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  • Una canción para mi tierra muestra cómo hacer frente al modelo agroindustrial con música

    » Tiempo Argentino

    Fecha: 04/05/2026 10:31

    En tiempos de búsqueda de respuestas inmediatas y salidas fáciles, Mauricio Albornoz Iniesta y su grupo de la Compañía Productora Cactus iniciaron una película casi siguiendo los tiempos de la naturaleza. En 2013 se pusieron a buscar temas relacionados con la ecología y se encontraron con periodistas que estaban investigando las consecuencias de la fumigación con agroquímicos cerca de las poblaciones: habían sacado fotos a chicos con malformaciones, a madres, con un impacto periodístico muy fuerte, cuenta Albornoz Iniesta, director de Una canción para mi tierra, documental que se estrenó en Buenos Aires y otras ciudades del país tras recorrer 30 países y cosechar numerosos premios. Los casos de cáncer y malformaciones en esas comunidades se quintuplicaban en relación a las grandes ciudades, ejemplifica la gravedad del asunto. Recorrieron pueblos de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Estuvimos como seis años investigando, yendo a estos pueblos, pero lo que nos pasaba era que las historias eran tan terribles, las consecuencias eran tan terribles, los personajes tan sufridos, que no terminábamos de encontrar una historia en la que pudiéramos, de alguna manera, mostrar un haz de luz al final del túnel. Hasta que un día los contactan con Ramiro, un maestro de música de escuelas rurales que había hecho una canción con sus alumnos sobre esta problemática y la había grabado invitando a cantar con los chicos a un montón de figuras de la música argentina. Se puede decir que fue amor a primera vista, tanto del personaje como de los personajes que son los protagonistas, los alumnos: de esas clases donde surgían estas ideas increíbles, canciones que están buenísimas, tremendas canciones que armaban y que estaban copando a un montón de artistas argentinos y latinoamericanos. Sin embargo, el proyecto no se conocía. Nadie tenía idea de esto, entonces dijimos: bueno, Ramiro, queremos acompañarte durante un tiempo, filmando todo el proceso. Cómo hacen estas canciones y cómo después las quieren cantar frente a la comunidad. Algo que a primera vista parece sencillo, pero no lo es. En esos territorios es muy difícil hablar de estas temáticas, porque toda la economía se mueve en función de este modelo productivo. Durante más de dos años, Albornoz y un equipo reducido fueron una o dos veces por mes a filmar a las escuelas siguiendo el proceso: Desde que nace una canción hasta cómo hacen para que sea cantada frente a la comunidad. Algo que también parece sencillo, pero tampoco lo es. Uno, cuando ve una película, por más documental que sea, se tiene que imaginar un final, resume el problema adicional del proyecto: si los discos ya estaban editados y dando vueltas fuera de la Argentina, cómo hacer para que la historia a contar tuviera un toque de distinción, por decirlo así. La idea, en realidad, viene del aula, pero nosotros siempre teníamos esa idea de que esta película tenía que terminar con los chicos cantando frente a la comunidad. Pero, precisamente, como se ve en el documental, convocar a toda la comunidad para cantar criticando el modo de producción del que vive esa misma comunidad es bastante complicado. Con estas resistencias que hubo en el camino, se fue redoblando la apuesta a partir del maestro y de los chicos, que no tienen la capacidad de ver sus sueños imposibilitados. Y en esa lógica nos metimos: lo que pidan los chicos, vamos por ahí. El por ahí era hacer un gran concierto, un Woodstock ambiental (a campo abierto en el sur de Córdoba), como Ramiro le dice a los chicos, no sin antes mostrarles el Woodstock original, y convocar al público con una tapa a lo Abbey Road. Ya hay varias generaciones de chicos y chicas que grabaron canciones. De hecho, para el estreno en el Cine Gaumont fueron algunos que participaron en la película y hoy rondan los 15 años. Empezamos a filmar en 2022. Hoy en día ya hay tres discos grabados con más de 600 artistas; en ese momento era el inicio del proyecto. Queríamos, desde el documental también, que esas canciones se canten en vivo frente a esa comunidad. Pero no teníamos la idea de armar un mega concierto, sino tal vez simplemente cantarlas en la plaza del pueblo, con algún artista que se acerque. Como un observador etnográfico, la iniciativa del documental fue modificando no solo la dinámica de las escuelas rurales sino también los sueños de sus alumnos. Terminaron cantando con Lito Vitale, León Gieco, Mavi Díaz, los ex Los Abuelos de la Nada y un montón de artistas más. La repercusión y la fama no los encandilaron, y los chicos siguieron con su curiosidad: El proyecto es mucho más grande, habla de un montón de otras temáticas ambientales que son propias de los chicos y de algunas ajenas también. Porque en este vaivén de generar canciones, de investigar distintas problemáticas, de repente los chicos vienen con algo que vieron en la tele, y dicen: ¿Y esto qué, profe? Y ahí empiezan a investigar, a hablar y a componer canciones para eso. Incluso la dinámica ecológica se extendió más allá del medio ambiente. Cuando terminamos de filmar, seguimos asistiendo a estas escuelas para dar talleres de cine. Este es el tercer año y ya hicieron dos cortometrajes: una ficción y un documental, que después presentan en los pueblos con un montón de gente. Más allá de las canciones, se van vinculando con otros lenguajes, todo con el fin de que puedan expresar sus realidades de manera artística. La realización la hicieron con las cámaras que la productora, en sus actualizaciones, fue dejando en desuso, encontrando una forma de combatir la obsolescencia programada. Para ellos tiene un impacto positivo en sus realidades: ambientales, porque en muchos casos se logra parar la fumigación, pero también a la hora de sentirse visibilizados e importantes para poder hablar y ser escuchados. Para mí eso es fundamental, sobre todo viniendo de las escuelas rurales, de la ruralidad, que siempre está invisibilizada. Una canción para mi tierra Dirección: Mauricio Albornoz Iniesta. Con Ramiro Lezcano, Silvia Ghio, niños, niñas y docentes de escuelas rurales argentinas. Y la participación especial de: León Gieco, Lito Vitale, Gustavo Chizzo Nápoli, Mavi Díaz, Andrea Echeverri, Héctor Buitrago. En cines.

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