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  • Rodolfo Tahilade: La esposa de Adorni es maltratadora, la gente me llama y me cuenta cosas

    » Perfil

    Fecha: 04/05/2026 15:20

    En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el diputado nacional Rodolfo Tahilade rechazó las acusaciones del Gobierno por presunto espionaje y defendió la información que difundió sobre la esposa de Manuel Adorni. No conozco ningún itinerario, aclaró, y aseguró que sus dichos surgen de numerosas fuentes que observan a la pareja en espacios públicos. En ese marco, afirmó que se trata de personas que llaman y me cuentan cosas y fue más allá al calificarla como maltratadora y altanera. Rodolfo Tailhade es abogado constitucionalista y político que actualmente se desempeña como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires bajo la coalición Unión por la Patria. Ejerce su banca desde el año 2015, con reelecciones en 2019 y 2023, integrando comisiones clave como Justicia, Legislación Penal y la Bicameral de Fiscalización de Inteligencia. Fue director de contrainteligencia de la Agencia Federal de Inteligencia entre 2014 y 2015. También se desempeñó como titular en la Inspección General de Justicia de la Nación entre 2013 y 2014. Además, representó a la Cámara de Diputados en el Consejo de la Magistratura entre los años 2016 y 2018. El gobierno de Javier Milei amenazó con realizar una denuncia por espionaje por la información que usted reveló sobre las mujeres de Adorni. Me gustaría su propia evaluación de los hechos. Me parece que el espionaje ilegal es un fetiche al que recurre el gobierno permanentemente cuando hay una crisis política, cuando tiene un lío de magnitud como el que está atravesando ahora, tanto en términos políticos como económicos. Acuérdese: el año pasado, espionaje ilegal por el caso Andis; hace 20 días, espionaje ilegal por la inteligencia rusa que optó medios de comunicación; hace una semana, el espionaje ilegal de la periodista Luciana Geuna, que determinó que cerraran la sala de periodistas. Es decir, es una excusa a la que recurren permanentemente como para intentar desviar el centro de atención. Acá no hay espionaje ilegal. Acá hay, en este caso puntual, de la esposa de Manuel Adorni, que usa fondos públicos para moverse sin estar autorizada. Hay numerosas fuentes que la ven en lugares públicos. Los tres lugares que yo mencioné, para también relativizar esto de que yo dije que conozco el itinerario completo, cosa que es una gran mentira, no conozco ningún itinerario de la esposa. Solamente sé que la custodia la lleva y la trae a la escuela de sus hijos, para llevar a sus hijos, al supermercado, al bar, al famoso bar La Fernetería. Todos sitios públicos desde los cuales la gente ve claramente que hay una señora que se baja en un auto oficial con dos guardaespaldas, que la cuidan, que llaman la atención. Y además, si a eso le agrega que es una pareja que maltrata a la gente, altanera, arrogante, se dan las condiciones justas como para que me llame mucha gente y me diga: Hacen esto, va a este lado, usan los recursos públicos para tal cosa. Si me llaman a declarar, cosa que lo dudo, porque me parece que esto va a ser otro gran papelón del gobierno, diré estas cosas, que es de la manera que me he enterado y que, por otra parte, han sido ratificadas por el propio jefe de Gabinete. Porque usted puede ver tranquilamente que en ningún caso me han acusado de mentiroso, sino que me han acusado de espía, con lo cual están ratificando que los hechos son reales. Me gustaría que usted nos ayudara a comprender esa acusación de ser espía. ¿Cómo se catalogaría desde un punto de vista jurídico? ¿Tendría que dedicarse al espionaje pagado por alguien del exterior? ¿Qué quiere decir ser espía si no se lo define oficialmente? ¿Para quiénes trabajan? ¿Ese es su trabajo, autorizado por el Estado? Cometer espionaje ilegal es un delito que está previsto en la ley de inteligencia. Es decir, básicamente se llama inteligencia ilegal. Ahora, ¿pero podría explicarla, Rodolfo, para poder entender? ¿Sería utilizar recursos del Estado para espiar a personas que no corresponde ser espiadas? No, porque en este caso a mí me acusan de ser espía, pero no de utilizar estructuras estatales, sino que supongo que ellos piensan que yo tengo la capacidad operativa suficiente como para poner en marcha un equipo que siga a la señora esposa de Adorni, que la siga a todos lados, que me haga informes diarios, semanales, de cuáles son sus actividades. Sería tener una empresa de seguridad con un montón de personas siguiendo gente con un objetivo de obtener información. Por un lado, desde esa perspectiva está claro que yo no tengo absolutamente ninguna capacidad. Ni siquiera tengo ganas. Pero, si tuviera algunas ganas, es imposible: es extremadamente caro bancar este tipo de operaciones. Y la segunda reflexión, que esta me parece que es la más importante: ¿Cómo puede ser que el gobierno acuse de espionaje ilegal a periodistas, a medios de comunicación y ahora a un diputado, dando a entender que tenemos estructura y capacidad operativa suficiente para eso, y la Secretaría de Inteligencia del Estado no tiene absolutamente ninguna noticia sobre esto? Básicamente, la función central de la SIDE es establecer si en el territorio argentino operan espías, propios o extranjeros. Entonces, si un diputado de la Nación, como es mi caso, tuviera una estructura de inteligencia, el primer organismo que lo sabe es la SIDE. Yo entiendo que si son espías pagados por un gobierno extranjero, ahí sí se configura una situación no solamente delictiva, sino peligrosa para el Estado. Ahora, ¿cuál es la definición de un espía autofinanciado? Trato de entender qué es ser un espía no extranjero. ¿Al servicio de quién? Porque sería finalmente un servicio de información. Trato de imaginarme: grandes empresas tienen sus equipos de seguridad que están recolectando información de posibles situaciones de conflicto. ¿Eso es ser espía? Para el gobierno, evidentemente sí. Para mí sería, no soy periodista, pero sería un trabajo de investigación periodística. Yo tengo un canal de YouTube, desde hace cuatro años, en donde hay más de cien videos que reflejan investigaciones realistas, con perspectiva política, pero hechas con herramientas del periodismo. Este domingo salieron notas en Perfil y en Clarín respecto de actividades de Adorni, que claramente también, desde esta posición que asume el gobierno, serían espionaje. Clarín habla de que, por ejemplo, Adorni y su esposa usaron el servicio de peluquería del Llao Llao cuando estuvieron cuatro o cinco días de vacaciones VIP en el 24. Y ese trabajo de periodismo, para el gobierno, sería espionaje. Porque la verdad es que ir a la peluquería en el hotel no es una cuestión pública. Alguien le tiene que haber contado al periodista. Bueno, es muy fácil: el periodista trabaja, llama al dueño del Llao Llao, llama a los empleados, llama a la cocina. Más o menos lo mismo que hice yo para establecer lo que hasta ahora solamente puse sobre la mesa de Adorni. Tengo mucho más para decir sobre el sendero delictivo y recaudatorio que está siguiendo el jefe de Gabinete. ¿Puede ser que en su caso en particular, habiendo sido usted director de contrainteligencia de la AFI en el gobierno de Cristina Kirchner, usted haya realizado un curso de inteligencia, creo que en lo que era en aquel momento la SIDE y la AFI, y que lo que usted realice siempre esté marcado por la calificación de espía? Exacto, sí. Parte del ataque o de las respuestas, las revanchas contra mi intervención, se apoyan en que efectivamente fui funcionario de la Agencia Federal de Inteligencia en el último año de gobierno de Cristina, a cargo de la contrainteligencia, que era el ámbito que históricamente manejó Jaime Stiusso. Así que claramente ese antecedente pesa. Lo de la Escuela Nacional de Inteligencia que usted menciona es una exigencia, un requisito obligatorio para ingresar a la AFI, ahora SIDE. Luego de la muerte de Alberto Nisman, a mí Oscar Parrilli, que en ese momento era el titular de la AFI, me llama, me convoca y me dice: Necesito que me des una mano. Te voy a mandar a la base de contrainteligencia. Y ahí estuve unos meses dando una mano. Para hacer eso, necesariamente hay que hacer un curso mínimo elemental en la Escuela Nacional de Inteligencia. La otra razón por la cual soy un enemigo que buscan siempre es porque tengo cara, voz del malo de la película o del malo que ellos necesitan. Siempre, acá en el Congreso, en la Cámara de Diputados, estoy totalmente acostumbrado a que me pidan la expulsión, a que me vinculen con otras cuestiones. Por ejemplo, lo hizo una diputada pretendiendo involucrarme en el caso del fentanilo. Así que tengo todas las fichas para ser señalado como el malo de la película. Pero claramente ese antecedente de la AFI, del cual estoy orgulloso, fue una colaboración con mi gobierno y además pude conocer cómo funcionan estas estructuras en Argentina. Para los legos en el tema de inteligencia, ¿usted fue el que sustituyó a Stiuso? No exactamente, porque Stiuso, cuando dejó de ser jefe de contrainteligencia, pasó a ser el jefe operativo. Él durante 20 años fue el responsable principal de contrainteligencia, pero cuando yo asumí, Cristina ya lo había echado. Desde la presidencia de Rodríguez Sáa en 2001, él fue director general operativo, es decir, el jefe máximo operacional. Así que formalmente no fui a reemplazarlo a él, sino a su gente. Cuando usted ve hoy lo que es la SIDE, los cambios tecnológicos que hubo, deme su evaluación. La SIDE que yo conocí era una estructura que llevaba 20 años inmóvil. Se había delegado el manejo en Stiuso, que se dedicó a hacer negocios personales, mientras el personal estaba mal pago, sin funciones. Cuando yo llegué, muchos agentes tenían dos trabajos: uno ponía aires acondicionados, otro era preceptor. No había computadoras nuevas. Era un desastre. La SIDE de hoy tampoco hace nada. No tiene idea de lo que pasa en el territorio. El año pasado, por ejemplo, el vicepresidente de Irán estuvo en el país y nadie se enteró. Hoy la SIDE está vaciada, se dedica a la recaudación. Santiago Caputo la usa como caja y para operar contra enemigos. El jefe de la SIDE no tiene influencia. Hay dispersión total de objetivos. El gobierno hizo mucho ruido con la ciberseguridad, creó áreas, pero después las desmanteló. Hoy ese sector depende de Jefatura de Gabinete y tiene dos personas, sin computadoras, sin recursos. Hay un doble discurso. Hay recursos humanos valiosos, pero desperdiciados, sin objetivos ni remuneración acorde. Las conducciones políticas, sobre todo las de Macri y Milei, no buscan poner el organismo al servicio del Estado, sino usarlo para negocios. Hoy es una estructura con capacidades muy por debajo de lo que se cree. RM CP

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