04/05/2026 16:12
04/05/2026 16:11
04/05/2026 16:11
04/05/2026 16:11
04/05/2026 16:11
04/05/2026 16:10
04/05/2026 16:10
04/05/2026 16:10
04/05/2026 16:10
04/05/2026 16:10
» La Nacion
Fecha: 04/05/2026 14:46
Discordia en Venecia: sin directora ni jurado, se prepara para abrir una Bienal sumergida en un mar de interrogantes La cita más importante del mundo del arte comenzará el próximo fin de semana en medio de tensiones políticas por la participación de Rusia e Israel; Matías Duville anota un nuevo capítulo para la Argentina con Monitor Yin Yang - 7 minutos de lectura' VENECIA.- Un año distinto, una edición impar. El sábado 9 de mayo se inaugura oficialmente la 61° Bienal de Venecia, la madre de todas las bienales; la más antigua del mundo, sumergida ahora en un mar de confusiones e interrogantes. Sin directora, sin jurado y con un presidente que se corta solo: Pietrangelo Buttafuoco, siciliano, elegido por Giorgia Meloni, tomó la decisión definitiva de incluir a Rusia y a Israel en la mostra y en la premiación. Ese dijo Buttafuoco - ha sido el espíritu universal y democrático con que fue creada la Bienal por Umberto de Saboya en 1896, apartarnos de ese concepto es ir contra la carta magna. Nada más lejano al lema de la directora africana Koyo Kouoh In minor tonors, que murió repentinamente a los 58 años un año atrás, poco después de ser elegida. Su voz era un llamado a la calma de tono poético; un bajemos el tono mientras la balacera sigue. Acá las papas queman. No hay vuelta de hoja. Ante la determinación de Buttafuoco renunció el jurado, integrado en su totalidad por mujeres y, al mismo tiempo, se abrió un capítulo inédito; votará el público y la premiación será el 22 de noviembre cuando la bienal cierre. No está claro aún el sistema de votación aunque va de suyo que quien quiera hacerlo deberá presentar el ticket de ingreso a los dos espacios consagratorios: los Giardini y los Arsenales. La medida ha sometido al mundo del arte a un intríngulis sin salida: ¿arte o política? Venecia en estos días es una ciudad tomada por el arte. Viven 50.000 personas, la visitan millones que pagan 10 euros de entrada como si fuera un parque de diversiones, toman el vaporetto con un ticket de 9,50 euros por viaje y se entregan con desenfreno a la selfie. Pero en estos días tiene un tono especial: más de 500 curadores, críticos, advisors, periodistas especializados, directores de museos y coleccionistas avivan la llama del arte contemporáneo. La crema de los galeristas y rematadores también están en conciliábulo, porque la ausencia de premios determina que no hay elegidos. Una inauguración sin leones baja el tono, implica que nadie tiene la cucarda del favorito, que no hay pabellones de visita obligada porque ganaron el León de Oro, y, obviamente, sin leones tampoco hay una valorización extra en la cotización de los artistas elegidos. Efectos colaterales. Se suma a este panorama la votación pública que democratiza la elección, abre el juego a otros intereses y desplaza del centro de la escena a los poderosos influyentes. Un cambio radical a la política seguida por Paolo Baratta, por años presidente de la Biennale y el hombre que gestionó el comodato del pabellón argentino en los Arsenales por dos décadas y entregó las llaves a Cristina Kirchner. Baratta sumó nuevos jugadores y encontró la fórmula del éxito con directores inspirados como Cecilia Alemani y Massimiliano Gioni. Esta mezcla de pasado, presente y futuro en un mundo de estados alterados, da vueltas en una bienal distinta también para la Argentina, porque Cancillería organizó el concurso ganado por Matías Duville y pagó los gastos indispensables. No hay invitados especiales, ni fondos destinados a financiar el envío y la producción, en este caso apoyados por mecenas, sponsors y coleccionistas privados, más, por cierto, la galería Barro que representa al artista. Ayer, en un encuentro informal, Duville confirmó que esta es la obra más importante de su vida, en la que convergen múltiples intereses; Monitor Yin Yang nace de pensar el dibujo como un territorio sobre el que se pueda caminar, construir el paisaje y reemplazar el papel por sal y carbón, un mineral y un vegetal. El proyecto dialoga con el tema de Koyo Kouoh en la búsqueda de gestos mínimos, en la intensidad y persistencia que define el trabajo del marplatense, músico, surfista, becario Kuitca, que se instaló en Venecia durante un mes para incorporar datos en tiempo real. El domingo, temprano por la mañana, en un día de sol espléndido, curadores y artistas estaban reunidos en la puerta de los Arsenales con opiniones y posturas divididas. Por lo pronto, la pregunta del millón es si no corresponde que la misma sanción que amenaza a Rusia y a Israel como responsables de crímenes de lesa humanidad no debería alcanzar a los Estados Unidos de Donald Trump, que desató hace más de sesenta días la guerra en Irán. Una guerra con final incierto que se ha cobrado vidas a un costo millonario. El 9 de mayo abre al público la Biennale sin la presencia del ministro de Cultura de Italia, en un tono menor. Mañana comienzan las visitas para acreditados a los 100 envíos nacionales. La mayoría en los Giardini del Castello y en los Arsenales, muchos dispersos en la ciudad toda. Este laberinto exquisito, genial, que tan bien describió nuestro Hugo Pratt (El Corto Maltés) en Corto Sconto, la mejor guía de Venecia que se haya escrito. La ciudad de los canales ofrece un menú de 30 exposiciones paralelas de altísimo nivel. Hasta una isla. La Fundación Patrizia Sandretto Re Rebaudengo inaugura su tercer espacio expositivo en la Isla San Giacomo in Paludo con una muestra curada por Hans Ulrich Obrist en la que participa Adrián Villar Rojas, el rosarino que dio la campana de largada a la visibilidad el arte argentino en Venecia, con solo un Currriculum Cero de Benzacar como antecedente. Una historia argentina Venecia consagró al Berni grabador, al Le Parc cinético y le entregó el León de Oro a León Ferrari por su obra sin filtro, seleccionada por Victoria Noorthoorn para la bienal de Robert Storr. Fue en la Bienal de Daniel Birnbaum, su profesor en Franckfurt, que Tomás Saraceno pasó al estrellato con la sala grande del Padiglione cubierta de tensores; de ahí en más, el argentino nacido en Tucumán paseó por el mundo sus mundos aéreos y el tejido de las arañas laboriosas. Este año, Leandro Erlich presenta en el Espacio Olivetti de la Piazza San Marco una muestra de objetos; María Casado ha traído la obra de Carolina Antich para un studio model, que puede visitarse en la Giudecca y, como siempre, no perderse Punta della Dogana con la colección Pinault y la obra de Lorna Simpson, diez años de práctica pictórica de la norteamericana que asombra con montaje notable. Más un café en la barra del bar mirando el Gran Canal desde ese edificio único refuncionalizado por Tadao Ando que fue la Dogana del Mare. . Imperdibles: de Marina Abramovich, Transforming energy en la Academia; Anish Kapoor en el Palazzo Manfrin de Canareggio; Lee Ufan con una muestra individual organizada por Dia Art Foundation en SMAC de Piazza San Marco para celebrar los 90 años del admirado artista surcoreano. Recomendable: l Palazzo Pisani Moretti, modificado en 1730 por Chiara Pisani, que es ahora la Fundación del creador belga Dries Van Noten. Un espacio de magnificencia fuera de serie para recibir artistas, residentes y estudiantes, con la idea de potenciar talentos recuperando el espíritu de aquella Venecia del Duce, que siempre tiene una lección para dar. Darkness visible, the long shadow of dictatorship (Oscuridad visible, la larga sombra de la dictadura) es la muestra que trae a la La Serenísima el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires en su 70 aniversario, a Spazio Punch. Reúne a 19 artistas y colectivos de diversas generaciones con obras que abarcan desde los 70 hasta ahora. Curaduría de Victoria Noorthoorn y Patricio Orellana, apoyo de Amigos el Moderno, patrocinada por adcap.arg.
Ver noticia original