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Fecha: 04/05/2026 15:56
La https://www.feriadellibro.ar/50º Feria Internacional del Libro está abarrotada de gente el 1º de mayo en La Rural. A las 17, Felipe Pigna firma ejemplares de su nuevo libro 76. Crónica de un año que cambió nuestra historia para siempre en el stand de editorial Planeta: los fans se sacan selfies con Pigna, él sonríe y ofrece sus dedicatorias exclusivas. A varios metros, en el stand de Penguin Random House la escritora de novelas románticas Gloria Casañas estampa su firma en los volúmenes de su libro El otoño del huemul y en otros pasillos más autores se encuentran con sus ansiados lectores. ¿Qué sucedió, una hora antes, cuando Pigna presentó 76? En la Sala Hernández del Pabellón Rojo el historiador dialogó con la crítica literaria, periodista y traductora Flavia Pitella acerca de 76, en el que analiza los hechos más importantes del primer año de la dictadura militar: el plan económico empobrecedor, la maquinaria de muerte y la resistencia de la cultura, del movimiento obrero, de los estudiantes y de los organismos de Derechos Humanos. Como dice el texto oficial: Cerca de la idea de comprender más que de justificar, Felipe Pigna mantiene viva, en su nuevo libro, la memoria de quienes, pese a todo, sabían -y saben- que siempre existe un mañana. Pigna arranca el libro con una escena íntima, mínima, doméstica, que leída con atención contiene ya una de las líneas argumentativas más inquietantes del libro -presenta Pitella-. Una mujer mira la televisión con los ojos llenos de lágrimas y aprieta una cruz. Un hombre a pocos metros murmura por fin se murió ese viejo de mierda. Un muchacho con overol repite no puede ser hasta que se le quiebra la voz. Afuera, la llovizna es persistente, incómoda, casi física. Es el 1º de julio de 1974, cuando Juan Domingo Perón acaba de morir. Y allí yace una de las tesis más importantes sobre el golpe cívico-militar del 76. Esos gestos frente a la muerte de Perón dan cuenta de lo fraccionada y partida que estaba la Argentina para julio de 1974 -sigue Pitella-. El libro comienza en el terreno baldío de un proyecto que se desmorona e instala una advertencia que atraviesa todo el libro: comprender lo que ocurrió a partir del golpe exige mirar antes, hacia ese período por demás conflictivo que va de 1973 a 1975, cuando, como bien señala Felipe Pigna, se consolidaron las prácticas, discursos y dispositivos que la dictadura no hizo más que profundizar. Y es Felipe Pigna el que toma la palabra para agradecer al público presente -mil personas en la Sala Hernández- y decir: A cincuenta años del golpe, yo no podía decir nada. Fue un compromiso generacional. 76 es un libro distinto porque habla de cosas muy sentidas: hubo un apoyo importante de sectores civiles y por eso decimos golpe cívico-militar. Es un golpe que se preparó con mucho tiempo y ya en julio del 75 habían comenzado las reuniones de estos sectores civiles, vinculados a lo que hoy llamaríamos el círculo rojo, con Videla, Agosti, Massera y Galtieri. Y hubo un trabajo muy fuerte sobre la sociedad civil, muy golpeada por la violencia y por la situación económica. La gente terminó aceptando el cambio de régimen. Por supuesto que el pueblo luego se va a ir desanimando y se va a ir enterando de todo lo que ocurría, pero por eso me parecía tan importante hablar de lo que pasó antes y cómo se prepa También hubo una campaña mediática impresionante y muchas empresas pusieron mucho dinero. Por eso me parece interesante hablar de responsabilidad empresarial, más que de complicidad -distingue Pigna-. En varias empresas funcionaron centros clandestinos de detención: en vez de ser cómplices, varias empresas tuvieron un rol activo en la represión. En sintonía, Pigna habla del plan económico de Martínez de Hoz. Debo decir que nunca me resultó tan fácil explicar ese plan como en este momento, apunta Pigna y la gente aplaude la ironía. El plan económico consistía básicamente en la contención de los salarios. Era el único elemento de la economía que no tenía aumentos: estaban pisados por un Estado que se decía liberal mientras se liberaban los precios. Eso provocó una caída real del salario que fue récord: el 40 por ciento de caída en apenas seis meses fue brutal. Cayó el poder adquisitivo y la libre importación de productos fue destrozando a la industria nacional A la par funcionó la renta financiera por encima de la renta productiva -marca Pigna-. Hubo una anestesia de sectores medios, que con la idea de ir a comprar a Miami o de traerse un televisor de Uruguay estuvo como anestesiada. Por eso se llamó la plata dulce: el dólar pisado arruinó la renta, la capacidad de ahorro y de trabajo, y si a eso le agregás una reforma financiera que le daba a cierta gente la posibilidad de ganar un 10 por ciento mensual en dólares, se generó una rentabilidad mensual que en el mundo se tardaría cinco años en lograr. ¿Quién iba a invertir en un emprendimiento productivo? Era absurdo. ¿Cuál era el contexto internacional? Hoy el mundo cambió y las empresas más fuertes son las tecnológicas y las de logística -contrasta Pigna-. Pero, evidentemente, entonces hubo un poder mundial muy potente que apoyó el golpe. El presidente estadounidense Gerald Ford, y después su secretario de Estado Henry Kissinger, quienes habían frenado un préstamo del FMI a Isabel, se lo dieron a Videla y Martínez de Hoz tres días después del golpe. Vinieron Milton Friedman, y los principales teóricos del monetarismo, a felicitarlos por ese modelo tremendo que fue tan dañino para el país. Y también multiplicaron la deuda externa. ¿Cómo es posible que se armara el sistema represivo sin que nadie supiera nada?, pregunta Flavia Pitella y Felipe Pigna responde ante el público alerta: Es imposible que nadie supiera nada, porque si no el aparato de terror no hubiera funcionado. Yo no digo que la gente supiera los detalles, pero evidentemente sabía que se llevaban a la gente y aparecían cadáveres constantemente. Los llamados centros clandestinos estaban en lugares a la vista. Por eso el historiador dice: Me parecía fundamental contar de dónde salió esta crueldad, esta barbarie, que tuvo que ver con dos escuelas muy importantes de la represión, que fueron la escuela represiva francesa y la Doctrina de Seguridad Nacional. Los oficiales franceses venían de reprimir en Indochina y en Argelia, con una idea muy clara de la guerra contrarrevolucionaria y con métodos muy precisos: el secuestro, la tortura, la desaparición y la muerte. Esa gente no actuaba en sótanos en Buenos Aires, sino que daba clases abiertas en la Escuela Superior de Guerra, y por ahí pasaron la mayoría dole los oficiales que luego ocuparon cargos en la dictadura. Y a la Doctrina de Seguridad Nacional la impuso Estados Unidos diciendo que el enemigo estaba adentro y que era el que pensaba diferente: a todos se los acusaba de comunistas y eso permitía la represión. Felipe Pigna: la censura Felipe Pigna también habla de la censura política, cultural y cinematográfica con Miguel Paulino Tato, un perverso; describe la resistencia a la opresión y establece: Yo espero que el libro 76 sirva como una advertencia a esto tremendo que nos pasó. No lo comparo con lo que está pasando hoy, pero sí hay elementos de ese pasado que se hacen presentes: el autoritarismo, la descalificación y la deshumanización. Creo que es muy peligrosa la pérdida de libertades. El no poder opinar diferente ante el insulto y la descalificación son formas de autoritarismo que están presentes y que uno ya pensaba desterradas. Pigna lo ve con claridad: Yo no creo que haya un negacionismo de la dictadura. Hay una reivindicación. Y Pitella pregunta. Tras haber escrito 76, ¿qué cosas no cicatrizaron de esa herida abierta?. Para Pigna no cicatriza porque no termina de haber justicia. Primero hay terminar de hacer justicia con todos los represores y sus cómplices, y, segundo, no cicatriza porque estamos viviendo el mismo modelo que vivimos en el 76. Ese modelo tan dañino y tan terrible, de alguna manera, vuelve recargado. Y tampoco no cicatriza porque todavía hay gente que se resiste a admitir lo que pasó. Entonces, ese es un pasado que sigue volviendo.
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