involucre un buen diálogo a futuro entre Washington y Brasilia. Para el líder brasileño, esta bilateral demostraría que conserva todo su prestigio internacional, y que puede competir ampliamente por su reelección.
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