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» Perfil
Fecha: 05/05/2026 16:01
En un momento en que la tecnología define guerras, fronteras y sistemas de vigilancia, la figura de Alex Karp se volvió central para entender el nuevo mapa del poder global. CEO y cofundador de Palantir Technologies, encarna una transformación poco común en Silicon Valley: de académico progresista a defensor explícito del poder estatal, la seguridad nacional y el rol estratégico de Occidente. Karp no es un CEO común de Silicon Valley, es Doctor en filosofía por la Goethe University Frankfurt, se formó intentando entender cómo sociedades avanzadas podían caer en la barbarie, especialmente a partir del trauma del Holocausto que afectó a su familia. Su tesis abordó lo que puede describirse como la retórica del fascismo: no sólo los hechos, sino los mecanismos discursivos que permiten justificar lo injustificable. Ese origen intelectual explica por qué el empresario siempre se percibió como progresista. Creció en un hogar liberal, apoyó a Hillary Clinton y luego financió la campaña de Joe Biden por 360 mil dólares. Incluso hoy mantiene posturas que no encajan del todo con la derecha clásica, como su preocupación por la desigualdad o su simpatía por sistemas de salud universales. Sin embargo, ese perfil convive con una evolución política marcada, con el paso de los años, el filósofo se distanció de los demócratas, a quienes critica por no tomarse en serio temas como la inmigración ilegal o la seguridad. Su propia explicación refleja una lógica casi europea: cuestionar sin piedad al propio bando. Durante la primera administración de Donald Trump en Palantir, no tuvo inconveniente con las protestas internas, ya que la empresa siempre ha fomentado el debate interno, algo que el fundador considera fundamental para su éxito. Justamente en 2015 fue grabado criticando al presidente de Estados Unidos en un mitin interno de la empresa. "Sería difícil inventar a alguien que me resulte menos atractivo" que Trump. El giro: de Silicon Valley liberal a la República Tecnológica El punto de quiebre no fue un evento único, sino un proceso. Ya en 2019 advertía que ignorar preocupaciones sociales como la inmigración empujaría a los votantes hacia Donald Trump. Aunque personalmente rechazó muchas de sus políticas y llegó a calificar sus propuestas migratorias como peligrosas, con el tiempo su discurso comenzó a alinearse con una visión más dura del orden global. Ese giro quedó cristalizado en su libro The Technological Republic, donde plantea que Silicon Valley perdió el rumbo y que las empresas tecnológicas tienen una obligación moral de participar en la defensa del Estado. Otro suceso que lo alejó de sus pensamientos originales fue cuando las big tech como Google, Microsoft y Amazon cedieron bajo la presión interna, abandonó su contrato con el Pentágono para el Proyecto Maven, que utilizaba software de inteligencia artificial para mejorar el análisis de imágenes de drones. La historia de Alex Karp no es solo la de un empresario, sino la de una transformación ideológica que anticipa hacia dónde puede ir el mundo tecnológico. Su evolución de progresista crítico a defensor del poder estatal y militar no es una anomalía aislada, sino un síntoma de época. En ese escenario, Palantir no es solo una empresa: es el prototipo de una nueva forma de poder, donde los algoritmos ya no organizan información, sino que definen decisiones estratégicas y políticas.
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