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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 04/05/2026 08:39
Hace algunos días, los medios de comunicación hicieron referencia a un informe del Banco Provincia que estimaba cuánto debería transferir al Tesoro Nacional, en 2026, el Banco Central (BCRA) de dividendos de 2025. Si bien esto técnicamente es justificable, avanzar en esa dirección sería desaconsejable. De hecho, el accionista del BCRA es el Gobierno; por lo que puede hacerlo, como cualquier otra entidad que le transfiere sus ganancias a sus dueños. Además, durante muchas décadas el BCRA le depositó dividendos en las cuentas a los distintos gobiernos, aun cuando sólo tenía pérdidas. El problema es que necesitamos que el BCRA se capitalice para seguir ganando solidez y, justamente, eso se logra más rápidamente si no distribuye dividendos. De hecho, en 2025, se hizo dicha transferencia que terminó financiando el pago de deuda del Gobierno en detrimento de las posibilidades del BCRA de, por ejemplo, acumular reservas. Además, como todo banco central tiene un solo instrumento para operar, la política monetaria; por supuesto, suponiendo un mercado de cambios único y libre. Así que tiene una restricción a la hora de fijarse objetivos. Con una bala se le puede dar solo a un blanco. Si se intenta pegarle a más, lo más probable es que no logre darle a ninguno. PUBLICIDAD Por ejemplo, a principios de año, el BCRA anunció que lo que pudiera emitir por la suba de la demanda de pesos, o sea, sin generar inflación futura, lo usaría para comprar reservas propias. Pues bien, al transferirle ganancias al Gobierno, lo que hace es depositárselas en una cuenta dentro de dicha institución. El problema es que, si el Tesoro usa esos recursos, el BCRA tendrá que emitir para dárselos. Por ende, a olvidarse de aprovechar esa suba de la demanda de pesos de la gente para comprar divisas; porque ya se la habrá usado para financiar al Gobierno. Incluso, esto pasaría si el Tesoro usa esos recursos para comprarle al BCRA divisas; ya que este último las compra emitiendo pesos o endeudándose, lo cual significa una mayor futura oferta de moneda local. Así que, por ahora, sería sumamente desaconsejable que se transfieran dividendos de la autoridad monetaria al Tesoro. PUBLICIDAD Por otro lado, en pos de fijarse prioridades, cabría preguntarse si no sería mejor aprovechar el aumento de la demanda de pesos que se espera para resolver otro problema más urgente. Es decir, las medidas de aumento de encajes y sobre su forma de integración que tomó el BCRA para enfrentar la liquidación de las LEFIs a mediados de 2025 y, luego, para compensar la fuerte baja de la demanda de dinero durante la creciente incertidumbre prelectoral. Esas políticas podían ser justificables en una situación de emergencia y de corrida; pero dejaron de serlo una vez conocidos los resultados de los comicios. Dado que fueron favorables a la consolidación del rumbo económico y permitieron superar la crisis de confianza. El problema es que, al aumentar las exigencias de encajes, queda una menor proporción de depósitos para poder prestar. Así que aumentará las tasas de los créditos; ya que habrá que cobrar sobre un menor monto los intereses que se deben pagar a los que pusieron sus ahorros en los bancos y otros gastos que tienen las entidades financieras. Dicho costo de intermediación aumentó por la volatilidad en las tasas de interés que generó el restringir la posibilidad de los bancos de actuar contracíclicamente a la demanda intramensual de pesos de la gente. PUBLICIDAD Lo malo es que un costo de intermediación financiera alto implica tasas más altas para los tomadores, desincentivándolos a endeudarse Cuando cobran el sueldo, las personas demandan más dinero y, entonces, los bancos tratan de integrar menos encajes, para no tener que pagar tasas más altas. Saben que, luego, eso que se atesoró se irá usando para las compras diarias y volverá a los bancos, permitiéndoles sumar más encajes para cumplir con la exigencia promedio que le pide el BCRA. Si tienen restricciones para hacerlo, se los obliga a competir por esos fondos con tasas altas cuando la gente los demanda y, luego, le sobrarán recursos cuando los pesos vuelvan a los bancos, provocando una baja en las tasas de interés. Dicha volatilidad implica un riesgo en el costo del fondeo que las entidades financieras tendrán que cobrarle al que tome sus créditos. Lo malo es que un costo de intermediación financiera alto implica tasas más altas para los tomadores, desincentivándolos a endeudarse. Por ende, los bancos no necesitan tomar tantos ahorros y bajan las tasas de interés a los depositantes, desalentándolos a colocar sus ahorros en el sistema financiero. Esto es malo, porque hace que haya menos recursos para que se transforme en crédito. De hecho, es lo que estamos viendo; ya que, a pesar de haberse superado satisfactoriamente la incertidumbre electoral, los depósitos están aumentando muy lentamente. Hoy las tasas que se pagan son negativas, si se las compara con la inflación esperada. PUBLICIDAD Lamentablemente, dichas medidas han provocado tasas tan altas que aumentaron la mora de los bancos y gestaron una menor disponibilidad de crédito para el sector privado. Esto complota contra la velocidad de recuperación de la economía, que todos estamos deseando sea rápida. Cabe reconocer que el BCRA ha ido bajando los encajes y los mínimos diarios de integración diaria. Solo sugiero que sea una prioridad aprovechar el aumento de la demanda de pesos para volver, cuanto antes, a la situación previa a las medidas de emergencia del segundo semestre de 2025. Seguramente, eso implicará que inicialmente le quede al BCRA poco margen de emisión para comprar divisas propias. Sin embargo, cuanto mayor sea el ritmo de reactivación y de mejora del bienestar de la gente, más se recuperará su demanda de moneda local para atesorar. Entonces, podrá comprar más reservas para sí que si se mantienen los comentados factores desaceleradores de la recuperación del crédito interno y de la economía. El autor es economista y director de la Fundación Libertad y Progreso PUBLICIDAD PUBLICIDAD PUBLICIDAD
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