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  • Intendentes bonaerenses desafían la historia y van por la gobernación

    La Plata » El dia La Plata

    Fecha: 05/05/2026 03:41

    Carlos G. Lazzarini La provincia de Buenos Aires tiene una singularidad política que, aunque pocas veces explicitada, ordena gran parte de sus trayectorias de poder. Así como se ha repetido hasta convertirse en sentido común la idea de que a un gobernador bonaerense le resulta difícil proyectarse hacia la presidencia, existe otra regularidad menos visible pero igualmente persistente: ningún intendente bonaerense ha logrado, de manera directa, alcanzar la gobernación. No se trata de una casualidad y tampoco de una mera anomalía estadística. Es, más bien, la expresión de una estructura política profundamente condicionada por su relación con lo nacional. La provincia más grande del país, paradójicamente, no logra consolidar una dirigencia propia con autonomía suficiente para construir poder, desde su territorio, hacia arriba. Como lo señala habitualmente el historiador Roy Hora, Buenos Aires arrastra una dificultad histórica para pensarse a sí misma como unidad política con identidad diferenciada. Y su destino ha estado, una y otra vez, subsumido en la dinámica nacional. En ese marco, los intendentes fueron, tradicionalmente, actores de proximidad. Administradores de lo cotidiano, intérpretes del pulso social más inmediato y gestores de demandas concretas. Su poder se construye en el territorio, en la vida cotidiana de su comunidad. Pero esa misma fortaleza es, al mismo tiempo, su límite. Porque la política provincial exige un tipo de visibilidad, de escala y de legitimidad que, históricamente, no se ha producido desde abajo hacia arriba, sino desde el centro hacia la periferia. Es por eso que la trayectoria más habitual hacia la gobernación haya pasado por cargos de proyección nacional. Espacios donde se construye una visibilidad mediática y política que luego desciende sobre la provincia. Y, en ese esquema, el intendente queda atrapado en una clara paradoja. Gobierna el territorio, pero carece de la plataforma simbólica necesaria para representar a la totalidad. A esto se suma un factor menos visible, pero no menos determinante, como la dificultad de los propios intendentes para aceptar un liderazgo entre pares. La lógica municipal, fragmentada y competitiva, dificulta la emergencia de una figura que pueda erigirse como primus inter pares. Cada intendente es fuerte en su distrito, pero esa fortaleza rara vez se traduce en una articulación colectiva que habilite una proyección provincial. En el escenario actual, intendentes de distintos espacios políticos comienzan a insinuar, con mayor o menor intensidad, la posibilidad de disputar la gobernación. Ya no se trata solo de administrar sus municipios, sino de proyectarse como intérpretes de una agenda bonaerense más amplia. ¿Qué habilita este movimiento, este posible quiebre? En parte, un cambio en las condiciones de la comunicación política. La centralidad de los medios tradicionales ha cedido lugar a un ecosistema más fragmentado, donde la construcción de visibilidad ya no depende exclusivamente de los grandes escenarios nacionales. Hoy, un intendente puede construir agenda, instalar temas y proyectar liderazgo más allá de los límites de su municipio, y sin necesidad de atravesar previamente por el circuito nacional clásico. Pero también hay un cambio más profundo. La crisis de representación que atraviesa a la política en general encuentra en lo local un espacio de reconstrucción de legitimidad. En un contexto donde lo nacional aparece muchas veces distante o abstracto, la gestión de proximidad adquiere un valor renovado. Y los intendentes, en ese sentido, cuentan con una ventaja comparativa. Conocen el territorio, gestionan lo concreto, y encarnan una relación directa con la vida cotidiana de sus comunidades. La pregunta es, entonces, si esa legitimidad de proximidad puede escalar. Si los intendentes bonaerenses logran romper esa inercia histórica, no solo estarán protagonizando una novedad electoral. Estarán, en algún punto, reconfigurando la forma en que se construye el poder en la provincia. Pasar de una lógica descendente a una ascendente implicaría, en términos políticos, un cambio de época. Algo parece cambiar. Los intendentes se juntan para reclamar antes el gobierno nacional y también para dialogar entre ellos. Incluso, algunos que asoman como posibles competidores, se reúnen e intercambian opiniones. Por ahora, la historia juega en contra. Pero, como toda regularidad política, no es inmutable. Y, tal vez, empiece a gestarse la posibilidad de que la provincia de Buenos Aires, imponga agenda propia y una dirigencia que la encarne. ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? Ingresar Diario El Día de La Plata, fundado el 2 de Marzo de 1884. © 2026 El Día SA - Todos los derechos reservados. Bienvenido Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com Bienvenido DATOS PERSONALES Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com ¿Querés recibir notificaciones de alertas?

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