Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • John Maynard Keynes en las pampas

    » Clarin

    Fecha: 04/05/2026 19:21

    El jefe de Estado publicó la nota John Maynard Keynes: el sicario de la política (Clarín, 03/05/26). Aunque quien no es economista no esté en condiciones de corroborar técnicamente las ideas de Keynes, no hace falta serlo para exponer las falacias de un mistificador. Lo publicado trasciende la disputa entre keynesianos y antikeynesianos: tiene que ver con lo que pasa en Argentina. Sumadas a la economía, existen la política, la historia, la gramática y la pasión por lo cierto. Que La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero sea la obra más citada de Keynes, no significa que sea la única. Quien amonesta a los que no la leyeron, sabrá que su autor era famoso desde los años veinte, por Las consecuencias económicas de la paz (The Economic Consequences of the Peace, 1919), libro previo al panfleto económico de pésima calidad escrito en favor de políticos ladrones, mesiánicos y corruptos. Zoncera criolla. En la Conferencia de Paz de París proceso posterior a la Primera Guerra Mundial, Keynes fue representante del Tesoro británico y renunció en protesta. Sus puntos fueron que las reparaciones impuestas a Alemania no se podían pagar sin destruir su economía (y la de toda Europa); además, el tratado carecía de cualquier plan de recuperación de los países derrotados. Propuso reparaciones moderadas, la cancelación general de deudas de guerra (entre aliados y con Estados Unidos) y un programa de créditos internacionales para restaurar el comercio y la prosperidad. Advirtió que empobrecer a Alemania llevaría al colapso del poder adquisitivo, a la inestabilidad política y a una nueva catástrofe. Sus ideas contra el Tratado de Versalles tuvieron continuidad en la Gran Depresión de 1929-1930. Según los análisis de algunos historiadores, la Depresión hizo raíces en la paz punitiva de Versalles (Margaret MacMillan, París 1919, Seis Meses que Cambiaron el Mundo, 2001); Keynes la había llamado paz cartaginesa y predijo sus consecuencias. Las reparaciones alemanas sumadas a las deudas de guerra crearon un sistema financiero frágil (préstamos norteamericanos a Alemania para pagar a Francia e Inglaterra, que a su vez pagaban a los EE. UU.). En 1929, el sistema se derrumbó. Keynes volvió a 1919; en múltiples artículos y conferencias de los años 30 recordó que Versalles había sido uno de los mayores errores de la historia. Sus propuestas para la Depresión fueron el rechazo a la austeridad y a la deflación (igual que criticó las reparaciones que forzaban deflación en Alemania), y el apoyo al gasto público contracíclico y estímulo de la demanda (para evitar la depresión del nivel de vida que había augurado en 1919). Añadió el alivio de las deudas (la moratoria de Hoover de 1931), y una crítica al patrón oro (que él veía como un relicto bárbaro desde los años 20). Es posible abominar del gasto público, de los déficits, de la intervención estatal y del multilateralismo; ello no es reprochable, sino discutible y, en todo caso, confutable. Lo verdaderamente condenable es recurrir a una hipérbole y catalogar a Keynes como sicario para contrabandear una narrativa a expensas de otra. Esa operación incurre en el clásico error lógico post hoc ergo propter hoc, que consiste en asumir que, porque algo ocurrió después de un hecho, ese hecho fue su causa. Un ejemplo es: nació un bebé; volvieron las cigüeñas. Sé de políticos honestos y reformistas que han aplicado medidas keynesianas, así como de gobernantes corruptos que materializaron políticas neoliberales. Eso sí, es notable la ausencia de ejemplos claros de gobiernos que hayan aplicado de manera consistente y pura los principios de la Escuela Austríaca de Economía, Austria incluida. El New Deal fue el conjunto de políticas económicas y sociales empleadas por Franklin D. Roosevelt entre 1933 y 1939 frente a la Gran Depresión. Tuvo medidas mixtas, algunas que ayudaron (la estabilización bancaria), y otras que no tanto (destrucción de cosechas, incertidumbre regulatoria); hay estudios que argumentan que las políticas intervencionistas retrasan la recuperación natural. Las medidas se aplicaron más por pragmatismo político que por una teoría acabada, pero ¿acaso no es siempre así? Ninguna de estas observaciones hace que Maquiavelo (sea) todo lo que está mal en política y Keynes su letal herramienta. La frase no falla por ser retórica ni por estar ideológicamente sesgada, sino porque constituye una metáfora mal lograda. A ello se suman repeticiones, frases incompletas y otros descuidos. No es recomendable escribir con improvisación y publicar sin revisión. La fusión entre Keynes y Maquiavelo, si logré descifrarla, sostiene que las ideas económicas de Keynes déficit fiscal, fuerte intervención estatal serían el instrumento que promueve la pasión maquiavélica del poder: controlar a la población a través de la economía. La Teoría General de Keynes, según el parecer de quien la desacredita, es su obra más citada y menos leída. Según mi parecer sobre el artículo, otro tanto sucede con El Príncipe de Maquiavelo. Sobre la firma Newsletter Clarín

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por