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La Plata » El dia La Plata
Fecha: 04/05/2026 10:51
Escuchar esta nota El escenario político argentino atraviesa una etapa de reconfiguración marcada por movimientos tácticos, señales cruzadas y disputas que ya proyectan la carrera hacia 2027. En ese contexto, el vínculo entre el PRO y el gobierno de Javier Milei deja de ser lineal y comienza a mostrar fisuras, tanto en el plano discursivo como en el territorial. La toma de distancia de Mauricio Macri, que busca evitar una identificación plena con el rumbo libertario, se combina con una avanzada cada vez más explícita de La Libertad Avanza sobre los espacios de poder que históricamente construyó el macrismo. Al mismo tiempo, desde el Gobierno nacional refuerzan un eje discursivo que apunta a consolidar la polarización con el kirchnerismo, al que ubican como principal amenaza política y económica. En esa estrategia, el rol de la provincia de Buenos Aires y la figura de Axel Kicillof adquieren centralidad como contrapunto. Las advertencias del equipo económico, liderado por Luis Caputo, sobre el llamado riesgo K funcionan no solo como diagnóstico, sino también como herramienta política para ordenar apoyos y marcar límites. Así, entre tensiones internas, disputas por liderazgo y una narrativa que busca consolidar antagonismos, el sistema político empieza a delinear un nuevo equilibrio inestable. El PRO intenta redefinir su identidad sin romper puentes, La Libertad Avanza avanza en la construcción de poder propio y el kirchnerismo se mantiene como referencia obligada en la lógica de confrontación. En ese triángulo, cada movimiento parece pensado no solo en el presente, sino en el posicionamiento estratégico hacia el próximo turno presidencial. El expresidente Mauricio Macri comenzó a marcar diferencias con el rumbo del Gobierno libertario, en un gesto que en el PRO interpretan como parte de una estrategia de reposicionamiento. Aunque en su entorno descartan, por ahora, una candidatura presidencial para 2027, sus movimientos no pasan desapercibidos. Macri busca preservar identidad propia en un contexto en el que el PRO aparece tensionado entre el acompañamiento al oficialismo y la necesidad de no diluirse políticamente. Sus críticas, medidas y silencios selectivos reflejan un intento de recuperar centralidad sin romper del todo con el Gobierno. En ese equilibrio, el exmandatario también parece enviar señales hacia adentro de su espacio: evitar una subordinación total a La Libertad Avanza y sostener un liderazgo que aún conserva peso, especialmente en distritos clave como la Ciudad de Buenos Aires. La relación entre La Libertad Avanza y el PRO atraviesa un momento de fricción creciente. Desde el oficialismo avanzan con una estrategia que apunta a disputar poder territorial, especialmente en la Ciudad, histórico bastión del macrismo. La presión se traduce en pedidos de ajuste, cuestionamientos a la gestión y una narrativa que busca diferenciarse incluso de sus aliados naturales. En ese esquema, el PRO aparece como un socio incómodo: necesario en el Congreso, pero al mismo tiempo un competidor a erosionar. El trasfondo es claro: La Libertad Avanza busca consolidar una estructura propia de cara a los próximos turnos electorales. Para eso, necesita debilitar el entramado territorial del PRO y captar parte de su electorado, especialmente el más alineado con posturas económicas ortodoxas. Este avance genera malestar en el macrismo, donde crecen las dudas sobre hasta qué punto conviene sostener un acompañamiento sin condiciones. En paralelo, el Gobierno refuerza su discurso contra el kirchnerismo y, en particular, contra la figura del gobernador bonaerense Axel Kicillof. Desde el equipo económico, encabezado por Luis Caputo, advierten sobre lo que denominan el riesgo K. La mirada oficial sostiene que un eventual regreso del kirchnerismo al poder implicaría un retroceso en el rumbo económico, con impacto directo en variables como la inversión, la inflación y la estabilidad financiera. En ese contexto, Kicillof es señalado como uno de los principales exponentes de ese espacio y, por lo tanto, como una figura a confrontar políticamente. La estrategia no solo apunta a diferenciar modelos, sino también a ordenar la propia coalición oficialista bajo un eje claro: evitar cualquier escenario de retorno del kirchnerismo. De esta forma, el mapa político, así, se redefine en múltiples planos: un PRO que busca identidad, un oficialismo que avanza sobre sus aliados y un kirchnerismo que sigue siendo el principal adversario discursivo. En ese cruce de intereses, el 2027 empieza a delinearse mucho antes de lo previsto. 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