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  • Abandono escolar en barrios populares: Hoy la escuela compite con los narcos

    » La Nacion

    Fecha: 04/05/2026 17:15

    Un informe reciente reveló que casi la mitad de los jóvenes de villas y asentamientos del AMBA no termina el secundario; Viviana Postay, especialista en gestión educativa, habló con LA NACION sobre la influencia de las redes de narcotráfico entre los adolescentes - 8 minutos de lectura' ¿Cómo vamos a evitar que los chicos de barrios vulnerables abandonen el colegio si lo primero que hacemos es decirles que se saquen la gorrita y los retamos si faltan mucho?, se pregunta Viviana Postay, especialista en gestión educativa. Y contextualiza: Hay chicos que llegan al aula sin haber siquiera cenado o sin dormir porque estuvieron trabajando. Postay, quien hace más de 30 años ejerce la investigación y la docencia y es referente de la organización Argentinos por la Educación, habló con LA NACION para analizar una problemática preocupante en las villas y asentamientos del AMBA: el 42 % de los jóvenes de entre 19 y 24 años abandonó la escuela. Los datos son de un estudio del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y Fundar, organización orientada al análisis y diseño de políticas públicas. ¿Qué herramientas debería tener la escuela para evitar el abandono escolar? Cuando un chico o una chica abandona el colegio no lo hace de manera súbita, lo hace de a poco. Por eso las escuelas tienen una herramienta, que debería ser perfeccionada con más políticas públicas, que es el sistema de alerta temprana que se activa cuando falta más de dos días. Primero se debe contactar a las familias para conocer cuál es su realidad y después, ofrecer alternativas para que el adolescente sepa que el mundo no se terminó. Se trazan estrategias, como el trabajo con tutores pedagógicos si la escuela tiene presupuesto para tutores. Así no pierde el ritmo de los contenidos y no se siente expulsado. Y eso, en los sectores más vulnerables es fundamental. Tener que trabajar es la principal razón por la que empiezan a faltar y después abandonan, según el informe de CIAS y Fundar. Por eso primero hay que entender su realidad. Si un chico trabaja, seguro es de manera informal y ese dinero es para que sus hermanitos coman, pero también lo puede usar para comprarse unas zapatillas lindas. Ambos objetivos son válidos porque comprarse cosas bellas es propio de la identidad adolescente, sea de clase media, alta o baja. Entonces, si falta, sea por una razón u otra, es válido. ¿Cómo impactan las tareas del hogar o cuidado? Tenés muchas nenas que cuidan a los hermanitos porque las mamás trabajan en casas de familia y el papá está ausente porque también trabaja o directamente no está. Todas son tareas sin horario fijo en el que se puedan organizar y esto origina un abandono que no es súbito. Lo que les pasa en el día supera lo que les ofrece el colegio. En ese contexto tan complejo, ¿hasta qué punto la escuela puede hacer algo para evitar ese ciclo de ausentismo y abandono? Es un problema estructural que un chico tenga que trabajar o cuidar a su familia porque no hay guarderías y son familias monoparentales. Pero para pensar una solución, primero es importante que la escuela esté en el barrio. ¿Por qué? Porque es más fácil para los chicos ir a una escuela que está en su zona. De lo contrario, tienen que tomar un colectivo, lo que les dificulta todo si además tienen que trabajar. Y debería estar en el barrio aunque tenga ocho alumnos por aula. Está ocurriendo que hay un cierre silencioso de escuelas. En algunos barrios en vez de tener dos aulas para segundo año, tenés solo una o se cierra el primer año porque hay pocos alumnos. Todo esto facilita el abandono. Si hablamos de educación pública, no podemos cerrar escuelas por un criterio de ajuste económico. ¿Cómo le puede responder la escuela a ese criterio de ajuste económico? Que si este año tengo cuatro alumnos en un aula, estoy salvando al menos a cuatro chicos del abandono y voy a apostar a que el año que viene sean 10. Si le bajás el precio a estas escuelas, desvalorizas a los chicos. Más cuando la amenaza del narcotráfico está en la calle. En el día a día de un chico o una chica de un barrio popular, ¿cómo se expresa esa competencia entre la escuela y el narco? Cuando hablamos de chicos de 14 o 16 años que trabajan, seguro que están en economías informales y es muy probable que se crucen con el menudeo y el narcotráfico. Ese dinero que obtienen es para subsistir, comprar comida para su familia y sus propias cosas, como zapatillas. Por eso es importante que en las escuelas haya adultos presentes que exclusivamente sigan las trayectorias de vida de los chicos. No hablo del profesor de matemática. Hablo de un tutor, un referente que esté para los chicos, que los escuche. Porque no solo está el problema del narco, hay familias rotas donde hay violencia o padres y madres con adicciones. ¿Existe esa figura de tutor en todas las escuelas? En algunas. Necesitamos recursos para esos cargos. Tiene que ser un adulto de la institución, que el chico sepa que esa persona lo espera, sabe su nombre, conoce su historia, lo escucha. Pero además se necesita que la escuela logre que el adolescente se identifique con el proyecto escolar. ¿Cómo sería eso? Que no solo la clase de matemáticas sea linda, sino que sienta a la escuela como algo propio. Por ejemplo, si entre los docentes y los chicos pintamos un mural, que sea fuera de la escuela, que sea pintar una salita de salud del barrio. Es bueno involucrar a otra gente del barrio y sí o sí a las familias. Cuando trabajás en sectores altamente vulnerables, tenés que ofrecer un tipo de pertenencia comunitaria y hacer red, trabajar con los centros de salud, con la parroquia o la iglesia evangélica, con el club si lo hay. Hay que ofrecerle a los chicos sentido de pertenencia y de identificación positiva. Porque hay que competirle a otras pertenencias, y vuelvo al narcotráfico. Además de dinero, ¿las redes narco les dan algo más? Los pibes no van al narcotráfico solo por la plata fácil. Van porque les ofrecen algo central para un adolescente: escucha, diálogo, sostén emocional, identificación. Van y le cuentan al narco, al tranza, que los dejó la novia, que se pelearon con la madre. Y les ofrecen carrera, prestigio, respeto, una identidad. No solo es una salida laboral fácil. Por eso la escuela tiene que competir en el mismo territorio, porque es el Estado presente a través de la educación, pero la escuela sola no puede. No se le puede pedir al docente que se exponga, que vaya a rescatar al pibe de la droga. ¿Qué se le debe pedir? Que esté presente. Y para eso el docente también tiene que cobrar un plus por estar en una zona desfavorable. Todo eso se da si hay políticas educativas y presupuesto. Solo así los chicos pueden darse cuenta de que abandonar la escuela les quita algo. En uno de los informes se habla sobre el ausentismo docente en las escuelas de sectores populares. ¿Cómo influye esto en los chicos? También hay mucho recambio, no solo ausentismo, y la renovación de cargos se demora muchísimo. Una vez un chico de 13 años me preguntó si iba a volver a la clase siguiente porque todos los docentes se iban. Es tristísimo eso. El pibe se pregunta para qué estudio si me van a cambiar de profesor. Cuando pasa esto, ellos ven que la escuela no importa si a los docentes no les importa estar. De acuerdo a los estudios de Argentinos por la Educación y CIAS, otra de las razones del ausentismo es la falta de interés. ¿Cómo un chico se puede dar cuenta de que la escuela le puede servir? La clave no es solo retener un cuerpo en el aula, sino generar interés e incluir subjetivamente. Tiene que estar claro que los docentes no despreciamos el lugar de donde proviene. No tenemos que levantar el dedo acusador, ese que juzga cómo se viste, la música que escucha. ¿Qué ejemplo me darías? Hay una cintura pedagógica inteligente que resulta fundamental. Si yo entro al aula con los tapones de punta y digo acá nadie puede usar gorrita, eso no sirve. Ojo, esto no significa que porque el pibe solo escucha cumbia, en la escuela solo se va a escuchar cumbia. No. Hay que ir tensionando los consumos culturales. Les ofrezco otro tipo de música, además de la que escuchan. Y si hablamos de matemáticas, no voy a plantear problemas sobre cuántos kilos de yerba pueden comprar con 5 mil pesos, también les voy a hablar de teorías abstractas de física y matemática. Lo deseable es que en algún momento sueñen con algo más que comprarse un kilo de yerba. Quiero que se imaginen matemáticos, físicos, ¿por qué no? Eso es la escuela. Si eso no es la escuela, ¿qué interés o mirada de futuro les vamos a ofrecer para que no la abandonen? Vidas Desiguales Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades de empleo reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables

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